jueves, 29 de enero de 2009

¿QUÉ HACER?

Este blog lleva ya dos meses largos de andadura y tiene un número aceptable de visitas desde diversos puntos de la geografía española y también mundial.

Ya es hora de que los muchos o pocos lectores que tenemos nos digan algo: nos insulten o nos elogien, nos digan que cerremos la página o nos animen a mantenerla y también que colaboren con escritos en la alimentación de este espacio a favor no solo de Don Carlos Hugo de Borbón Parma, como Rey de los Españoles, sino sobre todo de los derechos de todos los españoles a vivir en paz y progresar individual y colectivamente bajo un estado de cosas que aleje definitivamente la corrupción y el mal gobierno de todas y cada una de nuestras instituciones.

Es hora ya de organizarse para reivindicar la participación directa de los ciudadanos en los asuntos públicos y reclamar la libertad humana secuestrada por la clase política imperante.

Es hora de exigir que la economía este al servicio de la humanidad y no al contrario.

Es hora de que la política sirva a los pueblos y no sean los pueblos esclavos de unas políticas capaces de tomar unas decisiones que, como consecuencia de las mismas, condenen a millones de seres a morir de hambre a miles de kilómetros de distancia de los puntos de toma de decisiones.

Es hora de que la moral y la ética retornen al mundo político haciendo de la política una vocación de servicio público.

Es hora, en definitiva, de que la sociedad tome la iniciativa en este momento en que todo el mundo político y económico aparece corrupto y lleno de vicios causantes de todos los males.

Cuando la clase dirigente miente, cuando utiliza el servicio público que es la política para medrar o realizarse personalmente, es preciso, es imprescindible, exigir que las cosas cambien.

Por todo y para todo ello, es preciso que nos organicemos para luchar sin complejos por la restauración de la justicia social y de las libertades perdidas.

Correo electrónico: pordoncarlos@gmail.com

lunes, 26 de enero de 2009

¿QUE ES LA MONARQUÍA POPULAR?

La Monarquía, es el sistema político creado por el pueblo para defenderse contra los abusos de los poderosos, de ahí que la principal misión del Rey es hacer justicia. ¿Que tiene la Monarquía para que el pueblo haya visto en ella una garantía de justicia?: La forma de sucesión, pues al estar basada en la legitimidad familiar hace que el Rey deba su poder a todo el pueblo, no a un grupo poderoso. ¿Que fuerza tienen entonces los argumentos antimonárquicos de "por qué ha de gobernar el hijo" o "si el heredero es tonto"? Son alegatos burgueses que quieren ocultar que el que suceda precisamente el hijo es la garantía del pueblo frente a los poderosos, y que si el heredero es "tonto" no gobierna, como ya ha ocurrido en la historia, y el derecho pasa al designio en la Ley de Sucesión, fijada con intervención del pueblo". Entonces ¿el Rey, reina y gobierna?: Claro; si sólo reinase sería una figura decorativa, y de lo que se trata es de que administre justicia".

Artículo tomado de www.monarquiacarlista@blogspot.com

domingo, 18 de enero de 2009

PALABRAS DE SU MAJESTAD EL REY DON CARLOS HUGO EN EL ACTO DE IMPOSICIÓN DE CRUCES DE LA ORDEN DE LA LEGITIMIDAD PROSCRITA, CELEBRADO EL DOMINGO DÍA 28

"Quería deciros, en primer lugar, que esta mañana durante la Misa me di cuenta de la suerte que tenemos todos de ser cristianos, de haber nacido después de la venida de Cristo en el mundo, y de poder ver nuestra vida no como una vaga esperanza lejana, sino como una certidumbre de que todo lo que hagamos en la vida, sea grande o pequeño, tiene sentido porque Dios pone todo esto al servicio de la sociedad.

No somos nosotros los que tenemos el poder multiplicador de nuestra actuación, es Él, el que utiliza nuestras acciones y nuestras ideas para el servicio del mundo. Lo digo aquí, en el aniversario del fallecimiento de mi padre, el Viejo Rey Javier para los carlistas, porqué fue un hombre que desde joven participó en todas las luchas que ha habido, siendo un hombre personalmente pacífico. Empezó en la sublevación de Portugal, antes de la Primera Guerra Mundial desde el inicio al final en el Ejército Belga, después estuvo en la preparación de la guerra civil nuestra, después en la resistencia a la ocupación nazi en Francia, luego en el campo de concentración, y ya un año después, al volver de aquél, volvió a cruzar la frontera clandestinamente hacia España, por el Bidasoa, para poder tomar contacto con los carlistas que en España estaban contra el Régimen o, mejor dicho, a favor de una evolución democrática del mismo. Es decir, que ninguna pena, ningún peligro, ningún dolor, ninguna amenaza le paró en el cumplimiento de su deber. Y esto lo hizo como hombre, como príncipe y como cristiano.

Nos encontramos hoy en una situación difícil porqué estamos bloqueados por todas partes, y curiosamente el peor bloqueo viene muchas veces de gente que no son enemigos nuestros pero que no quieren que se hagan los cambios que creemos indispensables en la sociedad. Tenemos que darnos cuenta que cuando estamos inmersos en un grupo humano, político, tenemos la tendencia a desesperarnos o a abandonar el campo. Yo digo que esto es un error, siempre ha sido un error, porqué entre cada guerra carlista del siglo XIX parecía que estábamos muertos políticamente, y luego teníamos que salir otra vez, otra vez, y otra vez. Ahora estamos en una situación semejante, pero no frente a una situación de guerra, sino en una situación de propuesta política para ayudar a nuestra sociedad a progresar en el mundo actual. Nuestra misión sigue intacta. Proponer soluciones modernas a los problemas de siempre.

Asistimos a cuatro crisis. La primera, la más evidente que vemos todos, no solamente en España sino en todo el mundo democrático, es la crisis de los partidos políticos. Los partidos políticos eran enormemente útiles en una época donde la confrontación era ideológica y a veces casi violenta.
Era la solución, la alternativa a la violencia, era la discusión. Los partidos políticos han jugado en el mundo occidental un papel de primerísimo orden durante casi 100 años, pero hoy en día parece que al desaparecer la amenaza de una lucha violenta se han transformado poco a poco en un simple mecanismo de elección por el que los partidos deciden quienes van a ser los candidatos y quienes van a ser los elegidos. Con lo cual han perdido gran parte del sentido mismo de lo que debe ser un partido político.

El partido político sigue siendo esencial porque es el único instrumento legal que puede dar legitimidad al poder. Pero deben además ser ellos mismos una escuela del pueblo, un medio de comunicación entre el hombre y el estado, entre el gobierno y el poder. Esto es un hecho que no solamente afecta a España, como decía antes, sino a todos los países europeos. Hoy día hay otras vías para canalizar la voluntad de actuación de los hombres, en particular por el nacimiento de organizaciones no gubernamentales que pretenden alguna forma de representación popular, porqué representan - dicen ellos - a la sociedad civil. Creo que esta pretensión es hoy día exagerada, porqué no hay dos sociedades, hay una sociedad y toda ella es civil. Lo que hay que ver es lo positivo: cumplen con una necesidad, crean una iniciativa donde los partidos no la tienen. Sin esta evolución, sin estos movimientos no gubernamentales es difícil, en efecto, promover ideas nuevas incluso dentro de los partidos.

La segunda crisis es en las relaciones sociales. Durante casi un siglo el gran instrumento de diálogo social han sido los sindicatos, pero los sindicatos se han encontrado arrinconados poco a poco en una postura puramente reivindicativa, porqué los partidos políticos - incluso los de izquierdas - no veía provechoso que el sindicato tuviese una participación directa en las decisiones socioeconómicas. Nosotros siempre hemos creído que el sindicalismo no puede ser simplemente reivindicativo o defensivo, tiene que tomar responsabilidades frente a las problemáticas de la sociedad e integrar el mundo del trabajo, sea cuál fuere este mundo del trabajo, en las decisiones socioeconómicas. Por eso siempre hemos defendido la tesis de la presencia de un Consejo Económico y Social, para establecer un diálogo responsable con el gobierno y con los partidos políticos. Es necesario hoy en día encontrar una forma de diálogo. El obrerismo del siglo pasado ha desaparecido, el trabajo hoy en día en su inmensa mayoría ya no es manual. De modo que tenemos que inventar otra forma de comunicar esta fuerza vital del trabajo que hay en la sociedad, que permita controlar su economía y no caer en un sistema donde es la economía la que controle la sociedad. Si no consideramos esta realidad, nos encontraremos en una sociedad disminuida y limitada a la voluntad de los que disponen de los medios económicos.

La tercera crisis es la de las autonomías. A nosotros nos encanta ver que se potencien las autonomías, pero en vez de hacerlo como nosotros propusimos hace 170 años - sobre la definición clara de qué son las autonomías y cómo se puede construir un estado comunitario fuerte y solidario como la Confederación Helvética o en la República Federal Alemana -, hemos caído después de dos siglos de centralismo y medio siglo de franquismo en una reacción centrífuga de difícil salida. Lo que queríamos, y lo que
seguimos queriendo, son unas autonomías sobre las cuales se pueda construir una comunidad de comunidades. Eso era precisamente el sentir del juramento de los Fueros. En Gernika el Rey garantizaba las autonomías, que a su vez eran las bases de la autoridad real.

Es el mismo sentido que deseamos para una futura unidad europea respetuosa con las libertades y personalidad histórica de los pueblos unidos por el interés general. Así se crea un reconocimiento entre unas culturas y unas tradiciones que tienen un sentido anterior al estado. Si esto es verdad par España, también lo es para la construcción de la Europa del mañana, que no puede ser una Europa centralista y negadora de las libertades de los pueblos que la constituyen. Tiene que ser una Europa que garantice aquellas libertades de los pueblos al mismo tiempo que les una en lo que es tarea común.
La cuarta crisis es mundial. El actual sistema de desarrollo lleva a que del conjunto de la sociedad humana - que dentro de 25 años tendrá 8.000 millones de hombres - 1.000 millones vivirán en los países actualmente muy desarrollados (Europa, América del Norte, Japón y algunos países del Pacífico) y 7.000 millones vivirán en países en vías de desarrollo elevado, o en vías de desarrollo inicial o incluso aún en el subdesarrollo. Quienes puedan pensar que un mundo cuya velocidad de comunicación hoy en día es tan grande que se puede estar en cualquier parte del mismo en materia de segundos en cuanto a la comunicación, y de horas en cuanto a desplazamientos de personas, sea un mundo pacífico si frente a los 1.000 millones que viven en la parte súper desarrollada del mundo, aún existen 7.000 millones de personas que viven en países menos desarrollados o incluso subdesarrollados.
La experiencia del siglo pasado ha demostrado que la desigualdad de niveles económicos demasiado fuertes entre comunidades crea siempre conflictos violentos, sean internos o externos. No hace falta decirnos que un conflicto violento hoy en día puede ser, o representar, el fin del mundo.
No era posible hace 500 años o incluso 200, pero ha empezado a ser posible ya hace 50 años, con las armas nucleares y biológicas. De modo que hay una nueva crisis que aparece y que no tiene clara solución. Pero el desarrollo no consiste en tirar dinero al problema, sino hacer posible que todos los pueblos tengan la capacidad de autodesarrollarse. No se trata, repito, de darles limosnas, no se trata de echar un poco de dinero a los pobres para que se callen. Se trata de realmente crear una estructura del mundo que permita que los pueblos se desarrollen ellos mismos con plena dignidad. Y cuando oigo que no es posible que dentro de 25 años el mundo subdesarrollado llegue a nuestro nivel, reconozco que es verdad. Que no es posible. Pero que hay una diferencia inmensa entre una situación en la que se vea una luz al final del túnel o una situación en la que esos pueblos no vean ninguna salida al túnel de su agonía y subdesarrollo.

Me diréis que he hecho una reflexión religiosa al principio, porqué con la edad uno se pone cada vez más religioso. A los 37 años, la vida que un tiene por delante es evidentemente mucho más corta que la que tiene por detrás, pero si miro a los años que tengo por delante, muchos o pocos, es con la perspectiva de una época donde se pueden hacer grandes cambios con vuestra participación, por lo menos iniciales, en la sociedad. Ahora he creado una Fundación para estudios y propuestas de ayuda al desarrollo dirigida fundamentalmente a Iberoamérica porqué creo que es esencial que España dé un nuevo sentido a su presencia cultural, religiosa, intelectual y humana en este inmenso continente, que representará dentro de 25 años entre 600 y 800 millones de personas hablando castellano o portugués. Es ahí donde la influencia e iniciativa de España puede tener un papel esencial de cara al desarrollo mundial.

Para presentar soluciones a las cuatro problemáticas de las que he hablado se deben promover estas ideas del debate público en el clima de libertades democráticas que consagra nuestra Constitución. Hay un dicho que confirma que las ideas mueven el mundo. Es verdad, las ideas tienen un poder multiplicador si responden a una problemática percibida por todos.

Tenemos que ver el mundo en el que vamos a entrar como un mundo que puede ser totalmente distinto del actual, más que copiar del pasado tenemos que crear un futuro. Un futuro para el que, con la ayuda de Dios, confió en mis hijos, como cada uno de vosotros confía en los suyos. En Carlos, que trabaja en las relaciones internacionales con las comunidades europeas. En Jaime, dedicado al Servicio Diplomático, ahora en Irak después de haber estado en Bosnia. En Carolina, que después de haber trabajado para las Naciones Unidas en África, ha estado prestando ayuda en Palestina, en Gaza y en Jerusalén. Estos son testimonios de una juventud dedicada al trabajo y a la ayuda a la sociedad de una forma o de otra, pero como muchos otros miembros de la comunidad humana trabajan no solamente par sí mismos, sino también par ayudar al mundo. También, y no menos importante, la formidable ayuda de todos los carlistas que en España luchan por proponer nuevos cauces a una sociedad diferente. Al fin y al cabo el mundo no solamente tiene que cambiar, está ya cambiado, cada persona puede ser parte de este cambio.
En los 180 años del Carlismo su supervivencia puede sorprender a mucha gente. En realidad es debida a que siempre ha estado presentando soluciones que aunque no fueron aceptadas antes, se hacen hoy día necesarias. Y la suerte también es que por vez primera en 180 años, desde hace veinticinco disponemos de una Constitución que ampara las libertades, ya podemos proponer nuestras ideas legalmente, sin cortapisas y ésta es nuestra obligación de hacerlo dentro de la legalidad vigente, porque esta legalidad lo hace posible.

Ahora, esta mañana tenemos también que felicitar a nuestros amigos a los cuales he concedido la Cruz de la Legitimidad, la distinción creada por Don Jaime para quienes han destacado por su lucha, por la fidelidad, por la generosidad, por la entrega, por la alegría, por el sacrificio. Digo esto a los que han recibido la Cruz de la Legitimidad porqué sus ejemplos son más convincentes muchas veces que las ideas, porqué el testimonio es lo que transforma una idea y un ideal en una realidad vivida. Poco antes de terminar este acto, tomó de nuevo la palabra Don Jaime y dijo: Cumpliendo con la petición de mi padre hace 25 años, aquí en Arbonne, quiero hoy delante de esta representación del Carlismo en general anunciar que a partir de hoy, tres de mis hijos llevarán títulos exclusivamente carlistas. Carlos llevará el título de Duque de Madrid, Jaime el de Duque de San Jaime y Carolina el de Duquesa de Gernika. Y yo me reservo el de Conde de Montemolín".

jueves, 8 de enero de 2009

LA DINASTIA CARLISTA, OTRO ELEMENTO BASICO DE REFERENCIA

Toda organización necesita puntos de referencia y, es evidente que para el Pueblo Carlista la dinastía carlista, la legítima, cumple esa función de conexión. En el transcurso de nuestra historia, la importancia del factor dinástico es indudable y éste se ha de entender como presencia aglutinante, como un elemento positivo de arbitraje, garantía y defensa en la construcción y continuidad del movimiento carlista.

El Pueblo Carlista ha permanecido atento y vigilante para que el orden sucesorio se diera dentro de la legitimidad de ejercicio, porque era el “derecho” por él constituido que hacía invulnerables sus esencias de libertad. Frente a los exegetas de la dinastía usurpadora liberal que imponían en el normal mecanismo sucesorio doctrinas sobre exclusiones por la sangre, el pueblo carlista clamaba por el ejercicio del derecho consuetudinario, que anteponía la legitimidad de ejercicio que condicionaba ese derecho de automatismo de la sangre. De este “derecho popular” nacía el pacto, que constituía la fuente política del ejercicio democrático. Con este pacto y esta doctrina sucesoria o legitimista, los reyes carlistas se erigían en defensores de las libertades populares y se hacía posible esa simbiosis pueblo-dinastía capaz de afrontar los embates del liberalismo y del integrismo. En el Carlismo la legitimidad dinástica radica en el Pacto Pueblo-Dinastía, que se fundamenta sobre el consentimiento libre del pueblo carlista que ejerce su derecho de libre determinación, que tiene carácter universal y cuya inalienabilidad implica que no puede producirse, ni jurídicamente ni por la vía de los hechos, elección alguna que sea irreversible.

En diciembre de 1967, en Lisboa, Don Javier reunía el Capítulo de la Orden de la Legitimidad proscrita. Hacía más de cuarenta años que no se podía realizar una celebración de ese tipo, donde imponer las Cruces concedidas para premiar lealtades y méritos. En este acto, Don Javier recordaba a los presentes que “el Carlismo es más que un concepto de legitimismo. No defiende un derecho puramente histórico, sino la vigencia profunda de la autoridad legítima que sirva al bien común. Cumple unos deberes actuales, una misión plenamente actual. Si es legítimo por su origen lo es también porque se legitima cada día por su actuación."

En Portugal, el 3 de octubre de 1976, Don Carlos Hugo había dejado clara la postura sobre la monarquía. “No hay problema dinástico. Solamente lo habría si dos dinastías compitieran por el mismo trono. Mis metas, las de mi familia no son las de ocupar la jefatura de un Estado, a nuestro juicio autoritario, no democrático e históricamente superado. Nuestras metas son realizar una sociedad nueva, socialista y pluralista. En cuanto a la Monarquía lo plantearemos o no lo plantearemos, según veamos que en ese momento es útil o no al progreso histórico de la sociedad que creemos deseable para España. El problema de la monarquía no lo planteamos como una condición “a priori”, sino como posible complemento o superestructura de un planteamiento histórico revolucionario, que es la realización de una sociedad socialista y de autogestión. Ni yo ni mi familia renunciamos, por ello, a ninguno de los derechos que nos corresponden”.

A su regreso del exilio, don Carlos Hugo de Borbón-Parma declaraba: “No vengo a plantear ningún pleito dinástico, pero tampoco me propongo renunciar a ninguno de los derechos y deberes que me corresponden”. Los carlistas no planteamos un litigio dinástico, sino un pleito político, un proceso esencial de estructuración de abajo arriba de la sociedad y del Estado, que considera siempre que la sociedad y sus cuerpos intermedios son anteriores a la existencia de éste. Un Estado que no es un fin en sí mismo, sino un fin para algo, un algo que es el elemento humano, el garantizar y proteger los intereses de una población, que es la única causa que puede justificar su propia existencia.

El 13 de octubre del 2000, en Trieste, en el II Capítulo General de la Real Orden de la Legitimidad proscrita, Don Carlos Hugo de Borbón Parma añadió algunas consideraciones a las palabras de su padre en el I Capítulo, que reproduzco a continuación:

“La primera es que el Carlismo representa algo único en la Historia, la voluntad de un Pueblo que ha legitimado una Dinastía. Es un pacto entre el Pueblo y una Dinastía. ¿Y esto, qué implica? Implica que el Carlismo a lo largo de ciento setenta años ha hecho cuatro levantamientos, ha perdido cuatro guerras; y la peor perdida ha sido la última, porque no fue una guerra carlista propiamente hablando, y el Carlismo ha sido destrozado. El Carlismo ha sido destrozado pero no vencido. No hay ningún partido político en el mundo actual, ni uno, que tras tales circunstancias haya sobrevivido más de setenta años ¡y nosotros tenemos ciento setenta años! Esto significa que la Dinastía Legitima no busca su legitimidad únicamente en el derecho, aunque lo tenga allí, sino que la busca en el Pacto de la Dinastía con el Pueblo.

Muestra de ese Pacto es aquí, en la Basílica que hemos visitado esta mañana, donde reposan los restos de los reyes carlistas. Ellos no rompieron el Pacto. Estuvieron al lado del pueblo carlista, del pueblo español, para luchar por esas libertades fundamentales a las que nunca podrá renunciar el Carlismo: la Libertad del hombre, la Dignidad de los pueblos y la Justicia en el mundo.

En el momento actual en el que tanto se habla de mundialización, nosotros venimos a ofrecer una solución. Hoy en día el mundo entero está representado en las Naciones Unidas por más de ciento ochenta países, de los cuales las tres cuartas partes son países pobres. La mundialización, la construcción de una unidad mundial es absolutamente necesaria para el desarrollo de todos los pueblos. Pero mientras comprobamos esta necesidad, vemos también sus peligros: que se haga una mundialización a favor de los ricos y no se cuente con los pobres.

Y es la segunda cosa que os quería decir: para evitar la marginación de los más pobres el Carlismo rechaza un sistema mundial que no esté enfocado hacia el bien general y hace un llamamiento a todos los pueblos para que participen en una gran federación que sirva a la protección de la personalidad individual de cada uno como a la personalidad colectiva de todos los miembros de estos mismos pueblos.

Los pueblos de España no responden a una mediación aritmética, jurídica o cuantitativa; son unos pueblos que, con su bagaje histórico, constituyen la identidad de los hombres y de las mujeres que conviven en esas naciones y han formado y forman hoy en día España. Han hecho España. En esa misma línea de libertad de cada pueblo es la razón de estar acogidos y formar parte de la comunidad mundial con el respeto que se debe a cada uno y que proporcione a cada uno la posibilidad de ser dueño de su libertad y de participar de la responsabilidad mundial.

Esto es lo que queremos aportar y, también, lo que quería deciros en este momento en el que nos reunimos aquí para celebrar este acto. No preocuparos de lo que ha pasado, sino de lo que va a ocurrir. He estado muchos años en una universidad y he visto como la sociedad moderna ha comprendido que no puede seguir viviendo lamentándose de la situación actual sino pensando en lo que realmente se puede hacer y cuales son las metas.”

Al concluir este parlamento y tras serle impuesta la Cruz de la Legitimidad proscrita, Don Carlos Javier de Borbón Parma, espontáneamente, dirigiéndose a su Padre, pronunció estas palabras: “Aitá, Padre, haré lo posible para ser digno de tu ejemplo y, con Jaime, Margarita y Carolina recogeremos la Bandera para nuestra generación.”

El papel de árbitro de la situación es una función esencial que el carlismo ha reservado a la dinastía a lo largo de estos siglos, una posición de árbitro que ha de ser entendida por todas las partes. En algunas reuniones determinadas personas expresaban a don Carlos Hugo que mantuviera este papel, que no se decantará hacia ningún sector concreto, y que la posibilidad de acceder hasta él fuera independiente de la postura que adoptase cada uno y de las resoluciones que el partido pudiera tomar sobre personas y casos concretos. Sin duda, el pronunciamiento del Rey legítimo a favor de una tendencia, acabaría por alejar otros sectores. Algunos no entendieron este asunto correctamente y otros muchos, honradamente, no pudieron asumir un radicalismo que en ciertos momentos fue absolutamente pueril. Una época en que, como todos los partidos, el carlista padeció de un cierto mimetismo. Desde la perspectiva actual, pienso que determinadas actuaciones correspondían a la función de un secretario general del Partido y que él hubiera tenido que mantenerse más al margen de la disputas de cada día. La influencia que pudieron ejercer personas como el entonces secretario general del Partido, Pepe Zavala, pudo alejar a los defensores de otros criterios de táctica política.

Entiendo que el pensamiento político de don Carlos Hugo y su familia no difiere esencialmente de la línea política e ideológica que nosotros podamos elaborar en nuestros Congresos y Asambleas.

Publicado en el libro La lucha silenciada del carlismo catalán, bajo el epígrafe de Una presencia permanente. VII.- La dinastía carlista, otro elemento básico de referencia (Biblioteca Popular Carlista, núm. 17 , Ediciones Arcos, Sevilla 2007) y tomado de http://www.reflexioncritica.blogspot.com

miércoles, 31 de diciembre de 2008

PALABRAS PRONUNCIADAS POR SU MAJESTAD EL REY DON CARLOS HUGO EN EL II CAPÍTULO GENERAL DE LA REAL ORDEN DE LA LEGITIMIDAD PROSCRITA


Señores, hace unos treinta años, mi Padre, públicamente, en una reunión del pleno del Capítulo de la Orden de la Legitimidad, me concedió su Gran Cruz y desde entonces hemos luchado constantemente por la Causa del Carlismo.

Hoy me toca concederla a mi hijo y heredero Carlos (aplausos y vivas, mientras S.A.R. procede a imponer la Gran Cruz a su hijo, el Príncipe). Todos comprenderéis lo que esto significa para mí. Dentro de unos cuantos años, mi hijo hará lo mismo con su hijo y así seguidamente. Lo que yo quiero decir es que este gesto, como todo gesto, no es simplemente simbólico, sino que es la expresión de una actitud personal y el reconocimiento de una obligación, la obligación de servir una Causa, que es la Causa que el Carlismo ha servido siempre, la Causa de la Libertad, Dignidad y Autonomía de los pueblos, no solamente en nuestras tierras, sino en todas las tierras del mundo, porque sin Autonomía, sin Libertad, no puede haber Justicia y sin Justicia no puede haber Paz.
Yo quiero en esta ocasión que oigáis el texto de las palabras que mi Padre pronunció en el Capitulo General de la Orden de la Legitimidad, celebrado en Lisboa en diciembre de 1967. Dice así:

"Por primera vez desde hace más de cuarenta años esta reunido el Capitulo de la Orden de la Legitimidad proscrita.
Como veis, he concedido nuevas Cruces y me propongo seguir haciéndolo para premiar lealtades y méritos.
El Carlismo es más que un concepto de legitimismo. No defiende un derecho puramente histórico, sino la vigencia profunda de la autoridad legítima que sirva al bien común. Cumple unos deberes actuales, una misión plenamente actual. Si es legítimo por su origen lo es también porque se legitima cada día por su actuación."

Pero quiero añadir algunas consideraciones. La primera es que el Carlismo representa algo único en la Historia, la voluntad de un Pueblo que ha legitimado una Dinastía. Es un pacto entre el Pueblo y una Dinastía. ¿Y esto, qué implica?. Implica que el Carlismo a lo largo de ciento setenta años ha hecho cuatro levantamientos, ha perdido cuatro guerras; y la peor perdida ha sido la última, porque no fue una guerra carlista propiamente hablando, y el Carlismo ha sido destrozado. El Carlismo ha sido destrozado pero no vencido. No hay ningún partido político en el mundo actual, ni uno, que tras tales circunstancias haya sobrevivido más de setenta años ¡y nosotros tenemos ciento setenta años!. Esto significa que la Dinastía Legitima no busca su legitimidad únicamente en el derecho, aunque lo tenga allí, sino que la busca en el Pacto de la Dinastía con el Pueblo.

Muestra de ese Pacto es aquí, en la Basílica que hemos visitado esta mañana, donde reposan los restos de los reyes carlistas. Ellos no rompieron el Pacto. Estuvieron al lado del pueblo carlista, del pueblo español, para luchar por esas libertades fundamentales a las que nunca podrá renunciar el Carlismo: la Libertad del hombre, la Dignidad de los pueblos y la Justicia en el mundo.

En el momento actual en el que tanto se habla de mundialización, nosotros venimos a ofrecer una solución. Hoy en día el mundo entero está representado en las Naciones Unidas por más de ciento ochenta países, de los cuales las tres cuartas partes son países pobres. La mundialización, la construcción de una unidad mundial es absolutamente necesaria para el desarrollo de todos los pueblos. Pero mientras comprobamos esta necesidad, vemos también sus peligros: que se haga una mundialización a favor de los ricos y no se cuente con los pobres.

Y es la segunda cosa que os quería decir: para evitar la marginación de los más pobres el Carlismo rechaza un sistema mundial que no esté enfocado hacia el bien general y hace un llamamiento a todos los pueblos para que participen en una gran federación que sirva a la protección de la personalidad individual de cada uno como a la personalidad colectiva de todos los miembros de estos mismos pueblos.

Los pueblos de España no responden a una mediación aritmética, jurídica o cuantitativa; son unos pueblos que, con su bagaje histórico, constituyen la identidad de los hombre y de las mujeres que conviven en esas naciones y han formado y forman hoy en día España. Han hecho España. En esa misma línea de libertad de cada pueblo es la razón de estar acogidos y formar parte de la comunidad mundial con el respeto que se debe a cada uno y que proporcione a cada uno la posibilidad de ser dueño de su libertad y de participar de la responsabilidad mundial.

Esto es lo que queremos aportar y, también, lo que quería deciros en este momento en el que nos reunimos aquí para celebrar este acto. No preocuparos de lo que ha pasado, sino de lo que va a ocurrir. He estado muchos años en una universidad y he visto como la sociedad moderna ha comprendido que no puede seguir viviendo lamentándose de la situación actual sino pensando en lo que realmente se puede hacer y cuales son las metas.

(El Príncipe Carlos Javier, espontáneamente, dirigiéndose a su Padre, pronunció entonces estas palabras):

Aitá, Padre, haré lo posible para ser digno de Tu ejemplo y, con Jaime, Margarita y Carolina recogeremos la Bandera para nuestra generación. (Los asistentes puestos en pie, prorrumpieron en fuertes y prolongados aplausos).

lunes, 22 de diciembre de 2008

LA DINASTÍA DE LOS BORBONES DE PARMA Y SU PAPEL POLÍTICO


La Familia Real de los Borbones reinantes en Parma es heredera de las dinastías Capetas francesa y española y parte de ésta última, ya que los ducques de Parma han sido siempre Infantes de España. También es heredera de la dinastía italiana de los Farnesios reinantes en Parma.

Don Felipe, el fundador de la rama, hijo de Felipe V, primer Borbón español, y de Isabel, última de los Farnesios, inicia su reinado en Parma una vez firmado el Tratado de Aquisgran en 1848.

Sus descendientes los duques de reinantes permanecieron en Parma (salvo cuando el ducado es atribuído a María Luisa, la segunda esposa de Napoleón) hasta la unidad italiana. Entonces el último duque reinante, Roberto, todavía un niño, deja el ducado con su madre la Regente Luisa María, nieta de Carlos X de Francia.

Roberto de Borbón, Infante de España, combatió junto a su cuñado, Carlos VII de la línea sucesoria carlista, cuyos derechos a la Corona de España, según la ley sucesoria semi-sálica en vigor desde que los Borbones reinaran en España, defendiera con las armas en la mano. Participó, como coronel, al frente de un regimiento en la III Guerra Carlista.

Su hijo, el Príncipe Javier, hijo de la Infanta de Portugal María Antonia de Braganza, prestó servicio como oficial en el Ejercito belga en el curso de las dos últimas guerras mundiales. Intentó, siendo hermano de la Emperatriz Zita de Austria y primo carnal de la Reina Isabel de Bélgica, lograr una paz separada entre los Aliados y el Imperio Austro-Húngaro.

Salvando al Imperio se aseguraba una paz y un equilibrio desde entonces roto en Europa central. El proyecto fracasará por la nula comprensión de los Aliados.

Don Javier, que se casó en 1926 con Magdalena de Borbón, de la Casa Capeta de los Borbones-Busset, boda reconocida tanto por el jefe de la Familia, don Jaime de Borbón, como por el Duque Roberto de Parma, se dedica junto a su tío, don Alfonso Carlos (el último de los reyes carlistas de la rama mayor), al gobierno del Carlismo.

Será nombrado Regente por su tío, encargado por él de velar por la sucesión dinástica. De acuerdo con el deseo del anciano Rey y el derecho dinástico carlista, lo asumirá él mismo en 1952. Antes había tenido que hacer frente a su responsabilidad como responsable máximo del Carlismo en la guerra civil española. Expulsado de España por Franco, responsable entonces del "maquis" en Allier (centro de Francia) es deportado por los nazis sucesivamente a Natzweiler y Dachau.

A su vuelta, se hace cargo otra vez del gobierno del Carlismo, el partido popular más antiguo de España, nacido en 1833 para defender los derechos legítimos de Carlos María Isidro, el hermano de Fernando VII, y sobre todo los Fueros de los antiguos países de España, que constituyen para los carlistas el soporte de un Estado federalista, sobre la base de un pacto con el Rey, para defensa de las libertades populares (libertades colectivas) arrasadas por los regímenes semiautoritarios burgueses del siglo pasado y sus Constituciones meramente "semánticas" o formales.

Cuando el príncipe Javier asumió el mando del Carlismo, su participación en la guerra civil había sido motivada por la política antireligiosa de la II República.

A su vuelta de Dachau, preocupado por la paz civil y la necesaria reconciliación entre españoles, reemprende su tarea al frente del Carlismo y acepta su titularidad dinástica. En adelante, asociará cada vez más a su hijo y heredero, Carlos Hugo, entonces un joven economista y politólogo, al gobierno del partido, a su renovación, reorganización y evolución en pleno acuerdo con sus bases. El Carlismo se transforma en partido moderno democrático y progresista.

Desde 1957 hasta 1976, el príncipe Carlos Hugo es desde luego su líder, apoyado siempre (todos los documentos a lo largo de estos años dan fe de ello) por su padre y secundado por sus hermanas, las princesas María Teresa, Cecilia y María de las Nieves, y más tarde por su esposa Irene de Holanda, con la que se casó en 1964. Ejerce una pedagogía activa que permite a las capas populares que forman la base del partido, expresar en lenguaje moderno sus aspiraciones seculares en la línea de un humanismo cristiano y en la defensa y promoción de las libertades colectivas. Así, el Partido Carlista será de los primeros en reivindicar, por boca de don Javier, la libertad y la representación política, sindical y regional (I Congreso del Pueblo Carlista de 1970) contra la dictadura franquista y como fundamento de una futura democracia.

Cuando el dictador expulsa a don Carlos Hugo, junto a toda su familia en 1968, el partido con el que don Javier y don Carlos Hugo se mantendrán en contacto asumiendo su alta dirección, es ya un grupo organizado y militante, que opta por la lucha de masas, es decir la acción beligerante (manifestaciones, etc.) pero no la violenta, y de una democracia mucho más participativa (autogestión) que el modelo europeo, en el marco de un federalismo, única base a la vez sólida y flexible para mantener la unidad del país. Ejerce una influencia creciente sobre amplias capas de la sociedad, despolitizadas hasta entonces, angustiadas, para las cuales sirve de garantía de que la democracia venidera no sea opuesta ni a sus tradiciones ni a su fe.

El Carlismo conecta con la Iglesia, el Ejército, los Sindicatos y partidos clandestinos de la oposición. Trata de lograr su unidad. Sus dirigentes, su Familia Real, viajan al extranjero, participa en numerosos congresos, para dar cuenta de la situación española y suscitar un apoyo internacional a la naciente democracia.

El partido es fundador en 1975, junto al Partido Comunista, al Partido Socialista Popular y personalidades independientes, de la primera estructura parcialmente unitaria, la Junta Democrática. Se une luego a Coordinación Democrática, fundada por el Partido Socialista Obrero Español, antes de fusionarse ambas plataformas (Platajunta).

A partir de este momento el Gobierno y las fuerzas de la derecha franquista, las más retrógadas, se lanzan cada vez más contra él y su Familia Real, intentando intoxicar a la opinión pública, organizando un partido paralelo, la "Comunión Tradicionalista" de doctrina integrista. Finalmente, amparado por el Régimen lanza esta un ataque violento contra Montejurra, su peregrinación anual y también reunión política más importante en 1976. Habrá dos muertos carlistas. Pero el mundo entero, representado por los partidos clandestinos todos presentes y la prensa internacional, había sido testigo de la serenidad y sangre fría de los carlistas desarmados haciendo frente a elementos argentinos, italianos, franceses y españoles de la Internacional Fascista, integrados en los denominados "Guerrilleros de Cristo Rey".

El drama de Montejurra, organizado por el Régimen para asustar al pueblo español haciéndole creer que la opción democrática era peligrosa tiene un efecto contrario, le ha abierto los ojos, haciéndole ver la unidad de la oposición, garantía de la democracia venidera, como única salida posible. El Partido Carlista, por su opción cristiana, conducido a lo largo de su evolución por su príncipe ha permitido, junto a otras fuerzas y personalidades democráticas, que se iniciara una "clarificación ideológica" de la sociedad al nivel de las estructuras mentales, como más tarde de las estructuras políticas y de crear el consenso que hizo posible la Transición democrática.

Legalizado después de las primeras elecciones, privado del apoyo logístico internacional, no logra, como casi todos los partidos en lucha, una representación parlamentaria. Pero el Carlismo, tanto al nivel de personas no enmarcadas en ningún partido, como también el Partido Carlista, aún existe. Esta representado en los municipios del norte, presente en la prensa y en los movimientos de base.

El príncipe Javier de Borbón, que había abdicado en presencia de la Junta de Gobierno en 1975, en su hijo y heredero Carlos Hugo, murió en 1977, rodeado de la veneración de todos los carlistas que veían en él tanto un rey como un padre.

Su hijo ha dejado de ser presidente del partido, pero permanece como su príncipe e ideólogo, ya que publica, así como sus hermanas, artículos y libros que se refieren a su experiencia pasada, pero también a sus perspectivas de futuro, de un porvenir en el que cabe mantener la identidad de los pueblos y defender a los más desamparados, los del Tercer Mundo, en la perspectiva de la globalización.

La dinastía de los Borbones de Parma no ha faltado a su misión, tanto en España, como en Parma. Ha sabido convertir su herencia histórica en liderazgo moderno al servicio de los valores de libertad y de justicia, a pesar de las calumnias y de los desgarramientos que ha tenido que sufrir. Ha sabido preservar el derecho de los que eran fieles al porvenir.

Artículo procedente de la web: http://www.borbon-parma.net

lunes, 15 de diciembre de 2008

¿POR QUÉ LOS BORBÓN PARMA TIENE LA LEGITIMIDAD ESPAÑOLA PARA REIVINDICAR EL TRONO DE LAS ESPAÑAS?

Principalmente debido a tres cuestiones importantes:

1ª) Ante el fallecimiento de Alfonso Carlos I de Borbón, dejaba claro en su testamento que su sobrino Don Francisco Javier de Borbón Parma no tendría problema en el caso que quisiera heredar los derechos legítimos y dinásticos de la rama carlista, ya que era descendiente de carlistas que habían luchado en favor de dicha dinastía. Aunque se tratara de la rama menor descendiente directa de Felipe V, Duque de Anjou y Rey de las Españas, la legitimidad de Origen y de Ejercicio recae en la rama Borbón-Parma, debido a que las restantes ramas mayores de los Borbones exceptuando la propia carlista, hicieron armas contra la dinastía carlista desde Carlos María Isidro de Borbón hasta Don Alfonso Carlos I de Borbón.

2º) Alfonso "XIII" de España, exiliado por la República, procesado y condenado por sus Cortes, pensó ilusoriamente y atrevidamente que los derechos dinásticos de la rama carlista recaerían en él al convertirse en primogénito de los Borbones, así pues carlistas y alfonsinos intentaron llegar a un entendimiento, pero ello pasaba por el reconocimiento por parte de Alfonso "XIII" de la Dinastía y Rama Carlista de los Borbones, desde Carlos María de Borbón hasta Alfonso Carlos de Borbón, cosa que Alfonso "XIII" no hizo, haciendo comentarios demasiado molestos para los carlistas, como diciendo que él no iba a reconocer a la dinastía carlista, porque si hiciera eso su propio reinado en España no hubiera tenido ningún sentido ni legitimidad histórica alguna. Efectivamente no tuvo dicha legitimidad para los carlistas, puede que contara con la legalidad pero jamás con la legitimidad. Alfonso "XIII" pensó que la legitimidad histórica y monárquica carlista le caería como manzana madura, por su propio peso, pero su doblez ante Alfonso Carlos I de Borbón, le hizo llevarse un chasco, ya que existía otro príncipe con mayores derechos que él, su sobrino Don Francisco Javier de Borbón Parma, representante de la única rama borbónica que había combatido al liberalismo constitucionalista burgués, defendiendo siempre el tradicionalismo carlista y los derechos dinásticos de la Dinastía Carlista, desde Carlos María Isidro de Borbón, hasta Alfonso Carlos de Borbón.

3º) La puesta en evidencia de la monarquía instaurada por el régimen franquista en la persona de Juan Carlos, y las sucesivas maniobras que desvinculan la institución monárquica de las Leyes de Sucesión de la Corona, perdiendo evidentemente todas aquellas cualidades, legitimidades y justificaciones que la respaldaban, caen en saco roto por la deslegitimización histórica de la monarquía, ya que la actual familia reinante se rige, no por las leyes seculares históricas de la Monarquía Española, que hasta los propios monárquicos liberales hicieron cuanto pudieron por respetar el funcionamiento interno de la institución dinástica sino que se rige por nuevas reglas instauradas por una constitución, la de 1978, que legaliza la instauración de una oligarquía institucionalizada, pero ni mucho menos una familia real vinculada a la institución histórica que es la monarquía española, debido a la traición que la familia reinante ha hecho al prescindir de las leyes seculares y tradicionales de la monarquía española, por un lado la Ley Sálica de Felipe V, defendida por los carlistas, por otro la Pragmática de Matrimonios de Carlos III, con lo cual los herederos de Felipe, Cristina y Elena no tendrían ningún derecho a ocupar el Trono de las Españas.

Por estos hechos, hoy se ven reforzadas las reivindicaciones de la Dinastía Carlista para ocupar legitimamente el Trono de San Fernando.

Del blog: El Carlismo contra La Globalización http://elcarlismocontralaglobalizacion.blogspot.com