viernes, 27 de marzo de 2009

UN DEMÓCRATA QUE RENOVÓ EL MOVIMIENTO CARLISTA

Mañana, día 7, se cumplen 30 años de la muerte en Chur, Suiza, de mi padre, don Javier de Borbón Parma, que no pudo celebrar el restablecimiento de la democracia en España que con tanta ansiedad esperaba.

Desde muy joven mi padre tuvo una aguda conciencia de su vocación pública, a la que le empujaba su responsabilidad histórica en el marco de nuestra dinastía.

Su vida se desarrolló en tiempos turbulentos en los que dos guerras mundiales y dos derivas políticas dramáticas, el nazismo y el estalinismo, convirtieron a Europa en un espacio de desolación y muerte.

Esa terrible experiencia la vivió don Javier no como un espectador concernido pero distante y protegido por su condición dinástica sino situándose en su mismo centro, asumiendo los riesgos y los desafíos propios de toda lucha e intentando hacer una obra útil de pacificación y concordia.

Su temprana iniciativa para lograr una paz separada entre Austria y los aliados en la Primera Guerra Mundial; su lucha contra el nazismo y su incorporación a la resistencia que acabará llevándole al campo de concentración de Dachau, donde su entereza y su serenidad le ganaron una consideración unánime.

Finalmente, sus intentos bien intencionados pero inútiles para evitar la Guerra Civil española, no siempre bien entendidos por sus partidarios, le dejarán un poso de tristeza y frustración, reforzando su voluntad de actuación política.

Mi padre fue un hombre de profundas convicciones cristianas que presidieron tanto su vida privada como sobre todo su acción pública, que no concebía como un ejercicio para la conquista y conservación del poder de unos pocos sino como práctica, guiada por la justicia social y puesta al servicio de todos, en particular de los más desvalidos.

Esta opción, considerada habitualmente como un componente de la ideología de izquierda, provenía en su caso directamente de su fe religiosa, que él hacía compatible con el ideal de progreso de la modernidad.

Estos supuestos se convirtieron en el eje mayor de la transformación del carlismo, cuando después de haber recibido de manos de su tío Alfonso Carlos el liderazgo dinástico consideró que había llegado el momento de actualizar el pensamiento y los valores del movimiento carlista adecuándolos a las condiciones del mundo contemporáneo, aunque manteniéndole fiel a su inspiración fundamental, que no era de naturaleza individualista sino comunitaria.

Su alineamiento total e incondicional con las fuerzas que lucharon por el establecimiento de una democracia en España aportó a los organismos que les representaban, de los que la Platajunta fue la más clara expresión, la defensa de la diversidad, la exigencia del pluralismo, la integración de las fuerzas populares y de base, la apelación a la sociedad civil y a los movimientos sociales.

Por ello, sin olvidar que la libertad es un acto eminentemente individual, el carlismo renovado la revindica también para los colectivos, tanto en su funcionamiento interno como en su proyección externa.

La constitución de la autogestión en eje mayor de nuestra doctrina responde a ese planteamiento al igual que la reivindicación de una convivencia armónica entre las diferentes ideologías y las distintas comunidades de vocación regional y/o nacional que existen dentro de España.

Finalmente, don Javier, muy próximo a los problemas del campo y de la tierra -además de politólogo fue ingeniero agrónomo-, acertó a transmitirnos su sentido de responsabilidad por el destino de nuestro planeta y la supervivencia de la humanidad.

Como jefe de nuestra familia dinástica, como heredero de mi padre, duque de Madrid y de Parma, y consciente de unos derechos y obligación que me vienen de la historia, quiero agradecer al Diario EL PAÍS la oportunidad que me da en este recuerdo necrológico de reconstruir en estos tiempos de memoria histórica una memoria tan secuestrada y maltratada como la de mi padre, su familia y la corriente de opinión que ha representado y que, dentro de la legalidad vigente, sigue representando.

CARLOS HUGO DE BORBÓN PARMA

Publicado con motivo de el aniversario del fallecimiento de Don Javier de Borbón Parma, en el diario "El Pais" el día 6 de Mayo de 2007 y tomado de la página

viernes, 20 de marzo de 2009

IN MEMORIAM ¡¡VIVA EL REY JAVIER I!!

En el año 2007, se conmemoró el trigésimo aniversario del fallecimiento de quien fuera el REY (así, con mayúsculas) de las Españas, don Javier I de Borbón-Parma quien, por su conducta personal y política, ha sido y es uno de los pocos príncipes que en Europa merecen el adjetivo de GRANDES.


Don Javier vino al mundo en la Toscana italiana el 25 de Mayo de 1889 siendo bautizado cinco días después con el nombre de Javier en honor del Santo Patrón de Navarra y por expreso deseo de su padre don Roberto de Borbón-Parma quién había combatido en la Tercera Guerra Carlista.


España y el carlismo constituyen partes importantes, y posiblemente fundamentales, de la vida política de Don Javier, pero no las únicas porque como príncipe Europeo no dio la espalda a los acontecimientos que amenazaban el continente teniendo una vida repleta de sacrificios y actividades políticas y militares dignas de verse reflejadas en una novela de aventuras. Así, en el año 1900 participó en una conspiración monárquica en Portugal que pretendía restaurar la monarquía apartando a dicho país de la alianza servil suscrita con la Gran Bretaña y que llevaría siete años después al país vecino a entrar en guerra y a sacrificar más de seis mil vidas portuguesas.


Al estallar la primera guerra mundial, en vez de refugiarse en la comodidad y en la seguridad de un palacio y dando el máximo ejemplo de que “Nobleza Obliga” se alista en el ejército belga desoyendo las órdenes del entonces Rey de España y Jefe de la Casa Borbón, don Jaime III, quien ordenaba a los españoles y a los carlistas que mantuvieran la más estricta neutralidad ante el conflicto y asumiendo que al tomar partido por “la pequeña y católica Bélgica” se enfrentaba no sólo al Imperio Alemán, sino también al Católico Imperio Austrohúngaro de cuyo Trono era heredera por matrimonio con don Carlos de Austria su hermana, doña Zita de Borbón Parma. En el ejército belga adquiere el grado de capitán de artillería contribuyendo a retrasar diez días el avance alemán por Bélgica lo que, junto con el ataque ruso sobre Prusia Oriental, hizo posible el “Milagro del Marne”. Tras el hundimiento del frente belga, continuó combatiendo en el frente Francés en el sector de Flandes hasta 1917, año este, en que a petición del Papa Benedicto XV, encabezó, junto con su hermano mayor Sixto, una misión diplomática secreta tendente a separar el imperio Austrohúngaro de su suicida alianza con el Imperio Alemán, lo que hubiera favorecido una paz separada con Austria-Hungría, su continuación como potencia centroeuropea y el final de la guerra.


Al terminar la guerra mundial, siguió atento a la política europea, señalando las graves consecuencias que en el futuro tendrían los tratados de paz de 1919 y oponiéndose a las tendencias totalitarias que triunfaban en Italia y Alemania. En 1936, por delegación del Rey Alfonso Carlos I y con grandes reparos autoriza, el 14 de Julio, la adhesión carlista a la sublevación militar del general Mola siendo nombrado el 5 de Agosto de 1936, General de División de los Reales Ejércitos.


El 28 de Septiembre de 1936, al fallecer el Rey Alfonso Carlos I atropellado por un camión militar alemán en Viena, accidente éste que, posiblemente fuera fraguado por los Servicios Secretos franquistas en colaboración con la GESTAPO, don Javier accede a la jefatura del carlismo en calidad de Regente cruzando la frontera española en dos ocasiones: la primera, en 1937, para visitar a su hermano Cayetano, alistado en el Tercio de Requetés “Navarra” con el nombre de Gaetán de Lavardín y herido en los combates desarrollados en torno a Bilbao durante la campaña del Norte. La segunda, en noviembre de 1937, para declarar expulsados del Carlismo a cuantos habían apoyado el Decreto de Unificación de 1937, que fusionaba en un único partido político, FET y de las JONS (Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista) a carlistas y falangistas, y para entrevistarse personalmente con Franco para protestar por dicho Decreto. Visita el frente del Norte y Andalucía (Jerez, Sevilla y Granada). Es en la ciudad de la Alhambra donde recibe la orden de abandonar España, decisión por la que nuevamente protestará personalmente ante Franco. Marcha a Portugal, primero, y a Francia después, fijando su residencia en el castillo de Bostz en 1938. Tras el final de la Guerra Civil, se da la paradoja de que el carlismo, facción política integrante de la coalición de fuerzas que gana la guerra, es perseguido y hostigado por el nuevo régimen (expropiación de bienes, locales, periódicos, encarcelamientos, etc.).


Al estallar la II Guerra Mundial en 1939, sirve como Coronel de Artillería en el ejército Belga tras la invasión alemana del país, se retira a San Juan de Luz, en Francia, donde permanece hasta la llegada de los alemanes a la ciudad. Al serle denegada la entrada en España por el régimen franquista, marcha a la zona de la Francia no ocupada, donde ingresa en la Resistencia Francesa ayudando a los evadidos aliados primero y dirigiendo después, en la zona del Alliers, una guerrilla de unos cien hombres. El 22 de Julio de 1944 es capturado y condenado a muerte aunque no es ejecutado siendo trasladado a la cárcel de Clermont-Ferrand, primero, y al campo de exterminio de Natzweiler, en Alsacia, después. Estará allí hasta que el avance de los Aliados provoca la evacuación del campo y el traslado al de Dachau. Allí, tras ser dado por muerto por un médico alemán, le es hecha una trepanación sin anestesia por un médico judío para curarle de una mastoiditis aguda. Nuevamente es evacuado de Dachau ante el avance de los Aliados y trasladado a Prax, en el Tirol. Será finalmente liberado, por tropas estadounidenses procedentes de Italia, el 8 de mayo de 1945.


El 26 de junio de 1950, continuando en su condición de Regente del Carlismo y en abierta oposición al General Franco y a su régimen; jura los fueros vascos bajo el árbol de Guernica y ordena que se deje de calificar a Vizcaya y Guipúzcoa de “Provincias Traidoras”. Un año después, en diciembre de 1951, jura los fueros catalanes en Montserrat. En mayo de 1952, tras ser persuadido de la necesidad de ser nombrado rey por el Consejo Nacional de la Comunión Tradicionalista, acepta concluir los dieciséis años de regencia siendo proclamado rey de España en Barcelona. Poco después es expulsado de España. Envía entonces a sus hijos a España, siendo especialmente relevante el papel de su hijo Carlos Hugo, que se dirige a los españoles por primera vez en calidad de príncipe de Asturias el 5 de mayo de 1957, en Montejurra (Navarra).

En enero de 1965, don Javier convoca a la Junta Nacional Carlista en el castillo austriaco de Puccheim y les expone las líneas maestras de la nueva línea ideológica que habría de seguir el movimiento y que se caracterizaría por su férrea oposición al Franquismo y por el Federalismo en lo político y por un “Socialismo” no marxista y de corte autogestionario en lo social. El 26 de diciembre de 1968, la familia real carlista es expulsada nuevamente de España, so pretexto de que "incumplen las disposiciones que regulan la residencia de extranjeros en España". Al mismo tiempo que desarrolla su actividad carlista, circunscrita al marco español, no abandona su interés por la política y la sociedad internacional participando activamente en el Concilio Vaticano II donde tuvo una relevante influencia y una frenética actividad entre bambalinas.


En febrero de 1972, tras sufrir un grave accidente de tráfico, concede plenos poderes a su hijo, Carlos Hugo, para dirigir el Partido Carlista, y el 20 de abril de 1975 abdica en él.


Dos años después, el 7 de Mayo del 1977 y mientras los carlistas se reunían en su acto político anual de Montejurra, fallecía, en la ciudad suiza de Coira (Chur), en el cantón suizo de Graubünden, a los 87 años de edad el HOMBRE que hubiera cambiado para bien la historia de España y el REY que habría sido la envidia del mismísimo Cid por ser el siempre reclamado “BUEN SEÑOR”.

Tomado del blog: “El Chouan Ibérico”

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viernes, 13 de marzo de 2009

LA PLUMA NO EMBOTA LA LANZA NI EL REY A LOS CARLISTAS

Con entusiasmo e ilusión muchos carlistas se reunirán con el Rey en Poblet el próximo 9 de Mayo del presente año 2009 pero hay que recordar a todos también que una semana antes, el día 3 de Mayo, se celebrará la anual reunión de carlistas en el Jurramendi o Montejurra.

Es de entender que las economías no están para excesos viajeros pero considerando que, tal vez, algunos puedan entender que el acto de Poblet es una especie de competencia con el acto de Montejurra hay que recordar parafraseando a Cervantes que al igual que “la pluma no embota la lanza ni la lanza la pluma” tampoco el Rey embota al pueblo carlista ni el pueblo carlista jamás puede embotar al Rey y que tan acto carlista es el de Montejurra que esperamos y deseamos nutrido como el acto de Poblet del que igualmente deseamos y esperamos su éxito.

El acto de Poblet es un acto donde el Rey parte al encuentro de su pueblo al que sirve y el acto de Montejurra terminará siendo un acto donde el pueblo se encamina hacia el Rey.

Así pues la consigna a seguir es: TODOS A MONTEJURRA Y TODOS A POBLET.

VIVA EL PARTIDO CARLISTA
VIVA EL REY DON CARLOS HUGO

miércoles, 25 de febrero de 2009

NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA

Ha llegado a nuestra redacción la noticia de que, organizada por la Associació d´Amics de la História del Carlisme de Catalunya tendrá lugar, el próximo 9 de Mayo del 2009, y como colofón a los actos conmemorativos del 175 aniversario del Carlismo que viene realizando a lo largo de varios meses, un emblemático acto en el Real Monasterio de Poblet panteón de los Reyes de la Corona de Aragón.


Asimismo y con motivo de este acto se reunirá en capítulo, la Real Orden de los Caballeros y Damas de la Legitimidad Proscripta, que supondrá una amplia presencia de miembros de la Casa Real.


Los interesados en participar en dicho acto pueden dirigirse a la Associació d´Amics de la História del Carlisme de Catalunya, Rambla Nova, Número 116, Piso 7º, 2º, 43001 Tarragona, aportando su dirección o medio de contacto para mantenerle informado en todo momento.

miércoles, 18 de febrero de 2009

LA REAL ORDEN DE LA LEGITIMIDAD PROSCRIPTA

En la extensa historia del Carlismo, de más de ciento setenta y cinco años; han existido numerosas condecoraciones militares para premiar a aquellos que se distinguieron en diversas acciones bélicas durante cualquiera de las tres Guerras Carlistas del Siglo XIX, así por ejemplo tenemos la Cruz de Montejurra, la Medalla de Alpens o la de Somorrostro, todas ellas concedidas por S.M. Carlos VII a combatientes en la Tercera Guerra Carlista, pero solo existe una única e importantísima Orden creada en 1923 por S.M. Jaime III, hijo de Carlos VII y que pervive en el presente: la Orden de la Legitimidad Proscripta.


La Orden de la Legitimidad Proscripta fue creada el día 16 de Abril de 1923 por S.M. Jaime III en carta dirigida al Marques de Villores, encontrándose su origen en las noticias que el Rey recibía desde España de las persecuciones que sufrían sus leales proponiéndose su Majestad conferirla “a todos los que por sus sufrimientos o servicios se hagan dignos de ella” y solo mientras dure el destierro de los Reyes legítimos de las Españas, cesando, por tanto, “cuando la Divina Providencia se digne poner término a éste”. La Orden creada por don Jaime III tenía por objeto, a tenor de lo manifestado en la carta al Marqués de Villores, que “los condecorados con esta distinción o sus herederos puedan atestiguar públicamente los derechos que han adquirido a mi gratitud y a la de España, por el ejemplo de fidelidad que han dado a todos”.


La estructura de la Orden de la Legitimidad Proscripta queda establecida en la mencionada carta de don Jaime III que textualmente dice: “la Orden constará de tres grados: caballeros, oficiales y comendadores”. En casos excepcionales se reserva el Rey “el derecho de conceder Grandes Cruces”. Igualmente, “no se podrá obtener la Cruz de una Orden superior sin haber tenido antes la de la Orden inferior inmediata; es decir, que antes de ser comendador, habrá de pasar por la categoría de oficial, y antes de ser oficial, por la de caballero”.


Las insignias de la Orden de la Legitimidad Proscripta consisten “en una Cruz de Covadonga colgada de una cinta con barras verticales negras y verdes; negras, color del duelo del destierro, y verdes, color de la esperanza del triunfo”. La cinta “será sencilla para los caballeros, y llevará una pequeña roseta para los oficiales, y otra de mayor tamaño para los comendadores”.


Desde su creación en 1923 siempre han actuado como Grandes Maestres de la Orden los Reyes sucesores de Don Jaime, así Don Alfonso Carlos I y Don Javier I, quien, por cierto, jamás concedió la orden mientras que solo fue regente. A la muerte de éste en 1977, Su Majestad el Rey don Carlos Hugo de Borbón Parma ha recogido las obligaciones con la Orden de la Legitimidad Proscripta impuesta por sus antecesores y por la lealtad sobradamente demostrada de tantos y tantos carlistas y esta actuando como Gran Maestre dotando a la Orden de unos estatutos que nunca había tenido hasta ahora y convirtiéndola en la Real Orden de la Legitimidad Proscripta.

martes, 10 de febrero de 2009

UN DEBATE IRREAL

“Seguiré luchando por la tercera república española y malditas las guerras y canallas los que las apoyan”. Con estas lacónicas palabras comenzaba don Julio Anguita, pocas horas después de enterarse de la trágica muerte de su hijo en Irak, una conferencia con motivo del aniversario de la República Española de 1931. Sin duda la afirmación relativa a la guerra se puede y se debe compartir pues recordando a Herodoto “no hay nadie que en su sano juicio prefiera la guerra a la paz porque en tiempos de paz, los hijos entierran a sus padres y ello resulta normal; mientras que durante las guerras son los padres los que entierran a sus hijos y ello, alejado de toda normalidad, resulta antinatural”, pero la mención a la forma de gobierno, monárquica o republicana, siempre es cuestionable y en cualquier caso no se puede aceptar una u otra alegremente sin que existan unos mínimos análisis y estudios de los que, por otro lado, tanto agradan al dirigente comunista.

No cabe duda que la creciente aparición de banderas tricolores en las pasadas manifestaciones antibelicistas supone un revulsivo y un escándalo para los beatos de la monarquía encastillados en cierta centenaria corte de papel que apresuradamente comenzaron una denodada defensa de la institución monárquica personificada en Juan Carlos de Borbón; no obstante, todo este debate sobre la Monarquía o la República, aparece como irreal y ficticio por no decir claramente que resulta inútil y estéril.

Es innegable que la república tiene sus ventajas sobre la monarquía, así como también es innegable que la monarquía tiene sus ventajas sobre la república siendo una de ellas, cuando no la fundamental y única, que la función del monarca es constituir una magistratura que, estando por encima de toda opción y ambición política y económica (que no por encima de la ley), conserve la prerrogativa de garantizar en último extremo los derechos de los más desfavorecidos frente a todo abuso de los poderes políticos o económicos y sirva de garantía infranqueable frente a todo desviacionismo de la acción de gobierno hacia la tiranía y la ilegalidad. Pero hoy en día la cuestión no es esa, no es hacer grandes y eruditas disertaciones propias del clasicismo o del renacimiento sobre las formas de gobierno, hoy la cuestión es menos sabia y más grosera. En el mundo actual todo esta mezclado y confundido, no hay formas de gobierno puras y toda forma de estado responde a intereses espurios en los que el pueblo solo es un convidado de piedra en el carrusel electoral.

Si se observa y analiza la república moderna más antigua existente encarnada por Estados Unidos de América, vemos en ella elementos comunes a todos los estados occidentales contemporáneos con independencia de que se trate de monarquías o repúblicas. En ella el pueblo es convocado a las urnas con periodicidad y teóricamente cualquier ciudadano puede acceder a la Presidencia de la República, pero hay datos objetivos que no pueden dejar de llamar la atención como es el hecho de que en la República de los Estados Unidos el poder político esta en manos de algunas familias que históricamente han intervenido directa o indirectamente en el gobierno desde su independencia en 1776, así podemos citar entre otras muchas a la familia Roosvelt que dio dos presidentes y numerosos graduados en West Point, a la familia Kennedy que dio un presidente, varios candidatos a la presidencia y multitud de políticos menores (diplomáticos, senadores...), a la familia Bush, con otros dos presidentes proporcionados al emergente imperio y algún que otro Gobernador. A este hecho hay que añadir que los presidentes norteamericanos deben su acceso a la presidencia a grupos económicos y financieros encarnados también por un número reducido de familias como la Rockefeller (que también desempeña actividades políticas directas), la Morgan, la Vanderbilt, la Hearts, la Carnegie... que controlan poderosas multinacionales y medios de comunicación y que imponen la política a seguir al mismísimo gobierno a cambio de su apoyo siendo la forma de gobierno que realmente rige en Norteamérica no una república ni una monarquía sino una verdadera aristocracia en la que los intereses del pueblo resultan irrelevantes no gobernando por y para el interés general y bienestar común sino para el interés particular de esa misma aristocracia político-económica.

Por lo que respecta a nuestro país (que francamente, es el único que me interesa), a pesar de que la Constitución de 1978 viene a confirmar como forma de gobierno la monarquía que fue instaurada por voluntad exclusiva de “Su Excelencia” en 1969, viene a suceder lo mismo que en la anteriormente mencionada República Norteamericana y que en las demás repúblicas y monarquías del Hemisferio Norte. En Las Españas, desde hace más o menos doscientos años, el poder político es patrimonio casi exclusivo de unas pocas familias que, capeando incluso muy sangrientas turbulencias políticas, han mantenido siempre su presencia política con monarquías, repúblicas y dictaduras. Estas familias entre las que se encuentran los Aznar, los Suárez, los Cabanillas, los Fernández Cuesta, los Primo de Rivera, los Calvo Sotelo, los Morán, etc. ... perpetúan sus cargos transmitiéndoselos a sus descendientes y llevando una muy interesante táctica de enlaces matrimoniales entre ellos que les permiten conservar siempre su influencia con independencia del partido que resulte vencedor en las elecciones. A estas familias “políticas” hay que añadir la existencia de otras familias “económicas” que se perpetúan en la vida económica del país del mismo modo y que aportan el apoyo financiero, económico y mediático al poder político para que éste gobierne en beneficio de sus intereses. Así podemos observar con estupor que nuestra política europea esta dirigida por grupos financieros e industriales, nuestra reciente política internacional en Oriente Medio, concretamente en Irak, ha estado condicionada gravemente, desde 1991, por los intereses económicos de las petroleras y constructoras españolas y que las relaciones diplomáticas con los países hispanoamericanos esta en su práctica totalidad en manos privadas, en manos de empresas multinacionales como Telefónica, el Banco Bilbao-Vizcaya o el Banco Santander Central Hispano. También resulta claramente manifiesto que la política interior ejecutada por el gobierno central o por los gobiernos autonómicos no es efectivamente elaborada y planteada por el Congreso de los Diputados, por las Cámaras Autonómicas o por el Consejo de Ministros sino por ciertos consejos de administración de entidades financieras y empresariales.

Así pues, atendiendo a estos hechos difícilmente cuestionables, la discusión sobre la Monarquía o la República resulta un debate altamente irreal, no tanto por la verdaderamente escasa militancia monárquica o republicana como porque, hoy en día, ni la República es sinónimo de libertad ni la Monarquía equivale a estabilidad. Actualmente ha quedado sobradamente probado que tan bananera puede ser una Monarquía como una República y que tan criminal y tiránica puede ser una República como una Monarquía, siendo el sistema de gobierno universal que impera en todos los estado occidentales sin excepción un sistema neoaristocrático nacido de una muy provechosa simbiosis entre un reducido número de familias que ejercen el poder o la influencia política y otro numero igualmente reducido de familias que disponen del poder y la influencia financiera y económica.

(Artículo tomado del blog www.elgritodelalechuza.blogspot.com)

viernes, 6 de febrero de 2009

EL PUEBLO CARLISTA, LA REALIDAD PLURAL DEL CARLISMO

El término Pueblo deriva del latín populus y puede remitir, en un sentido de sociedad, a un conjunto de habitantes de una nación (o a una parte de ella, de una región o un país). Como acepción de ruralidad considera una entidad de población de menor tamaño que una villa o ciudad, dedicada principalmente a tareas agrícolas. Nosotros, lo entendemos en el sentido de pueblo llano, de clases populares, que en cada época ha sido conocido por diversos nombres. El común era el pueblo llano. Y el Carlismo siempre ha hablado del común, siempre ha opuesto el concepto de Pueblo al de masas, conjunto de individuos, etc.

Sin duda, algunos se rasgan las vestiduras cuando nos definimos como pueblo carlista, para éstos resulta complejo y polémico que nos definamos así. Pero, es evidente que el pueblo carlista posee unas características que lo identifican y lo diferencian del resto de habitantes del Estado en el que se encuentra englobado. Esta conciencia de pertenencia al Pueblo Carlista, deseoso de preservar la paz y la seguridad, favorece la protección de los derechos humanos de sus miembros ante los ataques sufridos por el aparato del Estado o de quienes, a lo largo de los últimos tres siglos, se han declarado sus enemigos, decretando su persecución o su discriminación extrema y sistemática, sin que parezca existir una solución factible para que desaparezca esta actitud represiva.

Ante este término polémico y que no ofrece un único significado, es común en la doctrina internacionalista y en el criterio de determinados organismos de Naciones Unidas elaborar sus definiciones mediante la conjunción de un elemento objetivo y otro subjetivo.

El elemento objetivo de esta definición lo constituye el conjunto de características que como grupo reúne, en su totalidad o en parte, y que establecen un vínculo entre sus miembros, que es muy superior a la simple asociación de individuos dentro de un estado. Entre otras características objetivas, el pueblo carlista presenta la existencia de una tradición histórica común, de identidad, de homogeneidad cultural, de respeto a las variantes lingüísticas de cada uno de los pueblos de las España, afinidad religiosa e ideológica, conexión geográfica o territorial, vida económica común e importancia cuantitativa.

El elemento subjetivo guarda correspondencia con la conciencia de ser un pueblo y, también, con la voluntad de que se le identifique como tal. A estos efectos, el pueblo carlista está dotado de instituciones y otros medios para expresar sus características comunes y su deseo de mantener su manifiesta identidad.

El Pueblo Carlista es una realidad incontestable en el conjunto del Carlismo. Unas personas con conciencia de ser un Pueblo, que tiene una personalidad muy acusada y una visión particular de la vida cotidiana y que, sobre todo, no está para mimetismos con otros fenómenos políticos, sean éstos del tipo que sean. El Pueblo Carlista no entiende los bandazos en política, y cuando al carlista no le queda algo claro se retira a su casa para que nadie le pueda utilizar, y vuelve a la palestra cuando la libertad de sus Pueblos, la Patria y el Rey le necesitan, cuando se ejerce un liderazgo de forma nítida, diáfana, y de carácter unitario y no disgregador. Uno de los rasgos más acusados de este Pueblo, honrado y combativo, es la fidelidad a unas ideas, a una forma de hacer, a un partido aunque jamás éste haya palpado poder. Su concepción foral de la vida le permite estar abierto a la defensa de todo derecho de las personas, sociedades intermedias y pueblos de las Españas. Su sentido foral le impele a hacer hincapié en las libertades municipales, porque son las leyes, la legislación, la gestión que percibe más el ciudadano, harto ya de pagar impuestos a la provincia, a la Comunidad Autónoma, al Estado, y ahora a Europa. Percibir que tu calle está asfaltada, que la alcantarilla funciona correctamente, etc. induce a participar en la vida pública. Esto era el foralismo, el poder legislar lo más próximo. Basándose en esta idea, el Pueblo Carlista defendió siempre soluciones comunitarias a los problemas: bienes comunales, acción Cooperativista agraria, industrial, la defensa de cosas concretas. El Pueblo Carlista está harto de abstracciones que son propias del universo liberal, y quiere libertades concretas con sus derechos y obligaciones y que sean trasladables al día a día y no estén reservadas para su discusión en las salas de justicia. Quien se pretenda carlista y olvide en sus líneas programáticas y de acción que existe ese sentimiento de ser pueblo carlista, no tiene nada que hacer.

Los intelectuales liberales, los políticos profesionales al servicio permanente del sistema, en su obsesión por el poder podrán elucubrar cuanto que deseen, y vivir así del cuento unas temporadas más a costa de denigrar el carlismo, pero nunca entenderán a un Pueblo como el carlista, que siempre ha sido antidictatorial, que fue antifranquista cuando tuvo que serlo, que se ha mostrado históricamente antiuniformista, y que, también, ha sido capaz de levantarse contra toda tiranía y mandarinato cuantas veces ha sido necesario. Por eso –como nos indicaba Ramón Hernández- la permanencia del fenómeno carlista les resulta algo inconcebible después de casi dos siglos sin haber tomado el mínimo poder.

Publicado en el libro La lucha silenciada del carlismo catalán, bajo el epígrafe de Una presencia permanente. VI.- El Pueblo carlista, la realidad plural del carlismo (Biblioteca Popular Carlista, núm. 17 , Ediciones Arcos, Sevilla 2007) y tomado de la web http://www.reflexioncritica.blogspot.com