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martes, 21 de julio de 2009

EL PAPA RECIBE EN AUDIENCIA PRIVADA A LA FAMILIA REAL


El pasado día 9 de Julio del 2009, Su Santidad el Papa Benedicto XVI recibió en Audiencia Privada a la Familia Real encabezada por S.M. Don Carlos Hugo de Borbón-Parma y por S.A.R. el Príncipe de Asturias, Gerona y Viana, don Carlos Javier de Borbón-Parma.

La Audiencia duró más de una hora y se desarrolló entre manifestaciones de afabilidad y cariño recíproco.


miércoles, 15 de julio de 2009

EL CENTENARIO DE S.M.C. CARLOS VII

Ya diluida por completo la artificial conmemoración del inicio de la Guerra de la Independencia que fue fomentada el año pasado con tanto “P´atiótico” entusiasmo por las instituciones políticas del Estado como acogida con pasividad e indiferencia por el pueblo español y bien entrados en el año 2009 hay dos hechos de relevante importancia que se conmemoran precisamente en este mes de Julio cuales son el Centenario de la Semana Trágica de Barcelona y el Centenario del fallecimiento de S.M.C. Carlos VII de España y XI de Francia., siendo a éste último al que primero dedicaremos unas líneas.


Don Carlos María de Borbón y Austria-Este, nació en el exilio al que fue condenado por la dinastía que usurpó el trono de las Españas en 1833, concretamente en la localidad, entonces austriaca de Laibach (hoy Lubliana, Eslovenia) el 30 de Marzo de 1848. Nieto de don Carlos V, Rey de las Españas, e hijo de Don Juan III y doña Beatriz de Austria-Este, sufrió desde muy joven la separación de sus padres viviendo en compañía de su madre en Módena y siendo educado por su abuela paterna la Princesa de Beira quién inculcó en el entonces joven príncipe el amor al pueblo español y a sus obligaciones como futuro rey.


Con solo veinte años, el 3 de Octubre de 1868, Don Carlos se convirtió en Rey de derecho de los españoles tras la abdicación de su padre aunque para muchos carlistas ya era considerado Rey desde que, en 1864, la Princesa de Beira le proclamase como tal en su “Carta a los Españoles”.


Tras la crisis del régimen Isabelino en 1868, tuvo multitud de proposiciones de los gobiernos provisionales de España para proclamarlo y aceptarlo como Rey a cambio de que se entregará incondicionalmente a ser un instrumento de los intereses de clase que representaban los liberales, proposiciones éstas que siempre declinó por no querer renunciar jamás a unos principios que de haber imperado en las Españas habrían evitado tanta efusión de sangre y tantas tragedias que nos han ido empequeñeciendo con el tiempo.


Durante los años inmediatos a la Revolución de Septiembre de 1868, Carlos VII desplegó una inusitada actividad política fruto de la cual fue la reorganización política del carlismo que en aquel entonces actuaba bajo el nombre de Comunión Católico Monárquica, la obtención de cincuenta diputados en las elecciones legislativas de 1871, los acuerdos políticos con los Republicanos Federales que terminarían pasándose en masa a las filas carlistas ante las maniobras de Prim por imponer en el trono de San Fernando a un príncipe extranjero como era Amadeo de Saboya y llegando a ser reconocido como rey legítimo de las Españas por la propia Isabel, llamada la II, quién le ofreció tanto su apoyo como el de su hijo, Alfonso.


En 1872, ante el deterioro y la inestabilidad de la situación política y social española, Don Carlos VII entra en España dando comienzo la III Guerra Carlista que se prolongaría hasta 1876 y que terminaría con la derrota del Ejército Carlista tras el cierre de la frontera francesa y el golpe de Estado del General Martínez Campos en Sagunto.


Tras el final de la guerra, Don Carlos VII inicia una gira por todo el mundo visitando países como Estados Unidos, Inglaterra, Méjico y Colombia, siendo recibido oficialmente en estos dos últimos como Rey y Jefe de Estado y convirtiéndose, por tanto, en el primer rey de los españoles que visitaba la América hispana. Al término de esta gira se instala en Francia donde reside hasta su expulsión forzada por el gobierno de Madrid en 1881.


En 1887, al morir su tío Enrique V, Conde de Chambord, don Carlos le sucede en los derechos al trono de Francia por lo que a partir de ese año, Carlos VII de España se convierte también en Carlos XI de Francia considerando siempre que primero debía figurar su titulo de Rey de los Españoles por haber sido los derechos que primero había adquirido zanjando de éste modo todo el problema que suscitaba si primero debía considerarse Rey de las Españas o de Francia.


Desde que finalizara la III Guerra Carlista, don Carlos VII siempre mantuvo, a pesar de la lejanía y la persecución, su implicación en la política española y su relación con los carlistas siendo públicamente conocido que siempre recibía en su exilio italiano a cuantos españoles se acercaban a él sin importar su filiación o procedencia política. Don Carlos VII falleció hace justamente cien años, el día 18 de Julio de 1909, sucediéndole tanto en los derechos al trono de las Españas como al de Francia su hijo Jaime III de los españoles y I de Francia.


A lo largo de su vida, Su Majestad Don Carlos VII demostró ser un gran conocedor de la política española e internacional tal y como lo demuestran sus escritos, principalmente su “Diario y Memorias”, su “Testamento Político” y su correspondencia política mantenida con diversos líderes políticos de España y de Ultramar y, es indudable, que de haber reinado de forma efectiva la política interna de España se hubiera orientado hacia una constitución federal o federativa del reino que incluso habría abarcado a las provincias de ultramar todavía españolas (Cuba, Filipinas y Puerto Rico) mientras que la política exterior se habría dirigido principalmente hacia Europa, intentando crear una gran coalición latina junto con Francia y Portugal al tiempo que mostraría una vertiente hispana, intentando fomentar una gran confederación con Ibero América.


Tomado de El Chouan Ibérico



viernes, 27 de marzo de 2009

UN DEMÓCRATA QUE RENOVÓ EL MOVIMIENTO CARLISTA

Mañana, día 7, se cumplen 30 años de la muerte en Chur, Suiza, de mi padre, don Javier de Borbón Parma, que no pudo celebrar el restablecimiento de la democracia en España que con tanta ansiedad esperaba.

Desde muy joven mi padre tuvo una aguda conciencia de su vocación pública, a la que le empujaba su responsabilidad histórica en el marco de nuestra dinastía.

Su vida se desarrolló en tiempos turbulentos en los que dos guerras mundiales y dos derivas políticas dramáticas, el nazismo y el estalinismo, convirtieron a Europa en un espacio de desolación y muerte.

Esa terrible experiencia la vivió don Javier no como un espectador concernido pero distante y protegido por su condición dinástica sino situándose en su mismo centro, asumiendo los riesgos y los desafíos propios de toda lucha e intentando hacer una obra útil de pacificación y concordia.

Su temprana iniciativa para lograr una paz separada entre Austria y los aliados en la Primera Guerra Mundial; su lucha contra el nazismo y su incorporación a la resistencia que acabará llevándole al campo de concentración de Dachau, donde su entereza y su serenidad le ganaron una consideración unánime.

Finalmente, sus intentos bien intencionados pero inútiles para evitar la Guerra Civil española, no siempre bien entendidos por sus partidarios, le dejarán un poso de tristeza y frustración, reforzando su voluntad de actuación política.

Mi padre fue un hombre de profundas convicciones cristianas que presidieron tanto su vida privada como sobre todo su acción pública, que no concebía como un ejercicio para la conquista y conservación del poder de unos pocos sino como práctica, guiada por la justicia social y puesta al servicio de todos, en particular de los más desvalidos.

Esta opción, considerada habitualmente como un componente de la ideología de izquierda, provenía en su caso directamente de su fe religiosa, que él hacía compatible con el ideal de progreso de la modernidad.

Estos supuestos se convirtieron en el eje mayor de la transformación del carlismo, cuando después de haber recibido de manos de su tío Alfonso Carlos el liderazgo dinástico consideró que había llegado el momento de actualizar el pensamiento y los valores del movimiento carlista adecuándolos a las condiciones del mundo contemporáneo, aunque manteniéndole fiel a su inspiración fundamental, que no era de naturaleza individualista sino comunitaria.

Su alineamiento total e incondicional con las fuerzas que lucharon por el establecimiento de una democracia en España aportó a los organismos que les representaban, de los que la Platajunta fue la más clara expresión, la defensa de la diversidad, la exigencia del pluralismo, la integración de las fuerzas populares y de base, la apelación a la sociedad civil y a los movimientos sociales.

Por ello, sin olvidar que la libertad es un acto eminentemente individual, el carlismo renovado la revindica también para los colectivos, tanto en su funcionamiento interno como en su proyección externa.

La constitución de la autogestión en eje mayor de nuestra doctrina responde a ese planteamiento al igual que la reivindicación de una convivencia armónica entre las diferentes ideologías y las distintas comunidades de vocación regional y/o nacional que existen dentro de España.

Finalmente, don Javier, muy próximo a los problemas del campo y de la tierra -además de politólogo fue ingeniero agrónomo-, acertó a transmitirnos su sentido de responsabilidad por el destino de nuestro planeta y la supervivencia de la humanidad.

Como jefe de nuestra familia dinástica, como heredero de mi padre, duque de Madrid y de Parma, y consciente de unos derechos y obligación que me vienen de la historia, quiero agradecer al Diario EL PAÍS la oportunidad que me da en este recuerdo necrológico de reconstruir en estos tiempos de memoria histórica una memoria tan secuestrada y maltratada como la de mi padre, su familia y la corriente de opinión que ha representado y que, dentro de la legalidad vigente, sigue representando.

CARLOS HUGO DE BORBÓN PARMA

Publicado con motivo de el aniversario del fallecimiento de Don Javier de Borbón Parma, en el diario "El Pais" el día 6 de Mayo de 2007 y tomado de la página

viernes, 20 de marzo de 2009

IN MEMORIAM ¡¡VIVA EL REY JAVIER I!!

En el año 2007, se conmemoró el trigésimo aniversario del fallecimiento de quien fuera el REY (así, con mayúsculas) de las Españas, don Javier I de Borbón-Parma quien, por su conducta personal y política, ha sido y es uno de los pocos príncipes que en Europa merecen el adjetivo de GRANDES.


Don Javier vino al mundo en la Toscana italiana el 25 de Mayo de 1889 siendo bautizado cinco días después con el nombre de Javier en honor del Santo Patrón de Navarra y por expreso deseo de su padre don Roberto de Borbón-Parma quién había combatido en la Tercera Guerra Carlista.


España y el carlismo constituyen partes importantes, y posiblemente fundamentales, de la vida política de Don Javier, pero no las únicas porque como príncipe Europeo no dio la espalda a los acontecimientos que amenazaban el continente teniendo una vida repleta de sacrificios y actividades políticas y militares dignas de verse reflejadas en una novela de aventuras. Así, en el año 1900 participó en una conspiración monárquica en Portugal que pretendía restaurar la monarquía apartando a dicho país de la alianza servil suscrita con la Gran Bretaña y que llevaría siete años después al país vecino a entrar en guerra y a sacrificar más de seis mil vidas portuguesas.


Al estallar la primera guerra mundial, en vez de refugiarse en la comodidad y en la seguridad de un palacio y dando el máximo ejemplo de que “Nobleza Obliga” se alista en el ejército belga desoyendo las órdenes del entonces Rey de España y Jefe de la Casa Borbón, don Jaime III, quien ordenaba a los españoles y a los carlistas que mantuvieran la más estricta neutralidad ante el conflicto y asumiendo que al tomar partido por “la pequeña y católica Bélgica” se enfrentaba no sólo al Imperio Alemán, sino también al Católico Imperio Austrohúngaro de cuyo Trono era heredera por matrimonio con don Carlos de Austria su hermana, doña Zita de Borbón Parma. En el ejército belga adquiere el grado de capitán de artillería contribuyendo a retrasar diez días el avance alemán por Bélgica lo que, junto con el ataque ruso sobre Prusia Oriental, hizo posible el “Milagro del Marne”. Tras el hundimiento del frente belga, continuó combatiendo en el frente Francés en el sector de Flandes hasta 1917, año este, en que a petición del Papa Benedicto XV, encabezó, junto con su hermano mayor Sixto, una misión diplomática secreta tendente a separar el imperio Austrohúngaro de su suicida alianza con el Imperio Alemán, lo que hubiera favorecido una paz separada con Austria-Hungría, su continuación como potencia centroeuropea y el final de la guerra.


Al terminar la guerra mundial, siguió atento a la política europea, señalando las graves consecuencias que en el futuro tendrían los tratados de paz de 1919 y oponiéndose a las tendencias totalitarias que triunfaban en Italia y Alemania. En 1936, por delegación del Rey Alfonso Carlos I y con grandes reparos autoriza, el 14 de Julio, la adhesión carlista a la sublevación militar del general Mola siendo nombrado el 5 de Agosto de 1936, General de División de los Reales Ejércitos.


El 28 de Septiembre de 1936, al fallecer el Rey Alfonso Carlos I atropellado por un camión militar alemán en Viena, accidente éste que, posiblemente fuera fraguado por los Servicios Secretos franquistas en colaboración con la GESTAPO, don Javier accede a la jefatura del carlismo en calidad de Regente cruzando la frontera española en dos ocasiones: la primera, en 1937, para visitar a su hermano Cayetano, alistado en el Tercio de Requetés “Navarra” con el nombre de Gaetán de Lavardín y herido en los combates desarrollados en torno a Bilbao durante la campaña del Norte. La segunda, en noviembre de 1937, para declarar expulsados del Carlismo a cuantos habían apoyado el Decreto de Unificación de 1937, que fusionaba en un único partido político, FET y de las JONS (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista) a carlistas y falangistas, y para entrevistarse personalmente con Franco para protestar por dicho Decreto. Visita el frente del Norte y Andalucía (Jerez, Sevilla y Granada). Es en la ciudad de la Alhambra donde recibe la orden de abandonar España, decisión por la que nuevamente protestará personalmente ante Franco. Marcha a Portugal, primero, y a Francia después, fijando su residencia en el castillo de Bostz en 1938. Tras el final de la Guerra Civil, se da la paradoja de que el carlismo, facción política integrante de la coalición de fuerzas que gana la guerra, es perseguido y hostigado por el nuevo régimen (expropiación de bienes, locales, periódicos, encarcelamientos, etc.).


Al estallar la II Guerra Mundial en 1939, sirve como Coronel de Artillería en el ejército Belga tras la invasión alemana del país, se retira a San Juan de Luz, en Francia, donde permanece hasta la llegada de los alemanes a la ciudad. Al serle denegada la entrada en España por el régimen franquista, marcha a la zona de la Francia no ocupada, donde ingresa en la Resistencia Francesa ayudando a los evadidos aliados primero y dirigiendo después, en la zona del Alliers, una guerrilla de unos cien hombres. El 22 de Julio de 1944 es capturado y condenado a muerte aunque no es ejecutado siendo trasladado a la cárcel de Clermont-Ferrand, primero, y al campo de exterminio de Natzweiler, en Alsacia, después. Estará allí hasta que el avance de los Aliados provoca la evacuación del campo y el traslado al de Dachau. Allí, tras ser dado por muerto por un médico alemán, le es hecha una trepanación sin anestesia por un médico judío para curarle de una mastoiditis aguda. Nuevamente es evacuado de Dachau ante el avance de los Aliados y trasladado a Prax, en el Tirol. Será finalmente liberado, por tropas estadounidenses procedentes de Italia, el 8 de mayo de 1945.


El 26 de junio de 1950, continuando en su condición de Regente del Carlismo y en abierta oposición al General Franco y a su régimen; jura los fueros vascos bajo el árbol de Guernica y ordena que se deje de calificar a Vizcaya y Guipúzcoa de “Provincias Traidoras”. Un año después, en diciembre de 1951, jura los fueros catalanes en Montserrat. En mayo de 1952, tras ser persuadido de la necesidad de ser nombrado rey por el Consejo Nacional de la Comunión Tradicionalista, acepta concluir los dieciséis años de regencia siendo proclamado rey de España en Barcelona. Poco después es expulsado de España. Envía entonces a sus hijos a España, siendo especialmente relevante el papel de su hijo Carlos Hugo, que se dirige a los españoles por primera vez en calidad de príncipe de Asturias el 5 de mayo de 1957, en Montejurra (Navarra).

En enero de 1965, don Javier convoca a la Junta Nacional Carlista en el castillo austriaco de Puccheim y les expone las líneas maestras de la nueva línea ideológica que habría de seguir el movimiento y que se caracterizaría por su férrea oposición al Franquismo y por el Federalismo en lo político y por un “Socialismo” no marxista y de corte autogestionario en lo social. El 26 de diciembre de 1968, la familia real carlista es expulsada nuevamente de España, so pretexto de que "incumplen las disposiciones que regulan la residencia de extranjeros en España". Al mismo tiempo que desarrolla su actividad carlista, circunscrita al marco español, no abandona su interés por la política y la sociedad internacional participando activamente en el Concilio Vaticano II donde tuvo una relevante influencia y una frenética actividad entre bambalinas.


En febrero de 1972, tras sufrir un grave accidente de tráfico, concede plenos poderes a su hijo, Carlos Hugo, para dirigir el Partido Carlista, y el 20 de abril de 1975 abdica en él.


Dos años después, el 7 de Mayo del 1977 y mientras los carlistas se reunían en su acto político anual de Montejurra, fallecía, en la ciudad suiza de Coira (Chur), en el cantón suizo de Graubünden, a los 87 años de edad el HOMBRE que hubiera cambiado para bien la historia de España y el REY que habría sido la envidia del mismísimo Cid por ser el siempre reclamado “BUEN SEÑOR”.

Tomado del blog: “El Chouan Ibérico”

http://www.elgritodelalechuza.blogspot.com

viernes, 13 de marzo de 2009

LA PLUMA NO EMBOTA LA LANZA NI EL REY A LOS CARLISTAS

Con entusiasmo e ilusión muchos carlistas se reunirán con el Rey en Poblet el próximo 9 de Mayo del presente año 2009 pero hay que recordar a todos también que una semana antes, el día 3 de Mayo, se celebrará la anual reunión de carlistas en el Jurramendi o Montejurra.

Es de entender que las economías no están para excesos viajeros pero considerando que, tal vez, algunos puedan entender que el acto de Poblet es una especie de competencia con el acto de Montejurra hay que recordar parafraseando a Cervantes que al igual que “la pluma no embota la lanza ni la lanza la pluma” tampoco el Rey embota al pueblo carlista ni el pueblo carlista jamás puede embotar al Rey y que tan acto carlista es el de Montejurra que esperamos y deseamos nutrido como el acto de Poblet del que igualmente deseamos y esperamos su éxito.

El acto de Poblet es un acto donde el Rey parte al encuentro de su pueblo al que sirve y el acto de Montejurra terminará siendo un acto donde el pueblo se encamina hacia el Rey.

Así pues la consigna a seguir es: TODOS A MONTEJURRA Y TODOS A POBLET.

VIVA EL PARTIDO CARLISTA
VIVA EL REY DON CARLOS HUGO

miércoles, 25 de febrero de 2009

NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA

Ha llegado a nuestra redacción la noticia de que, organizada por la Associació d´Amics de la História del Carlisme de Catalunya tendrá lugar, el próximo 9 de Mayo del 2009, y como colofón a los actos conmemorativos del 175 aniversario del Carlismo que viene realizando a lo largo de varios meses, un emblemático acto en el Real Monasterio de Poblet panteón de los Reyes de la Corona de Aragón.


Asimismo y con motivo de este acto se reunirá en capítulo, la Real Orden de los Caballeros y Damas de la Legitimidad Proscripta, que supondrá una amplia presencia de miembros de la Casa Real.


Los interesados en participar en dicho acto pueden dirigirse a la Associació d´Amics de la História del Carlisme de Catalunya, Rambla Nova, Número 116, Piso 7º, 2º, 43001 Tarragona, aportando su dirección o medio de contacto para mantenerle informado en todo momento.

miércoles, 18 de febrero de 2009

LA REAL ORDEN DE LA LEGITIMIDAD PROSCRIPTA

En la extensa historia del Carlismo, de más de ciento setenta y cinco años; han existido numerosas condecoraciones militares para premiar a aquellos que se distinguieron en diversas acciones bélicas durante cualquiera de las tres Guerras Carlistas del Siglo XIX, así por ejemplo tenemos la Cruz de Montejurra, la Medalla de Alpens o la de Somorrostro, todas ellas concedidas por S.M. Carlos VII a combatientes en la Tercera Guerra Carlista, pero solo existe una única e importantísima Orden creada en 1923 por S.M. Jaime III, hijo de Carlos VII y que pervive en el presente: la Orden de la Legitimidad Proscripta.


La Orden de la Legitimidad Proscripta fue creada el día 16 de Abril de 1923 por S.M. Jaime III en carta dirigida al Marques de Villores, encontrándose su origen en las noticias que el Rey recibía desde España de las persecuciones que sufrían sus leales proponiéndose su Majestad conferirla “a todos los que por sus sufrimientos o servicios se hagan dignos de ella” y solo mientras dure el destierro de los Reyes legítimos de las Españas, cesando, por tanto, “cuando la Divina Providencia se digne poner término a éste”. La Orden creada por don Jaime III tenía por objeto, a tenor de lo manifestado en la carta al Marqués de Villores, que “los condecorados con esta distinción o sus herederos puedan atestiguar públicamente los derechos que han adquirido a mi gratitud y a la de España, por el ejemplo de fidelidad que han dado a todos”.


La estructura de la Orden de la Legitimidad Proscripta queda establecida en la mencionada carta de don Jaime III que textualmente dice: “la Orden constará de tres grados: caballeros, oficiales y comendadores”. En casos excepcionales se reserva el Rey “el derecho de conceder Grandes Cruces”. Igualmente, “no se podrá obtener la Cruz de una Orden superior sin haber tenido antes la de la Orden inferior inmediata; es decir, que antes de ser comendador, habrá de pasar por la categoría de oficial, y antes de ser oficial, por la de caballero”.


Las insignias de la Orden de la Legitimidad Proscripta consisten “en una Cruz de Covadonga colgada de una cinta con barras verticales negras y verdes; negras, color del duelo del destierro, y verdes, color de la esperanza del triunfo”. La cinta “será sencilla para los caballeros, y llevará una pequeña roseta para los oficiales, y otra de mayor tamaño para los comendadores”.


Desde su creación en 1923 siempre han actuado como Grandes Maestres de la Orden los Reyes sucesores de Don Jaime, así Don Alfonso Carlos I y Don Javier I, quien, por cierto, jamás concedió la orden mientras que solo fue regente. A la muerte de éste en 1977, Su Majestad el Rey don Carlos Hugo de Borbón Parma ha recogido las obligaciones con la Orden de la Legitimidad Proscripta impuesta por sus antecesores y por la lealtad sobradamente demostrada de tantos y tantos carlistas y esta actuando como Gran Maestre dotando a la Orden de unos estatutos que nunca había tenido hasta ahora y convirtiéndola en la Real Orden de la Legitimidad Proscripta.

lunes, 26 de enero de 2009

¿QUE ES LA MONARQUÍA POPULAR?

La Monarquía, es el sistema político creado por el pueblo para defenderse contra los abusos de los poderosos, de ahí que la principal misión del Rey es hacer justicia. ¿Que tiene la Monarquía para que el pueblo haya visto en ella una garantía de justicia?: La forma de sucesión, pues al estar basada en la legitimidad familiar hace que el Rey deba su poder a todo el pueblo, no a un grupo poderoso. ¿Que fuerza tienen entonces los argumentos antimonárquicos de "por qué ha de gobernar el hijo" o "si el heredero es tonto"? Son alegatos burgueses que quieren ocultar que el que suceda precisamente el hijo es la garantía del pueblo frente a los poderosos, y que si el heredero es "tonto" no gobierna, como ya ha ocurrido en la historia, y el derecho pasa al designio en la Ley de Sucesión, fijada con intervención del pueblo". Entonces ¿el Rey, reina y gobierna?: Claro; si sólo reinase sería una figura decorativa, y de lo que se trata es de que administre justicia".

Artículo tomado de www.monarquiacarlista@blogspot.com

domingo, 18 de enero de 2009

PALABRAS DE SU MAJESTAD EL REY DON CARLOS HUGO EN EL ACTO DE IMPOSICIÓN DE CRUCES DE LA ORDEN DE LA LEGITIMIDAD PROSCRITA, CELEBRADO EL DOMINGO DÍA 28

"Quería deciros, en primer lugar, que esta mañana durante la Misa me di cuenta de la suerte que tenemos todos de ser cristianos, de haber nacido después de la venida de Cristo en el mundo, y de poder ver nuestra vida no como una vaga esperanza lejana, sino como una certidumbre de que todo lo que hagamos en la vida, sea grande o pequeño, tiene sentido porque Dios pone todo esto al servicio de la sociedad.

No somos nosotros los que tenemos el poder multiplicador de nuestra actuación, es Él, el que utiliza nuestras acciones y nuestras ideas para el servicio del mundo. Lo digo aquí, en el aniversario del fallecimiento de mi padre, el Viejo Rey Javier para los carlistas, porqué fue un hombre que desde joven participó en todas las luchas que ha habido, siendo un hombre personalmente pacífico. Empezó en la sublevación de Portugal, antes de la Primera Guerra Mundial desde el inicio al final en el Ejército Belga, después estuvo en la preparación de la guerra civil nuestra, después en la resistencia a la ocupación nazi en Francia, luego en el campo de concentración, y ya un año después, al volver de aquél, volvió a cruzar la frontera clandestinamente hacia España, por el Bidasoa, para poder tomar contacto con los carlistas que en España estaban contra el Régimen o, mejor dicho, a favor de una evolución democrática del mismo. Es decir, que ninguna pena, ningún peligro, ningún dolor, ninguna amenaza le paró en el cumplimiento de su deber. Y esto lo hizo como hombre, como príncipe y como cristiano.

Nos encontramos hoy en una situación difícil porqué estamos bloqueados por todas partes, y curiosamente el peor bloqueo viene muchas veces de gente que no son enemigos nuestros pero que no quieren que se hagan los cambios que creemos indispensables en la sociedad. Tenemos que darnos cuenta que cuando estamos inmersos en un grupo humano, político, tenemos la tendencia a desesperarnos o a abandonar el campo. Yo digo que esto es un error, siempre ha sido un error, porqué entre cada guerra carlista del siglo XIX parecía que estábamos muertos políticamente, y luego teníamos que salir otra vez, otra vez, y otra vez. Ahora estamos en una situación semejante, pero no frente a una situación de guerra, sino en una situación de propuesta política para ayudar a nuestra sociedad a progresar en el mundo actual. Nuestra misión sigue intacta. Proponer soluciones modernas a los problemas de siempre.

Asistimos a cuatro crisis. La primera, la más evidente que vemos todos, no solamente en España sino en todo el mundo democrático, es la crisis de los partidos políticos. Los partidos políticos eran enormemente útiles en una época donde la confrontación era ideológica y a veces casi violenta.
Era la solución, la alternativa a la violencia, era la discusión. Los partidos políticos han jugado en el mundo occidental un papel de primerísimo orden durante casi 100 años, pero hoy en día parece que al desaparecer la amenaza de una lucha violenta se han transformado poco a poco en un simple mecanismo de elección por el que los partidos deciden quienes van a ser los candidatos y quienes van a ser los elegidos. Con lo cual han perdido gran parte del sentido mismo de lo que debe ser un partido político.

El partido político sigue siendo esencial porque es el único instrumento legal que puede dar legitimidad al poder. Pero deben además ser ellos mismos una escuela del pueblo, un medio de comunicación entre el hombre y el estado, entre el gobierno y el poder. Esto es un hecho que no solamente afecta a España, como decía antes, sino a todos los países europeos. Hoy día hay otras vías para canalizar la voluntad de actuación de los hombres, en particular por el nacimiento de organizaciones no gubernamentales que pretenden alguna forma de representación popular, porqué representan - dicen ellos - a la sociedad civil. Creo que esta pretensión es hoy día exagerada, porqué no hay dos sociedades, hay una sociedad y toda ella es civil. Lo que hay que ver es lo positivo: cumplen con una necesidad, crean una iniciativa donde los partidos no la tienen. Sin esta evolución, sin estos movimientos no gubernamentales es difícil, en efecto, promover ideas nuevas incluso dentro de los partidos.

La segunda crisis es en las relaciones sociales. Durante casi un siglo el gran instrumento de diálogo social han sido los sindicatos, pero los sindicatos se han encontrado arrinconados poco a poco en una postura puramente reivindicativa, porqué los partidos políticos - incluso los de izquierdas - no veía provechoso que el sindicato tuviese una participación directa en las decisiones socioeconómicas. Nosotros siempre hemos creído que el sindicalismo no puede ser simplemente reivindicativo o defensivo, tiene que tomar responsabilidades frente a las problemáticas de la sociedad e integrar el mundo del trabajo, sea cuál fuere este mundo del trabajo, en las decisiones socioeconómicas. Por eso siempre hemos defendido la tesis de la presencia de un Consejo Económico y Social, para establecer un diálogo responsable con el gobierno y con los partidos políticos. Es necesario hoy en día encontrar una forma de diálogo. El obrerismo del siglo pasado ha desaparecido, el trabajo hoy en día en su inmensa mayoría ya no es manual. De modo que tenemos que inventar otra forma de comunicar esta fuerza vital del trabajo que hay en la sociedad, que permita controlar su economía y no caer en un sistema donde es la economía la que controle la sociedad. Si no consideramos esta realidad, nos encontraremos en una sociedad disminuida y limitada a la voluntad de los que disponen de los medios económicos.

La tercera crisis es la de las autonomías. A nosotros nos encanta ver que se potencien las autonomías, pero en vez de hacerlo como nosotros propusimos hace 170 años - sobre la definición clara de qué son las autonomías y cómo se puede construir un estado comunitario fuerte y solidario como la Confederación Helvética o en la República Federal Alemana -, hemos caído después de dos siglos de centralismo y medio siglo de franquismo en una reacción centrífuga de difícil salida. Lo que queríamos, y lo que
seguimos queriendo, son unas autonomías sobre las cuales se pueda construir una comunidad de comunidades. Eso era precisamente el sentir del juramento de los Fueros. En Gernika el Rey garantizaba las autonomías, que a su vez eran las bases de la autoridad real.

Es el mismo sentido que deseamos para una futura unidad europea respetuosa con las libertades y personalidad histórica de los pueblos unidos por el interés general. Así se crea un reconocimiento entre unas culturas y unas tradiciones que tienen un sentido anterior al estado. Si esto es verdad par España, también lo es para la construcción de la Europa del mañana, que no puede ser una Europa centralista y negadora de las libertades de los pueblos que la constituyen. Tiene que ser una Europa que garantice aquellas libertades de los pueblos al mismo tiempo que les una en lo que es tarea común.
La cuarta crisis es mundial. El actual sistema de desarrollo lleva a que del conjunto de la sociedad humana - que dentro de 25 años tendrá 8.000 millones de hombres - 1.000 millones vivirán en los países actualmente muy desarrollados (Europa, América del Norte, Japón y algunos países del Pacífico) y 7.000 millones vivirán en países en vías de desarrollo elevado, o en vías de desarrollo inicial o incluso aún en el subdesarrollo. Quienes puedan pensar que un mundo cuya velocidad de comunicación hoy en día es tan grande que se puede estar en cualquier parte del mismo en materia de segundos en cuanto a la comunicación, y de horas en cuanto a desplazamientos de personas, sea un mundo pacífico si frente a los 1.000 millones que viven en la parte súper desarrollada del mundo, aún existen 7.000 millones de personas que viven en países menos desarrollados o incluso subdesarrollados.
La experiencia del siglo pasado ha demostrado que la desigualdad de niveles económicos demasiado fuertes entre comunidades crea siempre conflictos violentos, sean internos o externos. No hace falta decirnos que un conflicto violento hoy en día puede ser, o representar, el fin del mundo.
No era posible hace 500 años o incluso 200, pero ha empezado a ser posible ya hace 50 años, con las armas nucleares y biológicas. De modo que hay una nueva crisis que aparece y que no tiene clara solución. Pero el desarrollo no consiste en tirar dinero al problema, sino hacer posible que todos los pueblos tengan la capacidad de autodesarrollarse. No se trata, repito, de darles limosnas, no se trata de echar un poco de dinero a los pobres para que se callen. Se trata de realmente crear una estructura del mundo que permita que los pueblos se desarrollen ellos mismos con plena dignidad. Y cuando oigo que no es posible que dentro de 25 años el mundo subdesarrollado llegue a nuestro nivel, reconozco que es verdad. Que no es posible. Pero que hay una diferencia inmensa entre una situación en la que se vea una luz al final del túnel o una situación en la que esos pueblos no vean ninguna salida al túnel de su agonía y subdesarrollo.

Me diréis que he hecho una reflexión religiosa al principio, porqué con la edad uno se pone cada vez más religioso. A los 37 años, la vida que un tiene por delante es evidentemente mucho más corta que la que tiene por detrás, pero si miro a los años que tengo por delante, muchos o pocos, es con la perspectiva de una época donde se pueden hacer grandes cambios con vuestra participación, por lo menos iniciales, en la sociedad. Ahora he creado una Fundación para estudios y propuestas de ayuda al desarrollo dirigida fundamentalmente a Iberoamérica porqué creo que es esencial que España dé un nuevo sentido a su presencia cultural, religiosa, intelectual y humana en este inmenso continente, que representará dentro de 25 años entre 600 y 800 millones de personas hablando castellano o portugués. Es ahí donde la influencia e iniciativa de España puede tener un papel esencial de cara al desarrollo mundial.

Para presentar soluciones a las cuatro problemáticas de las que he hablado se deben promover estas ideas del debate público en el clima de libertades democráticas que consagra nuestra Constitución. Hay un dicho que confirma que las ideas mueven el mundo. Es verdad, las ideas tienen un poder multiplicador si responden a una problemática percibida por todos.

Tenemos que ver el mundo en el que vamos a entrar como un mundo que puede ser totalmente distinto del actual, más que copiar del pasado tenemos que crear un futuro. Un futuro para el que, con la ayuda de Dios, confió en mis hijos, como cada uno de vosotros confía en los suyos. En Carlos, que trabaja en las relaciones internacionales con las comunidades europeas. En Jaime, dedicado al Servicio Diplomático, ahora en Irak después de haber estado en Bosnia. En Carolina, que después de haber trabajado para las Naciones Unidas en África, ha estado prestando ayuda en Palestina, en Gaza y en Jerusalén. Estos son testimonios de una juventud dedicada al trabajo y a la ayuda a la sociedad de una forma o de otra, pero como muchos otros miembros de la comunidad humana trabajan no solamente par sí mismos, sino también par ayudar al mundo. También, y no menos importante, la formidable ayuda de todos los carlistas que en España luchan por proponer nuevos cauces a una sociedad diferente. Al fin y al cabo el mundo no solamente tiene que cambiar, está ya cambiado, cada persona puede ser parte de este cambio.
En los 180 años del Carlismo su supervivencia puede sorprender a mucha gente. En realidad es debida a que siempre ha estado presentando soluciones que aunque no fueron aceptadas antes, se hacen hoy día necesarias. Y la suerte también es que por vez primera en 180 años, desde hace veinticinco disponemos de una Constitución que ampara las libertades, ya podemos proponer nuestras ideas legalmente, sin cortapisas y ésta es nuestra obligación de hacerlo dentro de la legalidad vigente, porque esta legalidad lo hace posible.

Ahora, esta mañana tenemos también que felicitar a nuestros amigos a los cuales he concedido la Cruz de la Legitimidad, la distinción creada por Don Jaime para quienes han destacado por su lucha, por la fidelidad, por la generosidad, por la entrega, por la alegría, por el sacrificio. Digo esto a los que han recibido la Cruz de la Legitimidad porqué sus ejemplos son más convincentes muchas veces que las ideas, porqué el testimonio es lo que transforma una idea y un ideal en una realidad vivida. Poco antes de terminar este acto, tomó de nuevo la palabra Don Jaime y dijo: Cumpliendo con la petición de mi padre hace 25 años, aquí en Arbonne, quiero hoy delante de esta representación del Carlismo en general anunciar que a partir de hoy, tres de mis hijos llevarán títulos exclusivamente carlistas. Carlos llevará el título de Duque de Madrid, Jaime el de Duque de San Jaime y Carolina el de Duquesa de Gernika. Y yo me reservo el de Conde de Montemolín".

jueves, 8 de enero de 2009

LA DINASTIA CARLISTA, OTRO ELEMENTO BASICO DE REFERENCIA

Toda organización necesita puntos de referencia y, es evidente que para el Pueblo Carlista la dinastía carlista, la legítima, cumple esa función de conexión. En el transcurso de nuestra historia, la importancia del factor dinástico es indudable y éste se ha de entender como presencia aglutinante, como un elemento positivo de arbitraje, garantía y defensa en la construcción y continuidad del movimiento carlista.

El Pueblo Carlista ha permanecido atento y vigilante para que el orden sucesorio se diera dentro de la legitimidad de ejercicio, porque era el “derecho” por él constituido que hacía invulnerables sus esencias de libertad. Frente a los exegetas de la dinastía usurpadora liberal que imponían en el normal mecanismo sucesorio doctrinas sobre exclusiones por la sangre, el pueblo carlista clamaba por el ejercicio del derecho consuetudinario, que anteponía la legitimidad de ejercicio que condicionaba ese derecho de automatismo de la sangre. De este “derecho popular” nacía el pacto, que constituía la fuente política del ejercicio democrático. Con este pacto y esta doctrina sucesoria o legitimista, los reyes carlistas se erigían en defensores de las libertades populares y se hacía posible esa simbiosis pueblo-dinastía capaz de afrontar los embates del liberalismo y del integrismo. En el Carlismo la legitimidad dinástica radica en el Pacto Pueblo-Dinastía, que se fundamenta sobre el consentimiento libre del pueblo carlista que ejerce su derecho de libre determinación, que tiene carácter universal y cuya inalienabilidad implica que no puede producirse, ni jurídicamente ni por la vía de los hechos, elección alguna que sea irreversible.

En diciembre de 1967, en Lisboa, Don Javier reunía el Capítulo de la Orden de la Legitimidad proscrita. Hacía más de cuarenta años que no se podía realizar una celebración de ese tipo, donde imponer las Cruces concedidas para premiar lealtades y méritos. En este acto, Don Javier recordaba a los presentes que “el Carlismo es más que un concepto de legitimismo. No defiende un derecho puramente histórico, sino la vigencia profunda de la autoridad legítima que sirva al bien común. Cumple unos deberes actuales, una misión plenamente actual. Si es legítimo por su origen lo es también porque se legitima cada día por su actuación."

En Portugal, el 3 de octubre de 1976, Don Carlos Hugo había dejado clara la postura sobre la monarquía. “No hay problema dinástico. Solamente lo habría si dos dinastías compitieran por el mismo trono. Mis metas, las de mi familia no son las de ocupar la jefatura de un Estado, a nuestro juicio autoritario, no democrático e históricamente superado. Nuestras metas son realizar una sociedad nueva, socialista y pluralista. En cuanto a la Monarquía lo plantearemos o no lo plantearemos, según veamos que en ese momento es útil o no al progreso histórico de la sociedad que creemos deseable para España. El problema de la monarquía no lo planteamos como una condición “a priori”, sino como posible complemento o superestructura de un planteamiento histórico revolucionario, que es la realización de una sociedad socialista y de autogestión. Ni yo ni mi familia renunciamos, por ello, a ninguno de los derechos que nos corresponden”.

A su regreso del exilio, don Carlos Hugo de Borbón-Parma declaraba: “No vengo a plantear ningún pleito dinástico, pero tampoco me propongo renunciar a ninguno de los derechos y deberes que me corresponden”. Los carlistas no planteamos un litigio dinástico, sino un pleito político, un proceso esencial de estructuración de abajo arriba de la sociedad y del Estado, que considera siempre que la sociedad y sus cuerpos intermedios son anteriores a la existencia de éste. Un Estado que no es un fin en sí mismo, sino un fin para algo, un algo que es el elemento humano, el garantizar y proteger los intereses de una población, que es la única causa que puede justificar su propia existencia.

El 13 de octubre del 2000, en Trieste, en el II Capítulo General de la Real Orden de la Legitimidad proscrita, Don Carlos Hugo de Borbón Parma añadió algunas consideraciones a las palabras de su padre en el I Capítulo, que reproduzco a continuación:

“La primera es que el Carlismo representa algo único en la Historia, la voluntad de un Pueblo que ha legitimado una Dinastía. Es un pacto entre el Pueblo y una Dinastía. ¿Y esto, qué implica? Implica que el Carlismo a lo largo de ciento setenta años ha hecho cuatro levantamientos, ha perdido cuatro guerras; y la peor perdida ha sido la última, porque no fue una guerra carlista propiamente hablando, y el Carlismo ha sido destrozado. El Carlismo ha sido destrozado pero no vencido. No hay ningún partido político en el mundo actual, ni uno, que tras tales circunstancias haya sobrevivido más de setenta años ¡y nosotros tenemos ciento setenta años! Esto significa que la Dinastía Legitima no busca su legitimidad únicamente en el derecho, aunque lo tenga allí, sino que la busca en el Pacto de la Dinastía con el Pueblo.

Muestra de ese Pacto es aquí, en la Basílica que hemos visitado esta mañana, donde reposan los restos de los reyes carlistas. Ellos no rompieron el Pacto. Estuvieron al lado del pueblo carlista, del pueblo español, para luchar por esas libertades fundamentales a las que nunca podrá renunciar el Carlismo: la Libertad del hombre, la Dignidad de los pueblos y la Justicia en el mundo.

En el momento actual en el que tanto se habla de mundialización, nosotros venimos a ofrecer una solución. Hoy en día el mundo entero está representado en las Naciones Unidas por más de ciento ochenta países, de los cuales las tres cuartas partes son países pobres. La mundialización, la construcción de una unidad mundial es absolutamente necesaria para el desarrollo de todos los pueblos. Pero mientras comprobamos esta necesidad, vemos también sus peligros: que se haga una mundialización a favor de los ricos y no se cuente con los pobres.

Y es la segunda cosa que os quería decir: para evitar la marginación de los más pobres el Carlismo rechaza un sistema mundial que no esté enfocado hacia el bien general y hace un llamamiento a todos los pueblos para que participen en una gran federación que sirva a la protección de la personalidad individual de cada uno como a la personalidad colectiva de todos los miembros de estos mismos pueblos.

Los pueblos de España no responden a una mediación aritmética, jurídica o cuantitativa; son unos pueblos que, con su bagaje histórico, constituyen la identidad de los hombres y de las mujeres que conviven en esas naciones y han formado y forman hoy en día España. Han hecho España. En esa misma línea de libertad de cada pueblo es la razón de estar acogidos y formar parte de la comunidad mundial con el respeto que se debe a cada uno y que proporcione a cada uno la posibilidad de ser dueño de su libertad y de participar de la responsabilidad mundial.

Esto es lo que queremos aportar y, también, lo que quería deciros en este momento en el que nos reunimos aquí para celebrar este acto. No preocuparos de lo que ha pasado, sino de lo que va a ocurrir. He estado muchos años en una universidad y he visto como la sociedad moderna ha comprendido que no puede seguir viviendo lamentándose de la situación actual sino pensando en lo que realmente se puede hacer y cuales son las metas.”

Al concluir este parlamento y tras serle impuesta la Cruz de la Legitimidad proscrita, Don Carlos Javier de Borbón Parma, espontáneamente, dirigiéndose a su Padre, pronunció estas palabras: “Aitá, Padre, haré lo posible para ser digno de tu ejemplo y, con Jaime, Margarita y Carolina recogeremos la Bandera para nuestra generación.”

El papel de árbitro de la situación es una función esencial que el carlismo ha reservado a la dinastía a lo largo de estos siglos, una posición de árbitro que ha de ser entendida por todas las partes. En algunas reuniones determinadas personas expresaban a don Carlos Hugo que mantuviera este papel, que no se decantará hacia ningún sector concreto, y que la posibilidad de acceder hasta él fuera independiente de la postura que adoptase cada uno y de las resoluciones que el partido pudiera tomar sobre personas y casos concretos. Sin duda, el pronunciamiento del Rey legítimo a favor de una tendencia, acabaría por alejar otros sectores. Algunos no entendieron este asunto correctamente y otros muchos, honradamente, no pudieron asumir un radicalismo que en ciertos momentos fue absolutamente pueril. Una época en que, como todos los partidos, el carlista padeció de un cierto mimetismo. Desde la perspectiva actual, pienso que determinadas actuaciones correspondían a la función de un secretario general del Partido y que él hubiera tenido que mantenerse más al margen de la disputas de cada día. La influencia que pudieron ejercer personas como el entonces secretario general del Partido, Pepe Zavala, pudo alejar a los defensores de otros criterios de táctica política.

Entiendo que el pensamiento político de don Carlos Hugo y su familia no difiere esencialmente de la línea política e ideológica que nosotros podamos elaborar en nuestros Congresos y Asambleas.

Publicado en el libro La lucha silenciada del carlismo catalán, bajo el epígrafe de Una presencia permanente. VII.- La dinastía carlista, otro elemento básico de referencia (Biblioteca Popular Carlista, núm. 17 , Ediciones Arcos, Sevilla 2007) y tomado de http://www.reflexioncritica.blogspot.com

lunes, 22 de diciembre de 2008

LA DINASTÍA DE LOS BORBONES DE PARMA Y SU PAPEL POLÍTICO


La Familia Real de los Borbones reinantes en Parma es heredera de las dinastías Capetas francesa y española y parte de ésta última, ya que los ducques de Parma han sido siempre Infantes de España. También es heredera de la dinastía italiana de los Farnesios reinantes en Parma.

Don Felipe, el fundador de la rama, hijo de Felipe V, primer Borbón español, y de Isabel, última de los Farnesios, inicia su reinado en Parma una vez firmado el Tratado de Aquisgran en 1848.

Sus descendientes los duques de reinantes permanecieron en Parma (salvo cuando el ducado es atribuído a María Luisa, la segunda esposa de Napoleón) hasta la unidad italiana. Entonces el último duque reinante, Roberto, todavía un niño, deja el ducado con su madre la Regente Luisa María, nieta de Carlos X de Francia.

Roberto de Borbón, Infante de España, combatió junto a su cuñado, Carlos VII de la línea sucesoria carlista, cuyos derechos a la Corona de España, según la ley sucesoria semi-sálica en vigor desde que los Borbones reinaran en España, defendiera con las armas en la mano. Participó, como coronel, al frente de un regimiento en la III Guerra Carlista.

Su hijo, el Príncipe Javier, hijo de la Infanta de Portugal María Antonia de Braganza, prestó servicio como oficial en el Ejercito belga en el curso de las dos últimas guerras mundiales. Intentó, siendo hermano de la Emperatriz Zita de Austria y primo carnal de la Reina Isabel de Bélgica, lograr una paz separada entre los Aliados y el Imperio Austro-Húngaro.

Salvando al Imperio se aseguraba una paz y un equilibrio desde entonces roto en Europa central. El proyecto fracasará por la nula comprensión de los Aliados.

Don Javier, que se casó en 1926 con Magdalena de Borbón, de la Casa Capeta de los Borbones-Busset, boda reconocida tanto por el jefe de la Familia, don Jaime de Borbón, como por el Duque Roberto de Parma, se dedica junto a su tío, don Alfonso Carlos (el último de los reyes carlistas de la rama mayor), al gobierno del Carlismo.

Será nombrado Regente por su tío, encargado por él de velar por la sucesión dinástica. De acuerdo con el deseo del anciano Rey y el derecho dinástico carlista, lo asumirá él mismo en 1952. Antes había tenido que hacer frente a su responsabilidad como responsable máximo del Carlismo en la guerra civil española. Expulsado de España por Franco, responsable entonces del "maquis" en Allier (centro de Francia) es deportado por los nazis sucesivamente a Natzweiler y Dachau.

A su vuelta, se hace cargo otra vez del gobierno del Carlismo, el partido popular más antiguo de España, nacido en 1833 para defender los derechos legítimos de Carlos María Isidro, el hermano de Fernando VII, y sobre todo los Fueros de los antiguos países de España, que constituyen para los carlistas el soporte de un Estado federalista, sobre la base de un pacto con el Rey, para defensa de las libertades populares (libertades colectivas) arrasadas por los regímenes semiautoritarios burgueses del siglo pasado y sus Constituciones meramente "semánticas" o formales.

Cuando el príncipe Javier asumió el mando del Carlismo, su participación en la guerra civil había sido motivada por la política antireligiosa de la II República.

A su vuelta de Dachau, preocupado por la paz civil y la necesaria reconciliación entre españoles, reemprende su tarea al frente del Carlismo y acepta su titularidad dinástica. En adelante, asociará cada vez más a su hijo y heredero, Carlos Hugo, entonces un joven economista y politólogo, al gobierno del partido, a su renovación, reorganización y evolución en pleno acuerdo con sus bases. El Carlismo se transforma en partido moderno democrático y progresista.

Desde 1957 hasta 1976, el príncipe Carlos Hugo es desde luego su líder, apoyado siempre (todos los documentos a lo largo de estos años dan fe de ello) por su padre y secundado por sus hermanas, las princesas María Teresa, Cecilia y María de las Nieves, y más tarde por su esposa Irene de Holanda, con la que se casó en 1964. Ejerce una pedagogía activa que permite a las capas populares que forman la base del partido, expresar en lenguaje moderno sus aspiraciones seculares en la línea de un humanismo cristiano y en la defensa y promoción de las libertades colectivas. Así, el Partido Carlista será de los primeros en reivindicar, por boca de don Javier, la libertad y la representación política, sindical y regional (I Congreso del Pueblo Carlista de 1970) contra la dictadura franquista y como fundamento de una futura democracia.

Cuando el dictador expulsa a don Carlos Hugo, junto a toda su familia en 1968, el partido con el que don Javier y don Carlos Hugo se mantendrán en contacto asumiendo su alta dirección, es ya un grupo organizado y militante, que opta por la lucha de masas, es decir la acción beligerante (manifestaciones, etc.) pero no la violenta, y de una democracia mucho más participativa (autogestión) que el modelo europeo, en el marco de un federalismo, única base a la vez sólida y flexible para mantener la unidad del país. Ejerce una influencia creciente sobre amplias capas de la sociedad, despolitizadas hasta entonces, angustiadas, para las cuales sirve de garantía de que la democracia venidera no sea opuesta ni a sus tradiciones ni a su fe.

El Carlismo conecta con la Iglesia, el Ejército, los Sindicatos y partidos clandestinos de la oposición. Trata de lograr su unidad. Sus dirigentes, su Familia Real, viajan al extranjero, participa en numerosos congresos, para dar cuenta de la situación española y suscitar un apoyo internacional a la naciente democracia.

El partido es fundador en 1975, junto al Partido Comunista, al Partido Socialista Popular y personalidades independientes, de la primera estructura parcialmente unitaria, la Junta Democrática. Se une luego a Coordinación Democrática, fundada por el Partido Socialista Obrero Español, antes de fusionarse ambas plataformas (Platajunta).

A partir de este momento el Gobierno y las fuerzas de la derecha franquista, las más retrógadas, se lanzan cada vez más contra él y su Familia Real, intentando intoxicar a la opinión pública, organizando un partido paralelo, la "Comunión Tradicionalista" de doctrina integrista. Finalmente, amparado por el Régimen lanza esta un ataque violento contra Montejurra, su peregrinación anual y también reunión política más importante en 1976. Habrá dos muertos carlistas. Pero el mundo entero, representado por los partidos clandestinos todos presentes y la prensa internacional, había sido testigo de la serenidad y sangre fría de los carlistas desarmados haciendo frente a elementos argentinos, italianos, franceses y españoles de la Internacional Fascista, integrados en los denominados "Guerrilleros de Cristo Rey".

El drama de Montejurra, organizado por el Régimen para asustar al pueblo español haciéndole creer que la opción democrática era peligrosa tiene un efecto contrario, le ha abierto los ojos, haciéndole ver la unidad de la oposición, garantía de la democracia venidera, como única salida posible. El Partido Carlista, por su opción cristiana, conducido a lo largo de su evolución por su príncipe ha permitido, junto a otras fuerzas y personalidades democráticas, que se iniciara una "clarificación ideológica" de la sociedad al nivel de las estructuras mentales, como más tarde de las estructuras políticas y de crear el consenso que hizo posible la Transición democrática.

Legalizado después de las primeras elecciones, privado del apoyo logístico internacional, no logra, como casi todos los partidos en lucha, una representación parlamentaria. Pero el Carlismo, tanto al nivel de personas no enmarcadas en ningún partido, como también el Partido Carlista, aún existe. Esta representado en los municipios del norte, presente en la prensa y en los movimientos de base.

El príncipe Javier de Borbón, que había abdicado en presencia de la Junta de Gobierno en 1975, en su hijo y heredero Carlos Hugo, murió en 1977, rodeado de la veneración de todos los carlistas que veían en él tanto un rey como un padre.

Su hijo ha dejado de ser presidente del partido, pero permanece como su príncipe e ideólogo, ya que publica, así como sus hermanas, artículos y libros que se refieren a su experiencia pasada, pero también a sus perspectivas de futuro, de un porvenir en el que cabe mantener la identidad de los pueblos y defender a los más desamparados, los del Tercer Mundo, en la perspectiva de la globalización.

La dinastía de los Borbones de Parma no ha faltado a su misión, tanto en España, como en Parma. Ha sabido convertir su herencia histórica en liderazgo moderno al servicio de los valores de libertad y de justicia, a pesar de las calumnias y de los desgarramientos que ha tenido que sufrir. Ha sabido preservar el derecho de los que eran fieles al porvenir.

Artículo procedente de la web: http://www.borbon-parma.net