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sábado, 23 de octubre de 2010

FUNERAL PER S.M. DON CARLOS HUGO A VALÈNCIA//FUNERAL POR S.M. DON CARLOS HUGO EN VALENCIA


València, Octubre de 2010

Estimat amic: El passat 18 d´Agost va a morir a Barcelona En Carles Hug de Borbó-Parma. Un grup de carlistes valencians vam asistir a la misa que es va celebrar al sendemà de la seua mort, junt a tota la familia Borbó-Parma i prop de tres-cents carlistes.

Recordar, reivindicar i inscriure la memoria de Carles Hug, i la de tots aquells que lluitarem amb ell, en la memoria històrica de la Espanya democrática ens correspon a nosaltres, als que visqueren i compartirem amb ell un desig de llibertad. Recordar la seua contribuciò per reconvertir el Carlisme –el més vell partit de les Espanyes- en un moviment operatiu en la lluita contra el franquisme, és reviure la trajectòria personal de molts de nosaltres. Reivindicar la trajectòria del Carlisme, personificada en Carles Hug, és reivindicar la nostra aportació al canvi democràtic.

El proper dimecres dia 27 d´octubre, a les vuit de la nit, celebrarem una missa per la seua ànima i en el seu record, a la Capella del Sant Calze de la Catedral de Valencia.

També el proper 6 de novembre, dissabte i a les 12 del migdia, es celebrarà un solemne funeral a l´església de Sant Francesc de Borja de Madrid. El mateix dia i a les sis de la vesprada hi haurà un acte acadèmic a l´Ateneu de Madrid amb la participació de diverses personalitats del món de la universitat, la historiografia i la política (Raúl Morodo, Rafael Borrás, Manuel Martorell, María Teresa de Borbó-Parma...).

Marisa MARTIN, Frederic TORRES FERRANDO,
Antoni TORRES FERRANDO, Amadeu CISCAR, Josep Manuel

MIRALLES, Conxa CALVET, Josep Manuel SABATER



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Valencia, Octubre de 2010


Querido amigo:

El pasado 18 de Agosto fallecía en Barcelona Carlos Hugo de Borbón-Parma. Un grupo de carlistas valencianos asistimos a la misa que se celebró al día siguiente de su muerte, junto a toda la familia Borbón-Parma y cerca de trescientos carlistas.

Recordar, reivindicar e inscribir la memoria de Carlos Hugo, y la de todos aquellos que luchamos con él, en la memoria histórica de la España democrática nos corresponde a nosotros, los que vivimos y compartimos con él un deseo de libertad. Recordar su contribución para reconvertir al Carlismo -el más viejo partido de las Españas- en un movimiento operativo en la lucha contra el franquismo, es revivir la trayectoria personal de muchos de nosotros. Reivindicar la trayectoria del Carlismo, personificada en Carlos Hugo, es reivindicar nuestra aportación al cambio democrático.

El próximo miércoles día 27 de octubre, a las ocho de la noche, celebraremos una misa por su alma y en su recuerdo, en la Capilla del Santo Cáliz de la Catedral de Valencia.

También el próximo 6 de noviembre, sábado y a las 12 del mediodía, se celebrará un solemne funeral en la iglesia de San Francisco de Borja de Madrid. El mismo día y a las seis de la tarde habrá un acto académico en el Ateneo de Madrid con la participación de diversas personalidades del mundo de la universidad, la historiografía y la política (Raúl Morodo, Rafael Borrás, Manuel Martorell, María Teresa de Borbón -Parma ...).


Marisa MARTIN, Federico TORRES FERRANDO,
Antonio TORRES FERRANDO, Amadeu CISCAR, Josep Manuel
MIRALLES, Conxa CALVET, Josep Manuel SABATER

miércoles, 7 de abril de 2010

HOMENAJE A DON CARLOS HUGO DE BORBÓN-PARMA


Don Carlos Hugo de Borbón-Parma cumplirá 80 años el próximo día 8 de abril. Son 80 años de una vida fecunda y que ha dedicado íntegramente al servicio de las Españas, más allá de los estrechos límites que establecen las visiones partidistas.


Desde su infancia fue educado en una vocación de entrega a España y a los españoles a través de lo que significaba el credo Carlista, que su padre, el recordado D. Javier, encabezaba. Siendo niño todavía vivió las consecuencias del enfrentamiento de su padre con el dictador Franco, que se saldó con la expulsión de D. Javier del territorio ocupado por los nacionales y su regreso al exilio francés. Más tarde le tocó vivir igualmente las secuelas del compromiso antinazi de D. Javier, con su internamiento en el siniestro y tristemente conocido campo de concentración de Dachau. Todo ello forjó en él una profunda convicción democrática y antiautoritaria, que había de dar sus frutos en sus posteriores andaduras.


A partir de su aparición pública en Montejurra de 1957, su compromiso con el Carlismo y con España ha sido inquebrantable. Más allá de las consideraciones dinásticas, se ha tratado de una vinculación personal, producto de su profundo amor por este país, por sus gentes, por las naciones que lo conforman, y de su decisión de contribuir con su esfuerzo a la mejora en todos los órdenes de la situación de penuria material, política, cultural y espiritual por la que atravesaban. Esta decisión se manifiesta nítidamente en su primer discurso en Montejurra 1957 y ha vertebrado toda su actuación posterior.


Don Carlos ha dado al Carlismo una perspectiva actual y lo ha convertido en un movimiento con una visión progresista, dejando atrás viejos planteamientos reaccionarios, descubriendo las raíces populares y antioligárquicas del viejo y glorioso Partido. En la lucha por conseguir hacer del Carlismo un movimiento político dinámico y acorde con la realidad de su tiempo puso a contribución toda la riqueza de su formación académica y toda la cultura que había ido acumulando. Logró, sin más desgarramientos internos que los inevitables, llevar al Partido Carlista, como le había encomendado su padre, a un puesto en que podía enfrentarse sin ninguna vergüenza a los grandes retos de nuestro tiempo. Y todo ello sin renunciar un ápice a su historia y a su trayectoria, pero sabiendo encontrar en las mismas los gérmenes de una ideología socialista y federalista.


Desde la plataforma que le brindaba su posición de heredero de la dinastía que ha encabezado el Carlismo durante más de 175 años, supo hacer todo lo posible para la reconciliación y el encuentro de los que, habiendo estado enfrentados en la Guerra Civil, tenían en común la esperanza de una España democrática y en que los antagonismos cainistas fueran superados. El Partido Carlista se enfrentó a los fascistas que dominaban las calles en los años cuarenta y cincuenta. Estuvo en el nacimiento de CCOO. Brindó refugio y amparo en sus Círculos Culturales a todos los que no encontraban otro medio ni sitio para reunirse. Convirtió sus actos públicos (Montejurra, El Quintillo, Begoña, Montserrat) en altavoces para denunciar la carencia de libertades de todo tipo que sufrían España y los españoles. Por fin, Don Carlos estuvo en el nacimiento de la Junta Democrática, y el Partido en el de la Plataforma Democrática. Siguiendo sus consignas los Carlistas se aplicaron a conseguir la unidad de todos los demócratas en un solo organismo unitario, lo que al fin se consiguió con Coordinación Democrática. Igualmente, sus consignas sirvieron para que el Partido Carlista de Cataluña participase en la Coordinadora de Fuerza Política de Cataluña y en la Asamblea de Cataluña. Todo ello le costó un nuevo destierro, junto con los restantes miembros de su familia, destierro del que no pudo volver al mismo tiempo que otros exiliados, estando vetada su presencia en España hasta después de las elecciones generales de junio de 1977.


Don Carlos nunca pasó factura por todas las dificultades que le sobrevinieron a consecuencia de su compromiso con el pueblo español. Y hay que resaltar que tales dificultades no han sido pocas ni livianas. Se vio aislado de sus pares de la realeza europea por su compromiso progresista. Entregó de tal manera, no sólo su persona, sino su patrimonio a la lucha por la libertad, que actualmente lleva una existencia muy modesta y alejada de todos los lujos y oropeles.


Cuando creyó que su presencia era un obstáculo, se retiró discretamente del primer plano y se dedicó a una actividad docente en la señera Universidad de Harvard, donde a lo largo de más de veinte años ha realizado su vocación académica, colaborando con el eminentísimo economista Dr. Galbraith. Esta etapa silenciosa de su vida ha contribuido a reafirmar, afianzar y ampliar su compromiso con la libertad, el progreso, los derechos humanos y todo lo que significa la democracia. Todo ello ha configurado una personalidad irrepetible, inconcebible en un hombre de su extracción social (pero, por otro lado, muy coherente con lo que ha sido la línea de los sucesivos Abanderados del Carlismo) y de un valor incalculable humano, político, cultural y académico. En los últimos años, centrado en las consecuencias del fenómeno de la globalización, trabajando intensamente sobre ello y tratando de encontrar una respuesta realista y positiva a las consecuencias de explotación a nivel universal que provoca. En suma, tan rica, completa y polifacética personalidad es un lujo desperdiciado para España.


Ahora que cumple 80 años, sus amigos, admiradores y partidarios queremos rendirle un homenaje que le compense de tantos sinsabores como le ha costado su compromiso y su comportamiento a lo largo de su vida. Sabemos que tiene el apoyo de su Familia (sus hijos y sus hermanas Dª. Mª. Teresa, Dª. Cecilia y Dª. Mª. de las Nieves), pero queremos que toda su familia espiritual, empezando por “La Gran Familia Carlista” y continuando por todos los demócratas que han sabido y han seguido su irreprochable trayectoria, nos unamos a él en tan significada fecha para declarar nuestra solidaridad con su lucha y desearle muchos años más de vida fecunda.


Para este fin hemos previsto la celebración de una serie de actos que tendrán lugar en Tarragona el 11 de abril del 2010, cuyo programa será el siguiente:


10,45 horas Santa Misa, concelebrada, en la Iglesia Parroquia de San Agustín Rambla Vella,12.


12,00 horas Recepción en el Salón de Plenos del Ayuntamiento Plaza de la Font, 1. El Jefe de Protocolo recibirá en la puerta del Ayuntamiento y Acompañará hasta el salón de Plenos donde el Teniente de Alcalde dirigirá unas palabras.

Palabras de S.A.R. don Carlos Hugo de Borbón-Parma.


Posibilidad de adherirse a las campañas:


Tarragona 2016 Candidatura a Capital Europea de la Cultura

www.tarragona2016.org


Tarragona 2017 Candidatura a los Juegos Mediterráneos

http://www.tarragona2017.org


13.45 horas Comida en el Salón Noble del Hotel Husa Imperial Tarraco Paseo Palmeras, s/n

Palabras de Bienvenida a la Familia y a los asistentes.

Palabras de S.A.R don Carlos Hugo de Borbón-Parma.


Convocamos a todos los que se consideran amigos, admiradores y partidarios de D. Carlos Hugo a participar en ellos.

miércoles, 1 de abril de 2009

UN REY ANTE LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA


Este mes de Abril al conmemorarse la proclamación de la II República en España, muchos se acordaran de la salida por Cartagena de Alfonso, llamado el XIII o se les representara la conocida foto de la Puerta del Sol de Madrid ese 14 de Abril de 1931, pero muchos desconocerán por ignorancia interesadamente fomentada que el Rey de las Españas, Don Jaime III, entonces exiliado en la Francia de la III República, (circunstancia esta que contrasta con la elección de la Italia Fascista como lugar de exilio por parte de Alfonso, llamado el XIII) y que un año antes declinó la invitación de don Miguel de Unamuno para sumarse al pacto de San Sebastián, publicó un manifiesto saludando la proclamación de la República e indicando los derroteros que debían tomar los gobiernos del nuevo régimen para consolidarse pacíficamente en España.

Su Majestad, don Jaime III, publicó su manifiesto el día 23 de Abril de 1931, es decir, nueve días después de proclamada la república y en el mismo proponía, entre otras cosas, la convocatoria de un referéndum para decidir sobre la forma de gobierno en España (Monarquía o República) y la adopción de una ley electoral de carácter proporcional íntegra semejante a la existente en otros países europeos de primera línea.

En el mencionado manifiesto, don Jaime III solicita a los carlistas que “colaboren con el gobierno provisional en prevención de explosiones de desórdenes callejeros, para poder llegar el Gobierno, respetando las libertades esenciales, a la convocatoria de unas Cortes Generales Constituyentes, que son hoy una necesidad imprescindible y uno de los principios esenciales de nuestra actuación en los últimos años así como ha sido siempre el fundamental objeto de nuestra política realizar la federación de las distintas nacionalidades ibéricas.”

Igualmente, dirigiéndose especialmente a los carlistas les insta a promover “la organización de un gran partido monárquico, federativo, anticomunista, defensor de las grandezas patrias, intensamente progresivo, amigo de las reformas sociales y que coloque a la Iglesia y al Ejército en su verdadero lugar, lejos de toda política”.

Por su parte, dirigiéndose al gobierno provisional y a los líderes de la recién proclamada república, el Rey Jaime III, les pide que elaboren una ley electoral, apartada del caciquismo imperante en el derrocado régimen y en la que se “adopte el único sistema de escrutinio que permite aprovechar hasta el último voto de todos los ciudadanos: la representación proporcional íntegra, usada en las grandes naciones europeas. En estas elecciones, deben pronunciarse, de un modo definido, sea por la República, sea por una Monarquía renovada, progresista, ampliamente descentralizada, que no ofreciera ningún punto de contacto con el antiguo sistema, precisamente a causa de la creación de las grandes administraciones federales en las distintas regiones hispanas”.

No deja don Jaime de mostrar su preferencia por la forma de gobierno monárquica pero tajantemente termina su manifiesto afirmando que “si la voluntad nacional, libremente expresada, se pronunciara a favor de la República, yo pediría a los monárquicos que colaborasen en la obra inmensa que es construir la federación de la nueva España, dispuesto siempre a renovar, en los momentos críticos, el ofrecimiento de mi persona que hago a España”.

Lamentablemente, las propuestas de don Jaime no fueron atendidas en lo más mínimo. La II República, poco antes de cumplir su primer mes de vida, desbarraba hacia el caos y la violencia callejera que tuvo su primera manifestación en la quema de iglesias y conventos el 10 de Mayo de 1931 y a fines de ese mismo año, promulgaba una constitución que, ignorando la realidad social española, institucionalizaba un fuerte y agresivo sectarismo que, rozando lo ridículo, alejaba a la mitad de los españoles del nuevo régimen y sembraba los vientos que habrían de traer la tempestad de la guerra civil de 1936 a 1939.

Tomado del blog "El Chouan Ibérico" http://www.elgritodelalechuza.blogspot.com

viernes, 20 de marzo de 2009

IN MEMORIAM ¡¡VIVA EL REY JAVIER I!!

En el año 2007, se conmemoró el trigésimo aniversario del fallecimiento de quien fuera el REY (así, con mayúsculas) de las Españas, don Javier I de Borbón-Parma quien, por su conducta personal y política, ha sido y es uno de los pocos príncipes que en Europa merecen el adjetivo de GRANDES.


Don Javier vino al mundo en la Toscana italiana el 25 de Mayo de 1889 siendo bautizado cinco días después con el nombre de Javier en honor del Santo Patrón de Navarra y por expreso deseo de su padre don Roberto de Borbón-Parma quién había combatido en la Tercera Guerra Carlista.


España y el carlismo constituyen partes importantes, y posiblemente fundamentales, de la vida política de Don Javier, pero no las únicas porque como príncipe Europeo no dio la espalda a los acontecimientos que amenazaban el continente teniendo una vida repleta de sacrificios y actividades políticas y militares dignas de verse reflejadas en una novela de aventuras. Así, en el año 1900 participó en una conspiración monárquica en Portugal que pretendía restaurar la monarquía apartando a dicho país de la alianza servil suscrita con la Gran Bretaña y que llevaría siete años después al país vecino a entrar en guerra y a sacrificar más de seis mil vidas portuguesas.


Al estallar la primera guerra mundial, en vez de refugiarse en la comodidad y en la seguridad de un palacio y dando el máximo ejemplo de que “Nobleza Obliga” se alista en el ejército belga desoyendo las órdenes del entonces Rey de España y Jefe de la Casa Borbón, don Jaime III, quien ordenaba a los españoles y a los carlistas que mantuvieran la más estricta neutralidad ante el conflicto y asumiendo que al tomar partido por “la pequeña y católica Bélgica” se enfrentaba no sólo al Imperio Alemán, sino también al Católico Imperio Austrohúngaro de cuyo Trono era heredera por matrimonio con don Carlos de Austria su hermana, doña Zita de Borbón Parma. En el ejército belga adquiere el grado de capitán de artillería contribuyendo a retrasar diez días el avance alemán por Bélgica lo que, junto con el ataque ruso sobre Prusia Oriental, hizo posible el “Milagro del Marne”. Tras el hundimiento del frente belga, continuó combatiendo en el frente Francés en el sector de Flandes hasta 1917, año este, en que a petición del Papa Benedicto XV, encabezó, junto con su hermano mayor Sixto, una misión diplomática secreta tendente a separar el imperio Austrohúngaro de su suicida alianza con el Imperio Alemán, lo que hubiera favorecido una paz separada con Austria-Hungría, su continuación como potencia centroeuropea y el final de la guerra.


Al terminar la guerra mundial, siguió atento a la política europea, señalando las graves consecuencias que en el futuro tendrían los tratados de paz de 1919 y oponiéndose a las tendencias totalitarias que triunfaban en Italia y Alemania. En 1936, por delegación del Rey Alfonso Carlos I y con grandes reparos autoriza, el 14 de Julio, la adhesión carlista a la sublevación militar del general Mola siendo nombrado el 5 de Agosto de 1936, General de División de los Reales Ejércitos.


El 28 de Septiembre de 1936, al fallecer el Rey Alfonso Carlos I atropellado por un camión militar alemán en Viena, accidente éste que, posiblemente fuera fraguado por los Servicios Secretos franquistas en colaboración con la GESTAPO, don Javier accede a la jefatura del carlismo en calidad de Regente cruzando la frontera española en dos ocasiones: la primera, en 1937, para visitar a su hermano Cayetano, alistado en el Tercio de Requetés “Navarra” con el nombre de Gaetán de Lavardín y herido en los combates desarrollados en torno a Bilbao durante la campaña del Norte. La segunda, en noviembre de 1937, para declarar expulsados del Carlismo a cuantos habían apoyado el Decreto de Unificación de 1937, que fusionaba en un único partido político, FET y de las JONS (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista) a carlistas y falangistas, y para entrevistarse personalmente con Franco para protestar por dicho Decreto. Visita el frente del Norte y Andalucía (Jerez, Sevilla y Granada). Es en la ciudad de la Alhambra donde recibe la orden de abandonar España, decisión por la que nuevamente protestará personalmente ante Franco. Marcha a Portugal, primero, y a Francia después, fijando su residencia en el castillo de Bostz en 1938. Tras el final de la Guerra Civil, se da la paradoja de que el carlismo, facción política integrante de la coalición de fuerzas que gana la guerra, es perseguido y hostigado por el nuevo régimen (expropiación de bienes, locales, periódicos, encarcelamientos, etc.).


Al estallar la II Guerra Mundial en 1939, sirve como Coronel de Artillería en el ejército Belga tras la invasión alemana del país, se retira a San Juan de Luz, en Francia, donde permanece hasta la llegada de los alemanes a la ciudad. Al serle denegada la entrada en España por el régimen franquista, marcha a la zona de la Francia no ocupada, donde ingresa en la Resistencia Francesa ayudando a los evadidos aliados primero y dirigiendo después, en la zona del Alliers, una guerrilla de unos cien hombres. El 22 de Julio de 1944 es capturado y condenado a muerte aunque no es ejecutado siendo trasladado a la cárcel de Clermont-Ferrand, primero, y al campo de exterminio de Natzweiler, en Alsacia, después. Estará allí hasta que el avance de los Aliados provoca la evacuación del campo y el traslado al de Dachau. Allí, tras ser dado por muerto por un médico alemán, le es hecha una trepanación sin anestesia por un médico judío para curarle de una mastoiditis aguda. Nuevamente es evacuado de Dachau ante el avance de los Aliados y trasladado a Prax, en el Tirol. Será finalmente liberado, por tropas estadounidenses procedentes de Italia, el 8 de mayo de 1945.


El 26 de junio de 1950, continuando en su condición de Regente del Carlismo y en abierta oposición al General Franco y a su régimen; jura los fueros vascos bajo el árbol de Guernica y ordena que se deje de calificar a Vizcaya y Guipúzcoa de “Provincias Traidoras”. Un año después, en diciembre de 1951, jura los fueros catalanes en Montserrat. En mayo de 1952, tras ser persuadido de la necesidad de ser nombrado rey por el Consejo Nacional de la Comunión Tradicionalista, acepta concluir los dieciséis años de regencia siendo proclamado rey de España en Barcelona. Poco después es expulsado de España. Envía entonces a sus hijos a España, siendo especialmente relevante el papel de su hijo Carlos Hugo, que se dirige a los españoles por primera vez en calidad de príncipe de Asturias el 5 de mayo de 1957, en Montejurra (Navarra).

En enero de 1965, don Javier convoca a la Junta Nacional Carlista en el castillo austriaco de Puccheim y les expone las líneas maestras de la nueva línea ideológica que habría de seguir el movimiento y que se caracterizaría por su férrea oposición al Franquismo y por el Federalismo en lo político y por un “Socialismo” no marxista y de corte autogestionario en lo social. El 26 de diciembre de 1968, la familia real carlista es expulsada nuevamente de España, so pretexto de que "incumplen las disposiciones que regulan la residencia de extranjeros en España". Al mismo tiempo que desarrolla su actividad carlista, circunscrita al marco español, no abandona su interés por la política y la sociedad internacional participando activamente en el Concilio Vaticano II donde tuvo una relevante influencia y una frenética actividad entre bambalinas.


En febrero de 1972, tras sufrir un grave accidente de tráfico, concede plenos poderes a su hijo, Carlos Hugo, para dirigir el Partido Carlista, y el 20 de abril de 1975 abdica en él.


Dos años después, el 7 de Mayo del 1977 y mientras los carlistas se reunían en su acto político anual de Montejurra, fallecía, en la ciudad suiza de Coira (Chur), en el cantón suizo de Graubünden, a los 87 años de edad el HOMBRE que hubiera cambiado para bien la historia de España y el REY que habría sido la envidia del mismísimo Cid por ser el siempre reclamado “BUEN SEÑOR”.

Tomado del blog: “El Chouan Ibérico”

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martes, 10 de febrero de 2009

UN DEBATE IRREAL

“Seguiré luchando por la tercera república española y malditas las guerras y canallas los que las apoyan”. Con estas lacónicas palabras comenzaba don Julio Anguita, pocas horas después de enterarse de la trágica muerte de su hijo en Irak, una conferencia con motivo del aniversario de la República Española de 1931. Sin duda la afirmación relativa a la guerra se puede y se debe compartir pues recordando a Herodoto “no hay nadie que en su sano juicio prefiera la guerra a la paz porque en tiempos de paz, los hijos entierran a sus padres y ello resulta normal; mientras que durante las guerras son los padres los que entierran a sus hijos y ello, alejado de toda normalidad, resulta antinatural”, pero la mención a la forma de gobierno, monárquica o republicana, siempre es cuestionable y en cualquier caso no se puede aceptar una u otra alegremente sin que existan unos mínimos análisis y estudios de los que, por otro lado, tanto agradan al dirigente comunista.

No cabe duda que la creciente aparición de banderas tricolores en las pasadas manifestaciones antibelicistas supone un revulsivo y un escándalo para los beatos de la monarquía encastillados en cierta centenaria corte de papel que apresuradamente comenzaron una denodada defensa de la institución monárquica personificada en Juan Carlos de Borbón; no obstante, todo este debate sobre la Monarquía o la República, aparece como irreal y ficticio por no decir claramente que resulta inútil y estéril.

Es innegable que la república tiene sus ventajas sobre la monarquía, así como también es innegable que la monarquía tiene sus ventajas sobre la república siendo una de ellas, cuando no la fundamental y única, que la función del monarca es constituir una magistratura que, estando por encima de toda opción y ambición política y económica (que no por encima de la ley), conserve la prerrogativa de garantizar en último extremo los derechos de los más desfavorecidos frente a todo abuso de los poderes políticos o económicos y sirva de garantía infranqueable frente a todo desviacionismo de la acción de gobierno hacia la tiranía y la ilegalidad. Pero hoy en día la cuestión no es esa, no es hacer grandes y eruditas disertaciones propias del clasicismo o del renacimiento sobre las formas de gobierno, hoy la cuestión es menos sabia y más grosera. En el mundo actual todo esta mezclado y confundido, no hay formas de gobierno puras y toda forma de estado responde a intereses espurios en los que el pueblo solo es un convidado de piedra en el carrusel electoral.

Si se observa y analiza la república moderna más antigua existente encarnada por Estados Unidos de América, vemos en ella elementos comunes a todos los estados occidentales contemporáneos con independencia de que se trate de monarquías o repúblicas. En ella el pueblo es convocado a las urnas con periodicidad y teóricamente cualquier ciudadano puede acceder a la Presidencia de la República, pero hay datos objetivos que no pueden dejar de llamar la atención como es el hecho de que en la República de los Estados Unidos el poder político esta en manos de algunas familias que históricamente han intervenido directa o indirectamente en el gobierno desde su independencia en 1776, así podemos citar entre otras muchas a la familia Roosvelt que dio dos presidentes y numerosos graduados en West Point, a la familia Kennedy que dio un presidente, varios candidatos a la presidencia y multitud de políticos menores (diplomáticos, senadores...), a la familia Bush, con otros dos presidentes proporcionados al emergente imperio y algún que otro Gobernador. A este hecho hay que añadir que los presidentes norteamericanos deben su acceso a la presidencia a grupos económicos y financieros encarnados también por un número reducido de familias como la Rockefeller (que también desempeña actividades políticas directas), la Morgan, la Vanderbilt, la Hearts, la Carnegie... que controlan poderosas multinacionales y medios de comunicación y que imponen la política a seguir al mismísimo gobierno a cambio de su apoyo siendo la forma de gobierno que realmente rige en Norteamérica no una república ni una monarquía sino una verdadera aristocracia en la que los intereses del pueblo resultan irrelevantes no gobernando por y para el interés general y bienestar común sino para el interés particular de esa misma aristocracia político-económica.

Por lo que respecta a nuestro país (que francamente, es el único que me interesa), a pesar de que la Constitución de 1978 viene a confirmar como forma de gobierno la monarquía que fue instaurada por voluntad exclusiva de “Su Excelencia” en 1969, viene a suceder lo mismo que en la anteriormente mencionada República Norteamericana y que en las demás repúblicas y monarquías del Hemisferio Norte. En Las Españas, desde hace más o menos doscientos años, el poder político es patrimonio casi exclusivo de unas pocas familias que, capeando incluso muy sangrientas turbulencias políticas, han mantenido siempre su presencia política con monarquías, repúblicas y dictaduras. Estas familias entre las que se encuentran los Aznar, los Suárez, los Cabanillas, los Fernández Cuesta, los Primo de Rivera, los Calvo Sotelo, los Morán, etc. ... perpetúan sus cargos transmitiéndoselos a sus descendientes y llevando una muy interesante táctica de enlaces matrimoniales entre ellos que les permiten conservar siempre su influencia con independencia del partido que resulte vencedor en las elecciones. A estas familias “políticas” hay que añadir la existencia de otras familias “económicas” que se perpetúan en la vida económica del país del mismo modo y que aportan el apoyo financiero, económico y mediático al poder político para que éste gobierne en beneficio de sus intereses. Así podemos observar con estupor que nuestra política europea esta dirigida por grupos financieros e industriales, nuestra reciente política internacional en Oriente Medio, concretamente en Irak, ha estado condicionada gravemente, desde 1991, por los intereses económicos de las petroleras y constructoras españolas y que las relaciones diplomáticas con los países hispanoamericanos esta en su práctica totalidad en manos privadas, en manos de empresas multinacionales como Telefónica, el Banco Bilbao-Vizcaya o el Banco Santander Central Hispano. También resulta claramente manifiesto que la política interior ejecutada por el gobierno central o por los gobiernos autonómicos no es efectivamente elaborada y planteada por el Congreso de los Diputados, por las Cámaras Autonómicas o por el Consejo de Ministros sino por ciertos consejos de administración de entidades financieras y empresariales.

Así pues, atendiendo a estos hechos difícilmente cuestionables, la discusión sobre la Monarquía o la República resulta un debate altamente irreal, no tanto por la verdaderamente escasa militancia monárquica o republicana como porque, hoy en día, ni la República es sinónimo de libertad ni la Monarquía equivale a estabilidad. Actualmente ha quedado sobradamente probado que tan bananera puede ser una Monarquía como una República y que tan criminal y tiránica puede ser una República como una Monarquía, siendo el sistema de gobierno universal que impera en todos los estado occidentales sin excepción un sistema neoaristocrático nacido de una muy provechosa simbiosis entre un reducido número de familias que ejercen el poder o la influencia política y otro numero igualmente reducido de familias que disponen del poder y la influencia financiera y económica.

(Artículo tomado del blog www.elgritodelalechuza.blogspot.com)

lunes, 26 de enero de 2009

¿QUE ES LA MONARQUÍA POPULAR?

La Monarquía, es el sistema político creado por el pueblo para defenderse contra los abusos de los poderosos, de ahí que la principal misión del Rey es hacer justicia. ¿Que tiene la Monarquía para que el pueblo haya visto en ella una garantía de justicia?: La forma de sucesión, pues al estar basada en la legitimidad familiar hace que el Rey deba su poder a todo el pueblo, no a un grupo poderoso. ¿Que fuerza tienen entonces los argumentos antimonárquicos de "por qué ha de gobernar el hijo" o "si el heredero es tonto"? Son alegatos burgueses que quieren ocultar que el que suceda precisamente el hijo es la garantía del pueblo frente a los poderosos, y que si el heredero es "tonto" no gobierna, como ya ha ocurrido en la historia, y el derecho pasa al designio en la Ley de Sucesión, fijada con intervención del pueblo". Entonces ¿el Rey, reina y gobierna?: Claro; si sólo reinase sería una figura decorativa, y de lo que se trata es de que administre justicia".

Artículo tomado de www.monarquiacarlista@blogspot.com

domingo, 18 de enero de 2009

PALABRAS DE SU MAJESTAD EL REY DON CARLOS HUGO EN EL ACTO DE IMPOSICIÓN DE CRUCES DE LA ORDEN DE LA LEGITIMIDAD PROSCRITA, CELEBRADO EL DOMINGO DÍA 28

"Quería deciros, en primer lugar, que esta mañana durante la Misa me di cuenta de la suerte que tenemos todos de ser cristianos, de haber nacido después de la venida de Cristo en el mundo, y de poder ver nuestra vida no como una vaga esperanza lejana, sino como una certidumbre de que todo lo que hagamos en la vida, sea grande o pequeño, tiene sentido porque Dios pone todo esto al servicio de la sociedad.

No somos nosotros los que tenemos el poder multiplicador de nuestra actuación, es Él, el que utiliza nuestras acciones y nuestras ideas para el servicio del mundo. Lo digo aquí, en el aniversario del fallecimiento de mi padre, el Viejo Rey Javier para los carlistas, porqué fue un hombre que desde joven participó en todas las luchas que ha habido, siendo un hombre personalmente pacífico. Empezó en la sublevación de Portugal, antes de la Primera Guerra Mundial desde el inicio al final en el Ejército Belga, después estuvo en la preparación de la guerra civil nuestra, después en la resistencia a la ocupación nazi en Francia, luego en el campo de concentración, y ya un año después, al volver de aquél, volvió a cruzar la frontera clandestinamente hacia España, por el Bidasoa, para poder tomar contacto con los carlistas que en España estaban contra el Régimen o, mejor dicho, a favor de una evolución democrática del mismo. Es decir, que ninguna pena, ningún peligro, ningún dolor, ninguna amenaza le paró en el cumplimiento de su deber. Y esto lo hizo como hombre, como príncipe y como cristiano.

Nos encontramos hoy en una situación difícil porqué estamos bloqueados por todas partes, y curiosamente el peor bloqueo viene muchas veces de gente que no son enemigos nuestros pero que no quieren que se hagan los cambios que creemos indispensables en la sociedad. Tenemos que darnos cuenta que cuando estamos inmersos en un grupo humano, político, tenemos la tendencia a desesperarnos o a abandonar el campo. Yo digo que esto es un error, siempre ha sido un error, porqué entre cada guerra carlista del siglo XIX parecía que estábamos muertos políticamente, y luego teníamos que salir otra vez, otra vez, y otra vez. Ahora estamos en una situación semejante, pero no frente a una situación de guerra, sino en una situación de propuesta política para ayudar a nuestra sociedad a progresar en el mundo actual. Nuestra misión sigue intacta. Proponer soluciones modernas a los problemas de siempre.

Asistimos a cuatro crisis. La primera, la más evidente que vemos todos, no solamente en España sino en todo el mundo democrático, es la crisis de los partidos políticos. Los partidos políticos eran enormemente útiles en una época donde la confrontación era ideológica y a veces casi violenta.
Era la solución, la alternativa a la violencia, era la discusión. Los partidos políticos han jugado en el mundo occidental un papel de primerísimo orden durante casi 100 años, pero hoy en día parece que al desaparecer la amenaza de una lucha violenta se han transformado poco a poco en un simple mecanismo de elección por el que los partidos deciden quienes van a ser los candidatos y quienes van a ser los elegidos. Con lo cual han perdido gran parte del sentido mismo de lo que debe ser un partido político.

El partido político sigue siendo esencial porque es el único instrumento legal que puede dar legitimidad al poder. Pero deben además ser ellos mismos una escuela del pueblo, un medio de comunicación entre el hombre y el estado, entre el gobierno y el poder. Esto es un hecho que no solamente afecta a España, como decía antes, sino a todos los países europeos. Hoy día hay otras vías para canalizar la voluntad de actuación de los hombres, en particular por el nacimiento de organizaciones no gubernamentales que pretenden alguna forma de representación popular, porqué representan - dicen ellos - a la sociedad civil. Creo que esta pretensión es hoy día exagerada, porqué no hay dos sociedades, hay una sociedad y toda ella es civil. Lo que hay que ver es lo positivo: cumplen con una necesidad, crean una iniciativa donde los partidos no la tienen. Sin esta evolución, sin estos movimientos no gubernamentales es difícil, en efecto, promover ideas nuevas incluso dentro de los partidos.

La segunda crisis es en las relaciones sociales. Durante casi un siglo el gran instrumento de diálogo social han sido los sindicatos, pero los sindicatos se han encontrado arrinconados poco a poco en una postura puramente reivindicativa, porqué los partidos políticos - incluso los de izquierdas - no veía provechoso que el sindicato tuviese una participación directa en las decisiones socioeconómicas. Nosotros siempre hemos creído que el sindicalismo no puede ser simplemente reivindicativo o defensivo, tiene que tomar responsabilidades frente a las problemáticas de la sociedad e integrar el mundo del trabajo, sea cuál fuere este mundo del trabajo, en las decisiones socioeconómicas. Por eso siempre hemos defendido la tesis de la presencia de un Consejo Económico y Social, para establecer un diálogo responsable con el gobierno y con los partidos políticos. Es necesario hoy en día encontrar una forma de diálogo. El obrerismo del siglo pasado ha desaparecido, el trabajo hoy en día en su inmensa mayoría ya no es manual. De modo que tenemos que inventar otra forma de comunicar esta fuerza vital del trabajo que hay en la sociedad, que permita controlar su economía y no caer en un sistema donde es la economía la que controle la sociedad. Si no consideramos esta realidad, nos encontraremos en una sociedad disminuida y limitada a la voluntad de los que disponen de los medios económicos.

La tercera crisis es la de las autonomías. A nosotros nos encanta ver que se potencien las autonomías, pero en vez de hacerlo como nosotros propusimos hace 170 años - sobre la definición clara de qué son las autonomías y cómo se puede construir un estado comunitario fuerte y solidario como la Confederación Helvética o en la República Federal Alemana -, hemos caído después de dos siglos de centralismo y medio siglo de franquismo en una reacción centrífuga de difícil salida. Lo que queríamos, y lo que
seguimos queriendo, son unas autonomías sobre las cuales se pueda construir una comunidad de comunidades. Eso era precisamente el sentir del juramento de los Fueros. En Gernika el Rey garantizaba las autonomías, que a su vez eran las bases de la autoridad real.

Es el mismo sentido que deseamos para una futura unidad europea respetuosa con las libertades y personalidad histórica de los pueblos unidos por el interés general. Así se crea un reconocimiento entre unas culturas y unas tradiciones que tienen un sentido anterior al estado. Si esto es verdad par España, también lo es para la construcción de la Europa del mañana, que no puede ser una Europa centralista y negadora de las libertades de los pueblos que la constituyen. Tiene que ser una Europa que garantice aquellas libertades de los pueblos al mismo tiempo que les una en lo que es tarea común.
La cuarta crisis es mundial. El actual sistema de desarrollo lleva a que del conjunto de la sociedad humana - que dentro de 25 años tendrá 8.000 millones de hombres - 1.000 millones vivirán en los países actualmente muy desarrollados (Europa, América del Norte, Japón y algunos países del Pacífico) y 7.000 millones vivirán en países en vías de desarrollo elevado, o en vías de desarrollo inicial o incluso aún en el subdesarrollo. Quienes puedan pensar que un mundo cuya velocidad de comunicación hoy en día es tan grande que se puede estar en cualquier parte del mismo en materia de segundos en cuanto a la comunicación, y de horas en cuanto a desplazamientos de personas, sea un mundo pacífico si frente a los 1.000 millones que viven en la parte súper desarrollada del mundo, aún existen 7.000 millones de personas que viven en países menos desarrollados o incluso subdesarrollados.
La experiencia del siglo pasado ha demostrado que la desigualdad de niveles económicos demasiado fuertes entre comunidades crea siempre conflictos violentos, sean internos o externos. No hace falta decirnos que un conflicto violento hoy en día puede ser, o representar, el fin del mundo.
No era posible hace 500 años o incluso 200, pero ha empezado a ser posible ya hace 50 años, con las armas nucleares y biológicas. De modo que hay una nueva crisis que aparece y que no tiene clara solución. Pero el desarrollo no consiste en tirar dinero al problema, sino hacer posible que todos los pueblos tengan la capacidad de autodesarrollarse. No se trata, repito, de darles limosnas, no se trata de echar un poco de dinero a los pobres para que se callen. Se trata de realmente crear una estructura del mundo que permita que los pueblos se desarrollen ellos mismos con plena dignidad. Y cuando oigo que no es posible que dentro de 25 años el mundo subdesarrollado llegue a nuestro nivel, reconozco que es verdad. Que no es posible. Pero que hay una diferencia inmensa entre una situación en la que se vea una luz al final del túnel o una situación en la que esos pueblos no vean ninguna salida al túnel de su agonía y subdesarrollo.

Me diréis que he hecho una reflexión religiosa al principio, porqué con la edad uno se pone cada vez más religioso. A los 37 años, la vida que un tiene por delante es evidentemente mucho más corta que la que tiene por detrás, pero si miro a los años que tengo por delante, muchos o pocos, es con la perspectiva de una época donde se pueden hacer grandes cambios con vuestra participación, por lo menos iniciales, en la sociedad. Ahora he creado una Fundación para estudios y propuestas de ayuda al desarrollo dirigida fundamentalmente a Iberoamérica porqué creo que es esencial que España dé un nuevo sentido a su presencia cultural, religiosa, intelectual y humana en este inmenso continente, que representará dentro de 25 años entre 600 y 800 millones de personas hablando castellano o portugués. Es ahí donde la influencia e iniciativa de España puede tener un papel esencial de cara al desarrollo mundial.

Para presentar soluciones a las cuatro problemáticas de las que he hablado se deben promover estas ideas del debate público en el clima de libertades democráticas que consagra nuestra Constitución. Hay un dicho que confirma que las ideas mueven el mundo. Es verdad, las ideas tienen un poder multiplicador si responden a una problemática percibida por todos.

Tenemos que ver el mundo en el que vamos a entrar como un mundo que puede ser totalmente distinto del actual, más que copiar del pasado tenemos que crear un futuro. Un futuro para el que, con la ayuda de Dios, confió en mis hijos, como cada uno de vosotros confía en los suyos. En Carlos, que trabaja en las relaciones internacionales con las comunidades europeas. En Jaime, dedicado al Servicio Diplomático, ahora en Irak después de haber estado en Bosnia. En Carolina, que después de haber trabajado para las Naciones Unidas en África, ha estado prestando ayuda en Palestina, en Gaza y en Jerusalén. Estos son testimonios de una juventud dedicada al trabajo y a la ayuda a la sociedad de una forma o de otra, pero como muchos otros miembros de la comunidad humana trabajan no solamente par sí mismos, sino también par ayudar al mundo. También, y no menos importante, la formidable ayuda de todos los carlistas que en España luchan por proponer nuevos cauces a una sociedad diferente. Al fin y al cabo el mundo no solamente tiene que cambiar, está ya cambiado, cada persona puede ser parte de este cambio.
En los 180 años del Carlismo su supervivencia puede sorprender a mucha gente. En realidad es debida a que siempre ha estado presentando soluciones que aunque no fueron aceptadas antes, se hacen hoy día necesarias. Y la suerte también es que por vez primera en 180 años, desde hace veinticinco disponemos de una Constitución que ampara las libertades, ya podemos proponer nuestras ideas legalmente, sin cortapisas y ésta es nuestra obligación de hacerlo dentro de la legalidad vigente, porque esta legalidad lo hace posible.

Ahora, esta mañana tenemos también que felicitar a nuestros amigos a los cuales he concedido la Cruz de la Legitimidad, la distinción creada por Don Jaime para quienes han destacado por su lucha, por la fidelidad, por la generosidad, por la entrega, por la alegría, por el sacrificio. Digo esto a los que han recibido la Cruz de la Legitimidad porqué sus ejemplos son más convincentes muchas veces que las ideas, porqué el testimonio es lo que transforma una idea y un ideal en una realidad vivida. Poco antes de terminar este acto, tomó de nuevo la palabra Don Jaime y dijo: Cumpliendo con la petición de mi padre hace 25 años, aquí en Arbonne, quiero hoy delante de esta representación del Carlismo en general anunciar que a partir de hoy, tres de mis hijos llevarán títulos exclusivamente carlistas. Carlos llevará el título de Duque de Madrid, Jaime el de Duque de San Jaime y Carolina el de Duquesa de Gernika. Y yo me reservo el de Conde de Montemolín".

jueves, 8 de enero de 2009

LA DINASTIA CARLISTA, OTRO ELEMENTO BASICO DE REFERENCIA

Toda organización necesita puntos de referencia y, es evidente que para el Pueblo Carlista la dinastía carlista, la legítima, cumple esa función de conexión. En el transcurso de nuestra historia, la importancia del factor dinástico es indudable y éste se ha de entender como presencia aglutinante, como un elemento positivo de arbitraje, garantía y defensa en la construcción y continuidad del movimiento carlista.

El Pueblo Carlista ha permanecido atento y vigilante para que el orden sucesorio se diera dentro de la legitimidad de ejercicio, porque era el “derecho” por él constituido que hacía invulnerables sus esencias de libertad. Frente a los exegetas de la dinastía usurpadora liberal que imponían en el normal mecanismo sucesorio doctrinas sobre exclusiones por la sangre, el pueblo carlista clamaba por el ejercicio del derecho consuetudinario, que anteponía la legitimidad de ejercicio que condicionaba ese derecho de automatismo de la sangre. De este “derecho popular” nacía el pacto, que constituía la fuente política del ejercicio democrático. Con este pacto y esta doctrina sucesoria o legitimista, los reyes carlistas se erigían en defensores de las libertades populares y se hacía posible esa simbiosis pueblo-dinastía capaz de afrontar los embates del liberalismo y del integrismo. En el Carlismo la legitimidad dinástica radica en el Pacto Pueblo-Dinastía, que se fundamenta sobre el consentimiento libre del pueblo carlista que ejerce su derecho de libre determinación, que tiene carácter universal y cuya inalienabilidad implica que no puede producirse, ni jurídicamente ni por la vía de los hechos, elección alguna que sea irreversible.

En diciembre de 1967, en Lisboa, Don Javier reunía el Capítulo de la Orden de la Legitimidad proscrita. Hacía más de cuarenta años que no se podía realizar una celebración de ese tipo, donde imponer las Cruces concedidas para premiar lealtades y méritos. En este acto, Don Javier recordaba a los presentes que “el Carlismo es más que un concepto de legitimismo. No defiende un derecho puramente histórico, sino la vigencia profunda de la autoridad legítima que sirva al bien común. Cumple unos deberes actuales, una misión plenamente actual. Si es legítimo por su origen lo es también porque se legitima cada día por su actuación."

En Portugal, el 3 de octubre de 1976, Don Carlos Hugo había dejado clara la postura sobre la monarquía. “No hay problema dinástico. Solamente lo habría si dos dinastías compitieran por el mismo trono. Mis metas, las de mi familia no son las de ocupar la jefatura de un Estado, a nuestro juicio autoritario, no democrático e históricamente superado. Nuestras metas son realizar una sociedad nueva, socialista y pluralista. En cuanto a la Monarquía lo plantearemos o no lo plantearemos, según veamos que en ese momento es útil o no al progreso histórico de la sociedad que creemos deseable para España. El problema de la monarquía no lo planteamos como una condición “a priori”, sino como posible complemento o superestructura de un planteamiento histórico revolucionario, que es la realización de una sociedad socialista y de autogestión. Ni yo ni mi familia renunciamos, por ello, a ninguno de los derechos que nos corresponden”.

A su regreso del exilio, don Carlos Hugo de Borbón-Parma declaraba: “No vengo a plantear ningún pleito dinástico, pero tampoco me propongo renunciar a ninguno de los derechos y deberes que me corresponden”. Los carlistas no planteamos un litigio dinástico, sino un pleito político, un proceso esencial de estructuración de abajo arriba de la sociedad y del Estado, que considera siempre que la sociedad y sus cuerpos intermedios son anteriores a la existencia de éste. Un Estado que no es un fin en sí mismo, sino un fin para algo, un algo que es el elemento humano, el garantizar y proteger los intereses de una población, que es la única causa que puede justificar su propia existencia.

El 13 de octubre del 2000, en Trieste, en el II Capítulo General de la Real Orden de la Legitimidad proscrita, Don Carlos Hugo de Borbón Parma añadió algunas consideraciones a las palabras de su padre en el I Capítulo, que reproduzco a continuación:

“La primera es que el Carlismo representa algo único en la Historia, la voluntad de un Pueblo que ha legitimado una Dinastía. Es un pacto entre el Pueblo y una Dinastía. ¿Y esto, qué implica? Implica que el Carlismo a lo largo de ciento setenta años ha hecho cuatro levantamientos, ha perdido cuatro guerras; y la peor perdida ha sido la última, porque no fue una guerra carlista propiamente hablando, y el Carlismo ha sido destrozado. El Carlismo ha sido destrozado pero no vencido. No hay ningún partido político en el mundo actual, ni uno, que tras tales circunstancias haya sobrevivido más de setenta años ¡y nosotros tenemos ciento setenta años! Esto significa que la Dinastía Legitima no busca su legitimidad únicamente en el derecho, aunque lo tenga allí, sino que la busca en el Pacto de la Dinastía con el Pueblo.

Muestra de ese Pacto es aquí, en la Basílica que hemos visitado esta mañana, donde reposan los restos de los reyes carlistas. Ellos no rompieron el Pacto. Estuvieron al lado del pueblo carlista, del pueblo español, para luchar por esas libertades fundamentales a las que nunca podrá renunciar el Carlismo: la Libertad del hombre, la Dignidad de los pueblos y la Justicia en el mundo.

En el momento actual en el que tanto se habla de mundialización, nosotros venimos a ofrecer una solución. Hoy en día el mundo entero está representado en las Naciones Unidas por más de ciento ochenta países, de los cuales las tres cuartas partes son países pobres. La mundialización, la construcción de una unidad mundial es absolutamente necesaria para el desarrollo de todos los pueblos. Pero mientras comprobamos esta necesidad, vemos también sus peligros: que se haga una mundialización a favor de los ricos y no se cuente con los pobres.

Y es la segunda cosa que os quería decir: para evitar la marginación de los más pobres el Carlismo rechaza un sistema mundial que no esté enfocado hacia el bien general y hace un llamamiento a todos los pueblos para que participen en una gran federación que sirva a la protección de la personalidad individual de cada uno como a la personalidad colectiva de todos los miembros de estos mismos pueblos.

Los pueblos de España no responden a una mediación aritmética, jurídica o cuantitativa; son unos pueblos que, con su bagaje histórico, constituyen la identidad de los hombres y de las mujeres que conviven en esas naciones y han formado y forman hoy en día España. Han hecho España. En esa misma línea de libertad de cada pueblo es la razón de estar acogidos y formar parte de la comunidad mundial con el respeto que se debe a cada uno y que proporcione a cada uno la posibilidad de ser dueño de su libertad y de participar de la responsabilidad mundial.

Esto es lo que queremos aportar y, también, lo que quería deciros en este momento en el que nos reunimos aquí para celebrar este acto. No preocuparos de lo que ha pasado, sino de lo que va a ocurrir. He estado muchos años en una universidad y he visto como la sociedad moderna ha comprendido que no puede seguir viviendo lamentándose de la situación actual sino pensando en lo que realmente se puede hacer y cuales son las metas.”

Al concluir este parlamento y tras serle impuesta la Cruz de la Legitimidad proscrita, Don Carlos Javier de Borbón Parma, espontáneamente, dirigiéndose a su Padre, pronunció estas palabras: “Aitá, Padre, haré lo posible para ser digno de tu ejemplo y, con Jaime, Margarita y Carolina recogeremos la Bandera para nuestra generación.”

El papel de árbitro de la situación es una función esencial que el carlismo ha reservado a la dinastía a lo largo de estos siglos, una posición de árbitro que ha de ser entendida por todas las partes. En algunas reuniones determinadas personas expresaban a don Carlos Hugo que mantuviera este papel, que no se decantará hacia ningún sector concreto, y que la posibilidad de acceder hasta él fuera independiente de la postura que adoptase cada uno y de las resoluciones que el partido pudiera tomar sobre personas y casos concretos. Sin duda, el pronunciamiento del Rey legítimo a favor de una tendencia, acabaría por alejar otros sectores. Algunos no entendieron este asunto correctamente y otros muchos, honradamente, no pudieron asumir un radicalismo que en ciertos momentos fue absolutamente pueril. Una época en que, como todos los partidos, el carlista padeció de un cierto mimetismo. Desde la perspectiva actual, pienso que determinadas actuaciones correspondían a la función de un secretario general del Partido y que él hubiera tenido que mantenerse más al margen de la disputas de cada día. La influencia que pudieron ejercer personas como el entonces secretario general del Partido, Pepe Zavala, pudo alejar a los defensores de otros criterios de táctica política.

Entiendo que el pensamiento político de don Carlos Hugo y su familia no difiere esencialmente de la línea política e ideológica que nosotros podamos elaborar en nuestros Congresos y Asambleas.

Publicado en el libro La lucha silenciada del carlismo catalán, bajo el epígrafe de Una presencia permanente. VII.- La dinastía carlista, otro elemento básico de referencia (Biblioteca Popular Carlista, núm. 17 , Ediciones Arcos, Sevilla 2007) y tomado de http://www.reflexioncritica.blogspot.com

miércoles, 31 de diciembre de 2008

PALABRAS PRONUNCIADAS POR SU MAJESTAD EL REY DON CARLOS HUGO EN EL II CAPÍTULO GENERAL DE LA REAL ORDEN DE LA LEGITIMIDAD PROSCRITA


Señores, hace unos treinta años, mi Padre, públicamente, en una reunión del pleno del Capítulo de la Orden de la Legitimidad, me concedió su Gran Cruz y desde entonces hemos luchado constantemente por la Causa del Carlismo.

Hoy me toca concederla a mi hijo y heredero Carlos (aplausos y vivas, mientras S.A.R. procede a imponer la Gran Cruz a su hijo, el Príncipe). Todos comprenderéis lo que esto significa para mí. Dentro de unos cuantos años, mi hijo hará lo mismo con su hijo y así seguidamente. Lo que yo quiero decir es que este gesto, como todo gesto, no es simplemente simbólico, sino que es la expresión de una actitud personal y el reconocimiento de una obligación, la obligación de servir una Causa, que es la Causa que el Carlismo ha servido siempre, la Causa de la Libertad, Dignidad y Autonomía de los pueblos, no solamente en nuestras tierras, sino en todas las tierras del mundo, porque sin Autonomía, sin Libertad, no puede haber Justicia y sin Justicia no puede haber Paz.
Yo quiero en esta ocasión que oigáis el texto de las palabras que mi Padre pronunció en el Capitulo General de la Orden de la Legitimidad, celebrado en Lisboa en diciembre de 1967. Dice así:

"Por primera vez desde hace más de cuarenta años esta reunido el Capitulo de la Orden de la Legitimidad proscrita.
Como veis, he concedido nuevas Cruces y me propongo seguir haciéndolo para premiar lealtades y méritos.
El Carlismo es más que un concepto de legitimismo. No defiende un derecho puramente histórico, sino la vigencia profunda de la autoridad legítima que sirva al bien común. Cumple unos deberes actuales, una misión plenamente actual. Si es legítimo por su origen lo es también porque se legitima cada día por su actuación."

Pero quiero añadir algunas consideraciones. La primera es que el Carlismo representa algo único en la Historia, la voluntad de un Pueblo que ha legitimado una Dinastía. Es un pacto entre el Pueblo y una Dinastía. ¿Y esto, qué implica?. Implica que el Carlismo a lo largo de ciento setenta años ha hecho cuatro levantamientos, ha perdido cuatro guerras; y la peor perdida ha sido la última, porque no fue una guerra carlista propiamente hablando, y el Carlismo ha sido destrozado. El Carlismo ha sido destrozado pero no vencido. No hay ningún partido político en el mundo actual, ni uno, que tras tales circunstancias haya sobrevivido más de setenta años ¡y nosotros tenemos ciento setenta años!. Esto significa que la Dinastía Legitima no busca su legitimidad únicamente en el derecho, aunque lo tenga allí, sino que la busca en el Pacto de la Dinastía con el Pueblo.

Muestra de ese Pacto es aquí, en la Basílica que hemos visitado esta mañana, donde reposan los restos de los reyes carlistas. Ellos no rompieron el Pacto. Estuvieron al lado del pueblo carlista, del pueblo español, para luchar por esas libertades fundamentales a las que nunca podrá renunciar el Carlismo: la Libertad del hombre, la Dignidad de los pueblos y la Justicia en el mundo.

En el momento actual en el que tanto se habla de mundialización, nosotros venimos a ofrecer una solución. Hoy en día el mundo entero está representado en las Naciones Unidas por más de ciento ochenta países, de los cuales las tres cuartas partes son países pobres. La mundialización, la construcción de una unidad mundial es absolutamente necesaria para el desarrollo de todos los pueblos. Pero mientras comprobamos esta necesidad, vemos también sus peligros: que se haga una mundialización a favor de los ricos y no se cuente con los pobres.

Y es la segunda cosa que os quería decir: para evitar la marginación de los más pobres el Carlismo rechaza un sistema mundial que no esté enfocado hacia el bien general y hace un llamamiento a todos los pueblos para que participen en una gran federación que sirva a la protección de la personalidad individual de cada uno como a la personalidad colectiva de todos los miembros de estos mismos pueblos.

Los pueblos de España no responden a una mediación aritmética, jurídica o cuantitativa; son unos pueblos que, con su bagaje histórico, constituyen la identidad de los hombre y de las mujeres que conviven en esas naciones y han formado y forman hoy en día España. Han hecho España. En esa misma línea de libertad de cada pueblo es la razón de estar acogidos y formar parte de la comunidad mundial con el respeto que se debe a cada uno y que proporcione a cada uno la posibilidad de ser dueño de su libertad y de participar de la responsabilidad mundial.

Esto es lo que queremos aportar y, también, lo que quería deciros en este momento en el que nos reunimos aquí para celebrar este acto. No preocuparos de lo que ha pasado, sino de lo que va a ocurrir. He estado muchos años en una universidad y he visto como la sociedad moderna ha comprendido que no puede seguir viviendo lamentándose de la situación actual sino pensando en lo que realmente se puede hacer y cuales son las metas.

(El Príncipe Carlos Javier, espontáneamente, dirigiéndose a su Padre, pronunció entonces estas palabras):

Aitá, Padre, haré lo posible para ser digno de Tu ejemplo y, con Jaime, Margarita y Carolina recogeremos la Bandera para nuestra generación. (Los asistentes puestos en pie, prorrumpieron en fuertes y prolongados aplausos).

miércoles, 10 de diciembre de 2008

LA MONARQUIA DE FUTURO

En cierto momento surgió la noticia de que el Principito heredero de Noruega, iba a solicitar la baja por maternidad (aunque en ese caso digo yo que sería por paternidad) cuando naciera su futuro hijo fruto del amor con la Princesita Mette Marit. Esto unido a lo que los grandilocuentes politiquillos de nuestra nación andan diciendo de que hay que reformar la Sacro-santa Constitución, no para evitar la explotación salvaje del trabajador o del que poco tiene, ni tampoco para constituir un estado español como fórmula de convivencia entre los diversos pueblos que integran Las Españas, sino simplemente para eliminar la preferencia de los varones sobre las mujeres en la sucesión a la Jefatura del Estado a título de Rey, no puede hacernos nada más que reir por no llorar de pena.

Si el Sr. Zapatero con sus Sociatas a la cabeza, esos de Filesa, Malesa, el GAL y los catorce años de latrocinio y del meter la mano en unión con el señor Rajoy, heredero fiel de Aznar, ílota vulgar del “César” Bush, líder sin parangón de la hipócrita y totalmente carente de la más mínima inteligencia derecha española dicen que hay que reformar el artículo 57 de la Constitución porque resulta decimonónica y discriminatoria la preferencia de la línea masculina sobre la simple primogenitura en la sucesión a la Jefatura del Estado, acaso ¿No se puede decir con esos mismos argumentos que nada hay mas decimonónico y discriminatorio que la sucesión por nacimiento a la Jefatura del Estado? ¿Acaso no sería mejor, reformar de una vez por todas la Institución de la Jefatura del Estado de tal forma que ya no se ejerciera a título (con apariencia) de Rey y que se proclamara una República burguesa como las que rigen en medio mundo con las mismas virtudes, si es que existen, y con los mismos defectos que tiene hoy en día nuestro sistema de Jefatura del Estado?.

En nuestros días parece que ha perdido todo sentido la forma monárquica de gobierno. Antaño, en sus orígenes, la monarquía fue un gran avance político-social porque suprimió los abusos que los diversos señores feudales ejercían dentro de sus feudos y para ello se tuvo que apoyar en un “pacto” entre el pueblo y el monarca, así los Reyes conseguían el apoyo del pueblo para las diversas reformas del estado que afectaban a los intereses y a la ambición desmedida de la nobleza que veía disminuir su poder hasta que allá por el siglo XVIII los diversos monarcas europeos rompieron ese pacto, se aliaron con una nobleza decadente que había olvidado todo su origen guerrero y que se había unido, en muchos casos mediante matrimonios, a los emergentes mercaderes y usureros para encargarse de los mundanos intereses que marca la ciencia de la economía. Hoy en día esa nobleza de blasón ya solo es un recuerdo porque ha sido eficazmente sustituida por una clase que, con o sin escudos heráldicos, ejerce un poder absoluto sobre la parcela de la vida social que domina. Esta clase no tiene poder sobre la vida o la muerte de sus vasallos como antaño tuviera el señor feudal o al menos no lo tiene en la misma forma en que se ejercitaba en el feudalismo, pero sí tiene un poder absoluto sobre la riqueza o la pobreza de grandes masas de población, por eso, en la opinión de quien esto escribe, la monarquía como forma de gobierno puede tener aun sentido siempre y cuando decidiera enfrentar el poder de estos “nuevos señores” y ejerciera su autoridad en apoyo, defensa y amparo de los menos favorecidos constituyendo un límite infranqueable a los desmanes y abusos de los que han hecho de difundir miseria su forma egocéntrica y plutocrática de vida.

No obstante, vemos cada vez más como los monarcas europeos y sus descendientes, con el beneplácito de periodistas, políticos, señoras de rastrillo, cortesanos de herrumbrosas espadas de ceñir, que de las de combate nada saben, y demás gentes autocalificados de monárquicos, ignoran toda obligación moral y material de la monarquía aspirando a ser “una persona más”, “una familia más”. Cualquier príncipe heredero europeo que goza por tal condición de ciertos privilegios, puede enamorarse y contraer matrimonio con una cupletista famosa del Molin Rouge o con una fermosa vedette del Lido parisino a la que el día de mañana convertirán en Jefa consorte (o con suerte) del Estado justificando tal hecho como una “modernización de la institución” o una “cuestión común y general en una familia moderna” y desvelando cierto egoísmo propio de la sociedad actual porque egoísmo y no otra cosa es aquello de estar en la principesca posición para disfrutar de sus privilegios desdeñando al mismo tiempo la incomodidad del ejercicio de sus obligaciones.

Si estos principitos, que mas valen que leyeran el magnifico cuento de Saint d´Exupery para que tuvieran alguna noción del contenido que ha de llenar el título que ostentan, con sus ocurrencias y mojigangas, quieren ser uno más de entre sus súbditos, pues bien... ¡¡¡Que lo sean!!! Que sepan lo que es hipotecarse toda la vida para poder comprar una vivienda de setenta metros cuadrados, que sepan lo que es llegar dificultosamente (o no llegar) a fin de mes, que sepan lo que es tener un contrato basura y no saber si transcurridos tres meses se seguirá trabajando o si se engrosara las filas del paro, pero que no nos hagan ver supuestas “modernizaciones de instituciones” en meros disfrutes mundanos ni pretendan hacer grosero populismo a base de publicitar el uso de ciertos derechos de las clases menesterosas en muchos casos obtenidos gracias a la sangre vertida por una heroica legión de mártires obreros.

Si la monarquía quiere perdurar y tener una futura justificación para su existencia, debe asumir que el ejercicio de la magistratura regia es la carga suprema que implica un sacrificio sin límite sintetizado en el aforismo “quiérete el último” y debe enfrentarse a los “nuevos señores” que durante años han construido un sistema socio-económico –el capitalismo- basado en la explotación del prójimo y en las desigualdades que obligan a que los mas mueran en la miseria para que los menos puedan vivir rodeados de lujos superfluos. La monarquía debe estar siempre en la vanguardia, apoyando en todo momento al más humilde de los ciudadanos luchando por la justicia social sin convertirse en ningún caso en una pútrida institución burguesa como parece ser que es hacia donde tiende a convertirse en toda Europa con el beneplácito, aplauso y elogio de los aduladores cortesanos que serán los primeros que, satisfaciendo sus intereses particulares y emulando la actitud de las ratas en un naufragio, cambien de bando o abandonen al adulado como ya ocurriera en Francia en 1789 y en Rusia en 1917.