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miércoles, 5 de marzo de 2014

DÍA DE LOS MÁRTIRES DE LA TRADICIÓN 2014


Con motivo de la próxima celebración del "Día de los Mártires de la Tradición" el próximo día 10 de Marzo, hemos recibido de la Real Orden de la Legitimidad Proscripta para su más amplia difusión el siguiente mensaje de Don Carlos Javier de Borbón Parma, Rey de Derecho de las Españas.

"Carlistas:

         En la jornada que instituyó Carlos VII el 10 de marzo de 1895  para que los carlistas honremos la memoria de nuestros mártires, unido con todos vosotros, junto a mi esposa y el resto de la dinastía, mis hermanos y tías, me sumo a vuestras plegarias para compartir su recuerdo.

         Quiero evocar la lucha de  todos aquellos carlistas que a lo largo de casi dos siglos han dado su vida en defensa de nuestros ideales. También de los muchos hombres y mujeres que por su defensa del Carlismo han padecido  persecución, han sido encarcelados, privados de su libertad, despojados de sus bienes, separados de sus familias, calumniados o forzados al silencio y al exilio.

De estos dramas no ha estado exenta mi propia familia.  Recordemos que  tanto mi abuelo Don Javier, como mi Padre Don Carlos Hugo  y mis tías, fueron perseguidos y desterrados de nuestra patria por el general Franco.

Quiero rememorar especialmente en este aniversario a mi abuelo, el viejo Rey Javier, al cumplirse 70 años de su encarcelamiento por la Gestapo e internamiento en el campo de exterminio de Dachau, por causa de su defensa de las libertades democráticas frente a las tropas de ocupación del III Reich.

También hoy es un  día de esperanza y os requiero a  que todos juntos y en unión renovemos el compromiso con nuestra Causa.  Haciendo especial hincapié en la lucha por la justicia y la libertad de las personas  y los derechos de los pueblos.

         Os animo a que compartamos también nuestra solidaridad con todos aquellos que anhelan una sociedad más justa, más sostenible y más comprometida, y que nos unamos en la lucha contra las desigualdades, la corrupción y todo tipo de atropello a los derechos humanos.

         Recibid un fuerte abrazo.



Carlos Javier de Borbón Parma                                          Marzo 2014"

miércoles, 27 de julio de 2011

MISA DE ANIVERSARIO POR S.M.C. DON CARLOS HUGO DE BORBÓN PARMA


Con motivo de cumplirse próximamente el primer aniversario del fallecimiento de S.M.C. Don Carlos Hugo de Borbón Parma tendrá lugar a las 11.30 horas del próximo día 20 de Agosto del 2011 una misa funeral en la Iglesia del Monasterio de Irache en el pueblo de Ayegui (Navarra) organizado por el Capítulo del Reyno de Navarra de la Real Orden de la Legitimidad Proscripta (R.O.L.P.) .


Don Carlos Hugo de Borbón Parma, Rey Legítimo de las Españas, falleció en Barcelona el 18 de Agosto del 2010 a los ochenta años de edad.


viernes, 3 de diciembre de 2010

TESTAMENTO POLITICO DE DON CARLOS HUGO

Mis hijos me lo han pedido y a ellos, a mis carlistas, a mis amigos, a los que me acompañaron con su fidelidad a lo largo de tantos años, dedico este escrito en el que me propongo fijar lo esencial del papel que ha desempeñado, desempeña y, estoy seguro, desempeñará nuestra familia en la historia.

Si enarbolamos como lema la "Esperanza", no fue para alentar una vana ilusión. "Esperanza" ha significado para nuestros antepasados a la vez una opción y un compromiso.

La opción era la de sostener un humanismo cristiano, fundamento de valores que se han perfilado cada vez mas a lo largo del tiempo, como la justicia, la solidaridad fraternal, la libertad, el respeto a los derechos humanos, a los derechos culturales de los pueblos, el respeto a la vida que la palabra antigua de "fueros" sobre-entiende. Pero, esto si, cuidando siempre, desde San Luis a Carlos VII y a mis antepasados mas próximos, de separar claramente la autoridad religiosa de la política, sin lo cual no se puede pretender alentar un verdadero humanismo cristiano. Para no ser estéril, el humanismo requiere que los valores sean capaces de promover cambios progresivos sociales, económicos y políticos. Porque hay una interrelación constante entre los valores que son el patrimonio mas precioso del hombre y la Vida. Los valores impulsan a la vida y esta, la vida de los hombres, el pensar y opinar de los hombres, a su vez en su dinámica nos obliga a volver a formular constantemente los valores que le han impulsado. Solo así se va hacia adelante. Por lo tanto, y aquí interviene la exigencia y el compromiso a los que me he referido antes, hay que saber ponerse al frente de estos cambios y no frenarlos como lo han hecho tantas veces los príncipes y los responsables políticos, para asegurar el avance de las sociedades y la paz que requiere.

Este es el papel de nuestra dinastía. Cada uno de sus miembros ha recibido gratuitamente en herencia multisecular una cierta autoridad histórica. Donde cesa la gratuidad es en el manejo de esta herencia: la sociología política habla de los "guardianes de la conciencia histórica de los pueblos" refiriéndose a los que están revestidos de un prestigio histórico. Pueden utilizarla pretendiendo interpretar solos y en sentido restrictivo esta coincidencia histórica para favorecer el culto a la personalidad o, al contrario, utilizarla para abrir las puertas de esta conciencia histórica hacia otros horizontes y nuevos valores, permitiendo responsabilizar a los pueblos con las tareas sociales y políticas.


Nuestros antepasados, hasta con tropiezos y errores, actuaron así, primero dentro del marco de naciones-estado como Francia, España y Parma, donde hemos reinado hasta hace poco; y cuando faltó este marco, como espacio de una autoridad reconocida, utilizando este don de Dios al hombre, el tiempo, el tiempo vital para seguir cumpliendo con su responsabilidad en el largo plazo de la historia.
Así, mi padre, Don Javier, promovió el intento de paz separada en la primera guerra mundial entre Austria y los aliados, Francia, Bélgica e Inglaterra. Luego asumió el liderazgo político y dinástico del Carlismo, designado como era por el rey, Alfonso Carlos, en una de las etapas mas arriesgadas de su historia: la guerra civil. Participo en la segunda guerra mundial y en la resistencia al nazismo en Francia, tierra de nuestra estirpe capetiana, que le valió estar encerrado en el atroz campo de concentración de Dachau. Después retomo el mando del carlismo para su revalorización en aras de una preparación de la post-guerra.

Mi padre, Don Javier, me transmitió el testigo. En la etapa en la que, bajo su dirección, he estado al frente del carlismo, no solo como su Príncipe, sino como su líder y jefe político, ha sido marcada por esta voluntad de cumplimientos en el peculiar marco español y en la peculiar etapa del franquismo.

A nuestra generación, le ha tocado la clarificación ideológica del Carlismo, la expresión moderna de sus aspiraciones históricas, fueristas y socialistas y participar con otras fuerzas progresistas a la transición democrática. Junto a mis hermanas Ma Teresa, Cecilia y Mª. de las Nieves, junto a mi esposa Irene de Holanda y a todos los militantes que me secundaron, hubo que convertir a esta antigua fuerza popular en partido moderno y progresista, luchando contra la dictadura franquista en el largo camino hacia la democracia. Llevar, el increíble cambio de un régimen elevado sobre los escombros de una guerra civil a una democracia moderna, solidaria y abierta al mundo que alejó los fantasmas de la guerra civil y cambió completamente España, incorporándola a Europa. Cambio que se reputó de milagroso: así Dios opera sus milagros a través de los hombres cuando los hombres se inspiran en una espiritualidad cuyas raíces hay que buscar en la palabras de Cristo. También en los grandes maestros de la humanidad que han surgido a lo largo de la historia.

Luego tuvo lugar la vuelta a nuestro antiguo Ducado de Parma con la ambición, desde allí, desde nuestras tradicionales Ordenes familiares, de promover hombres y mujeres, una élite mundial que participen en una activa pedagogía política, económica, ecológica a través de artículos, libros y conferencias dirigidas a la naciente sociedad mundial.

Nos hallamos sin duda en un momento difícil de la historia del mundo. Los progresos en los campos de la tecnología y de la ciencia, en general en esta parte del Orbe, no se han revertido en la "aldea global" sino solo en esta área privilegiada en la que vivimos. Y aun, en lo que se refiere tanto al poder económico como al político, en favor de determinantes agentes de nuestra sociedad.


De allí el desorden, el caos que tanto temían los griegos, es decir, la ausencia de un orden profundo, de un orden basado en una opción humanista que regule toda la complicada maquinaria del mundo, tanto de la sociedad humana como del planeta en general. El resultado es, por una parte, la violencia como expresión de la ira de los pueblos, de determinados grupos en el seno de estos pueblos o de países enteros; ira sin rumbo, pero no sin razones, que se caracteriza como terrorismo, visto como si fuera una especia espontanea, cuando en realidad es el fruto detestable de otra violencia, la gran, la terrible injusticia que caracteriza el mundo actual, la gran y terrible inconsciencia por parte de los privilegiados que envuelve, en general, a esta injusticia.


Ahora quiero hablar del futuro, de la problemática mundial.
Lo he dicho al principio. La Esperanza, lema antiguo de nuestra familia, tanto en su andadura francesa como española o italiana, nos exige realismo y voluntad de acción.

Aun teníamos una ambición mayor, la de hacer participar mas activamente la sociedad toda en la decisión política, a través de una gestión global responsable: gestión que abarque a la sociedad desde todas sus instancias en lo territorial como en otros ámbitos como el profesional, a todos los pueblos de España, a todos los pueblos de Europa, con sus tradiciones propias. Queda en pie el proyecto; no es estéril. Queda en pie como una proyección hacia la sociedad global, una sociedad cohesionada pero representativa. Hay que volver a construir una moral exigente en el campo de la justicia, del respeto a los derechos humanos y, el primero, a la creencia religiosa de cada pueblo, exigente en el campo de la solidaridad y de la compasión. Una moral compartida por los creyentes de las grandes religiones del mundo y por los que, sin pertenecer a ellas, están en línea con los valores que predican en el marco de un humanismo ilustrado. Hay que proponer un proyecto político factible de gestión común de la sociedad mundial, algo que los pueblos anhelan y que, de hecho, representan como intentos interesantes, aunque no suficientemente representativos, las grandes instancias internacionales de hoy día.
Es la única manera de salvar la vida colectiva de los grandes peligros que la acechan, el primero de ellos de disolverse en un penoso y tumultuoso sobrevivir donde cada uno vela por sus propios intereses y aun lo proclaman con orgullo. El futuro no es solamente una secuencia cronológica del pasado. El futuro es una creación nueva; os lo confío.

Mis hijos, Carlos Javier, Jaime, Margarita y Carolina estáis todos, ya por vuestra propia opción de trabajo y voluntad, comprometidos con este proyecto en la profesión altruista que habéis elegido: ayudar a cambiar el mundo, cambiar el rumbo fatalista de la sociedad actual. A mi hijo mayor, Carlos Javier, que será el nuevo Duque de Parma, transmito solemnemente los derechos dinásticos que recibí de mi padre, seguro de que cumplirá con las obligaciones que suponen. Después de él sera a sus hijos legítimos y, si faltaran estos a su hermano Jaime.


Os puedo legar ahora el testigo. De donde esté velaré por el. Que Dios os guarde, mis hijos, mi familia toda, mis colaboradores, mis queridos carlistas y amigos y os permita cumplir con esta tarea.

Transcrito, salvo error u omisión, de la revista Carlismo Hoxe - Extra de Novembro 2010

miércoles, 1 de abril de 2009

UN REY ANTE LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA


Este mes de Abril al conmemorarse la proclamación de la II República en España, muchos se acordaran de la salida por Cartagena de Alfonso, llamado el XIII o se les representara la conocida foto de la Puerta del Sol de Madrid ese 14 de Abril de 1931, pero muchos desconocerán por ignorancia interesadamente fomentada que el Rey de las Españas, Don Jaime III, entonces exiliado en la Francia de la III República, (circunstancia esta que contrasta con la elección de la Italia Fascista como lugar de exilio por parte de Alfonso, llamado el XIII) y que un año antes declinó la invitación de don Miguel de Unamuno para sumarse al pacto de San Sebastián, publicó un manifiesto saludando la proclamación de la República e indicando los derroteros que debían tomar los gobiernos del nuevo régimen para consolidarse pacíficamente en España.

Su Majestad, don Jaime III, publicó su manifiesto el día 23 de Abril de 1931, es decir, nueve días después de proclamada la república y en el mismo proponía, entre otras cosas, la convocatoria de un referéndum para decidir sobre la forma de gobierno en España (Monarquía o República) y la adopción de una ley electoral de carácter proporcional íntegra semejante a la existente en otros países europeos de primera línea.

En el mencionado manifiesto, don Jaime III solicita a los carlistas que “colaboren con el gobierno provisional en prevención de explosiones de desórdenes callejeros, para poder llegar el Gobierno, respetando las libertades esenciales, a la convocatoria de unas Cortes Generales Constituyentes, que son hoy una necesidad imprescindible y uno de los principios esenciales de nuestra actuación en los últimos años así como ha sido siempre el fundamental objeto de nuestra política realizar la federación de las distintas nacionalidades ibéricas.”

Igualmente, dirigiéndose especialmente a los carlistas les insta a promover “la organización de un gran partido monárquico, federativo, anticomunista, defensor de las grandezas patrias, intensamente progresivo, amigo de las reformas sociales y que coloque a la Iglesia y al Ejército en su verdadero lugar, lejos de toda política”.

Por su parte, dirigiéndose al gobierno provisional y a los líderes de la recién proclamada república, el Rey Jaime III, les pide que elaboren una ley electoral, apartada del caciquismo imperante en el derrocado régimen y en la que se “adopte el único sistema de escrutinio que permite aprovechar hasta el último voto de todos los ciudadanos: la representación proporcional íntegra, usada en las grandes naciones europeas. En estas elecciones, deben pronunciarse, de un modo definido, sea por la República, sea por una Monarquía renovada, progresista, ampliamente descentralizada, que no ofreciera ningún punto de contacto con el antiguo sistema, precisamente a causa de la creación de las grandes administraciones federales en las distintas regiones hispanas”.

No deja don Jaime de mostrar su preferencia por la forma de gobierno monárquica pero tajantemente termina su manifiesto afirmando que “si la voluntad nacional, libremente expresada, se pronunciara a favor de la República, yo pediría a los monárquicos que colaborasen en la obra inmensa que es construir la federación de la nueva España, dispuesto siempre a renovar, en los momentos críticos, el ofrecimiento de mi persona que hago a España”.

Lamentablemente, las propuestas de don Jaime no fueron atendidas en lo más mínimo. La II República, poco antes de cumplir su primer mes de vida, desbarraba hacia el caos y la violencia callejera que tuvo su primera manifestación en la quema de iglesias y conventos el 10 de Mayo de 1931 y a fines de ese mismo año, promulgaba una constitución que, ignorando la realidad social española, institucionalizaba un fuerte y agresivo sectarismo que, rozando lo ridículo, alejaba a la mitad de los españoles del nuevo régimen y sembraba los vientos que habrían de traer la tempestad de la guerra civil de 1936 a 1939.

Tomado del blog "El Chouan Ibérico" http://www.elgritodelalechuza.blogspot.com

viernes, 6 de febrero de 2009

EL PUEBLO CARLISTA, LA REALIDAD PLURAL DEL CARLISMO

El término Pueblo deriva del latín populus y puede remitir, en un sentido de sociedad, a un conjunto de habitantes de una nación (o a una parte de ella, de una región o un país). Como acepción de ruralidad considera una entidad de población de menor tamaño que una villa o ciudad, dedicada principalmente a tareas agrícolas. Nosotros, lo entendemos en el sentido de pueblo llano, de clases populares, que en cada época ha sido conocido por diversos nombres. El común era el pueblo llano. Y el Carlismo siempre ha hablado del común, siempre ha opuesto el concepto de Pueblo al de masas, conjunto de individuos, etc.

Sin duda, algunos se rasgan las vestiduras cuando nos definimos como pueblo carlista, para éstos resulta complejo y polémico que nos definamos así. Pero, es evidente que el pueblo carlista posee unas características que lo identifican y lo diferencian del resto de habitantes del Estado en el que se encuentra englobado. Esta conciencia de pertenencia al Pueblo Carlista, deseoso de preservar la paz y la seguridad, favorece la protección de los derechos humanos de sus miembros ante los ataques sufridos por el aparato del Estado o de quienes, a lo largo de los últimos tres siglos, se han declarado sus enemigos, decretando su persecución o su discriminación extrema y sistemática, sin que parezca existir una solución factible para que desaparezca esta actitud represiva.

Ante este término polémico y que no ofrece un único significado, es común en la doctrina internacionalista y en el criterio de determinados organismos de Naciones Unidas elaborar sus definiciones mediante la conjunción de un elemento objetivo y otro subjetivo.

El elemento objetivo de esta definición lo constituye el conjunto de características que como grupo reúne, en su totalidad o en parte, y que establecen un vínculo entre sus miembros, que es muy superior a la simple asociación de individuos dentro de un estado. Entre otras características objetivas, el pueblo carlista presenta la existencia de una tradición histórica común, de identidad, de homogeneidad cultural, de respeto a las variantes lingüísticas de cada uno de los pueblos de las España, afinidad religiosa e ideológica, conexión geográfica o territorial, vida económica común e importancia cuantitativa.

El elemento subjetivo guarda correspondencia con la conciencia de ser un pueblo y, también, con la voluntad de que se le identifique como tal. A estos efectos, el pueblo carlista está dotado de instituciones y otros medios para expresar sus características comunes y su deseo de mantener su manifiesta identidad.

El Pueblo Carlista es una realidad incontestable en el conjunto del Carlismo. Unas personas con conciencia de ser un Pueblo, que tiene una personalidad muy acusada y una visión particular de la vida cotidiana y que, sobre todo, no está para mimetismos con otros fenómenos políticos, sean éstos del tipo que sean. El Pueblo Carlista no entiende los bandazos en política, y cuando al carlista no le queda algo claro se retira a su casa para que nadie le pueda utilizar, y vuelve a la palestra cuando la libertad de sus Pueblos, la Patria y el Rey le necesitan, cuando se ejerce un liderazgo de forma nítida, diáfana, y de carácter unitario y no disgregador. Uno de los rasgos más acusados de este Pueblo, honrado y combativo, es la fidelidad a unas ideas, a una forma de hacer, a un partido aunque jamás éste haya palpado poder. Su concepción foral de la vida le permite estar abierto a la defensa de todo derecho de las personas, sociedades intermedias y pueblos de las Españas. Su sentido foral le impele a hacer hincapié en las libertades municipales, porque son las leyes, la legislación, la gestión que percibe más el ciudadano, harto ya de pagar impuestos a la provincia, a la Comunidad Autónoma, al Estado, y ahora a Europa. Percibir que tu calle está asfaltada, que la alcantarilla funciona correctamente, etc. induce a participar en la vida pública. Esto era el foralismo, el poder legislar lo más próximo. Basándose en esta idea, el Pueblo Carlista defendió siempre soluciones comunitarias a los problemas: bienes comunales, acción Cooperativista agraria, industrial, la defensa de cosas concretas. El Pueblo Carlista está harto de abstracciones que son propias del universo liberal, y quiere libertades concretas con sus derechos y obligaciones y que sean trasladables al día a día y no estén reservadas para su discusión en las salas de justicia. Quien se pretenda carlista y olvide en sus líneas programáticas y de acción que existe ese sentimiento de ser pueblo carlista, no tiene nada que hacer.

Los intelectuales liberales, los políticos profesionales al servicio permanente del sistema, en su obsesión por el poder podrán elucubrar cuanto que deseen, y vivir así del cuento unas temporadas más a costa de denigrar el carlismo, pero nunca entenderán a un Pueblo como el carlista, que siempre ha sido antidictatorial, que fue antifranquista cuando tuvo que serlo, que se ha mostrado históricamente antiuniformista, y que, también, ha sido capaz de levantarse contra toda tiranía y mandarinato cuantas veces ha sido necesario. Por eso –como nos indicaba Ramón Hernández- la permanencia del fenómeno carlista les resulta algo inconcebible después de casi dos siglos sin haber tomado el mínimo poder.

Publicado en el libro La lucha silenciada del carlismo catalán, bajo el epígrafe de Una presencia permanente. VI.- El Pueblo carlista, la realidad plural del carlismo (Biblioteca Popular Carlista, núm. 17 , Ediciones Arcos, Sevilla 2007) y tomado de la web http://www.reflexioncritica.blogspot.com

jueves, 29 de enero de 2009

¿QUÉ HACER?

Este blog lleva ya dos meses largos de andadura y tiene un número aceptable de visitas desde diversos puntos de la geografía española y también mundial.

Ya es hora de que los muchos o pocos lectores que tenemos nos digan algo: nos insulten o nos elogien, nos digan que cerremos la página o nos animen a mantenerla y también que colaboren con escritos en la alimentación de este espacio a favor no solo de Don Carlos Hugo de Borbón Parma, como Rey de los Españoles, sino sobre todo de los derechos de todos los españoles a vivir en paz y progresar individual y colectivamente bajo un estado de cosas que aleje definitivamente la corrupción y el mal gobierno de todas y cada una de nuestras instituciones.

Es hora ya de organizarse para reivindicar la participación directa de los ciudadanos en los asuntos públicos y reclamar la libertad humana secuestrada por la clase política imperante.

Es hora de exigir que la economía este al servicio de la humanidad y no al contrario.

Es hora de que la política sirva a los pueblos y no sean los pueblos esclavos de unas políticas capaces de tomar unas decisiones que, como consecuencia de las mismas, condenen a millones de seres a morir de hambre a miles de kilómetros de distancia de los puntos de toma de decisiones.

Es hora de que la moral y la ética retornen al mundo político haciendo de la política una vocación de servicio público.

Es hora, en definitiva, de que la sociedad tome la iniciativa en este momento en que todo el mundo político y económico aparece corrupto y lleno de vicios causantes de todos los males.

Cuando la clase dirigente miente, cuando utiliza el servicio público que es la política para medrar o realizarse personalmente, es preciso, es imprescindible, exigir que las cosas cambien.

Por todo y para todo ello, es preciso que nos organicemos para luchar sin complejos por la restauración de la justicia social y de las libertades perdidas.

Correo electrónico: pordoncarlos@gmail.com